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Comentario al Evangelio – 13 de marzo de 2017

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Perdonen, y serán perdonados

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Sean compasivos como es compasivo el Padre de ustedes. 37No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados. Perdonen y serán perdonados. 38Den y se les dará: recibirán una medida generosa, apretada, sacudida y rebosante. Porque con la medida que ustedes midan serán medidos.

Sorprende lo que los estudios de psicología social indican: que mientras más se encumbra una persona en la escala socioeconómica, menos compasiva se vuelve. También que quienes más escalan socialmente tienden a actuar con menos honestidad y legalidad. ¡Quién lo dijera! Uno creería que satisfechas las necesidades primarias, se está más dispuesto a ayudar a los desfavorecidos. La realidad es contundente. Impera la “ley de la selva” sobre la ley de la solidaridad justa. Quizá porque ésta es fruto de una educación. Educarse en la compasión es un proceso que lleva a una forma de vida. Se puede ser generoso ante la necesidad de otros, pero no basta. Educarse en este renglón comienza por ver la situación penosa del otro, identificando sus sentimientos. Entonces se adopta la decisión de favorecerlo de alguna manera. La compasión mueve a participar del dolor ajeno, a hacerlo propio, y a aliviarlo. Tenemos que reconocer que los bienes a nuestra disposición son un obstáculo para educarnos en la compasión. Si queremos ser como el Padre hay que seguir la ruta del Evangelio.

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