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Comentario al Evangelio – 13 de mayo 2018

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Mc 16,15-20: Ascendió al cielo y está a la derecha de Dios

7º de Pascua Ascensión del Señor Nuestra Señora de Fátima Primera lectura: Hch 1,1-11 Se elevó a la vista de ellos Salmo responsorial: Sal 46,2-3.6-9 Segunda lectura: Ef 1,17-23 Lo sentó a su derecha en el cielo

En aquel tiempo se apareció Jesús y les dijo: Vayan por todo el mundo proclamando la Buena Noticia a toda la humanidad. 16Quien crea y se bautice se salvará; quien no crea se condenará. 17A los creyentes acompañarán estas señales: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán lenguas nuevas, 18agarrarán serpientes; si beben algún veneno, no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se sanarán. 19El Señor Jesús, después de hablar con ellos, fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios. 20Ellos salieron a predicar por todas partes, y el Señor los asistía y confirmaba la Palabra con las señales que la acompañaban.

Comentario

Hoy la Iglesia celebra la Ascensión del Señor. Jesús vuelve al Padre, regresa a la gloria que le pertenecía antes de que el mundo existiera. Pero no podemos quedarnos mirando al cielo. Aunque ha sido una de las tentaciones más comunes en la historia de la Iglesia. La Ascensión tiene unas implicaciones históricas y comunitarias-eclesiológicas contundentes que tienen que ser asumidas por todos los bautizados para poder darle el sentido pleno a este misterio que hoy celebramos. Con la Ascensión llega el mandato evangelizador a la Iglesia. La Iglesia tiene que salir de los límites de la cerrazón, del miedo, de la falta de utopía, de los colonialismos, de los fanatismos, de todo aquello que no la deja ser la comunidad viva del Crucificado-Resucitado. Jesús el CrucificadoViviente ha subido al Padre. La Iglesia sabe que su misión y el encargo recibido tienen un mandato divino. El mundo entero ha de recibir la Buena Noticia del anuncio de la salvación. Todos los hombres y mujeres del mundo están llamados a vivir con intensidad la experiencia vital del Crucificado-Resucitado en sus vidas. Pero esto solo podrá ocurrir si los discípulos se disponen a anunciar al Señor Jesucristo por todos los rincones del mundo.

La mejor manera de celebrar la ascensión de Jesús es renovar el compromiso misionero en medio de un mundo que necesita cada vez más de Dios y que requiere de los creyentes mucho más testimonio de vida. El mundo no espera de la Iglesia, en general, ni del creyente en particular más doctrina, más dogmas, más catecismo. El mundo, el hombre y la mujer de hoy, necesitan experiencia de Dios. Testimonio de otros seres humanos que a través de un encuentro existencial con Jesús hayan tenido una transformación de vida. Jesús ha regresado a Dios. La Iglesia ha de continuar en la historia haciendo posible todo aquello que Jesús hizo. Pero para que la Iglesia viva el estilo de Jesús tiene que convertirse y vivir en fidelidad al Reino que anunció e instauró con su vida, su palabra y ministerio. Que en esta fiesta de la Ascensión nos dispongamos a vivir la misión y renovemos el compromiso de ser misioneros del Reino, para que Jesús sea conocido, amado y servido por muchos más hombres y mujeres en el mundo.