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Comentario al Evangelio – 13 de abril 2018

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Jn 6,1-15: Repartió pan a los que estaban sentados

Martín I, papa y mártir (655) Primera lectura: Hch 5,34-42 No dejaban de anunciar el Evangelio Salmo responsorial: Sal 26,1-4.13-14

Después de esto pasó Jesús a la otra orilla del lago de Galilea –el Tiberíades–. 2 Le seguía un gran gentío, porque veían las señales que hacía con los enfermos. 3 Jesús se retiró a un monte y allí se sentó con sus discípulos. 4 Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos. 5 Levantando la vista y viendo el gentío que acudía a él, Jesús dice a Felipe: ¿Dónde compraremos pan para darles de comer? 6 Lo decía para ponerlo a prueba, porque sabía bien lo que iba a hacer… 10Jesús dijo: Hagan que la gente se siente. Había hierba abundante en el lugar. Se sentaron. Los hombres eran cinco mil. 11Entonces Jesús tomó los panes, dio gracias y los repartió a los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados: dándoles todo lo que quisieron. 12Cuando quedaron satisfechos, dice Jesús a los discípulos: Recojan las sobras para que no se desaproveche nada. 13Las recogieron y, con los trozos de los cinco panes de cebada que habían sobrado a los comensales, llenaron doce canastas. 14Cuando la gente vio la señal que había hecho, dijeron: –Éste es el profeta que había de venir al mundo. 15Jesús, conociendo que pensaban venir para llevárselo y proclamarlo rey, se retiró de nuevo al monte, él solo.

Comentario

Nos encontramos con el relato de la multiplicación de los panes, ahora contado por san Juan. Para el cuarto evangelista este es un signo, no un milagro tal como lo entienden los otros tres evangelios. En la escena planteada se informa que todos estaban preocupados por saciar el hambre de la multitud. El asunto se centraba en cómo darles de comer a todos. Frente a esta necesidad, lo más fácil era hacer un milagro, casi con características mágicas. Pero no podemos perder de vista que Jesús no funciona en esa lógica. Jesús toca la fibra más delicada de aquella sociedad y deja claro que el pan que saciará el hambre de la gente es experimentar en la propia vida de los discípulos y de los que estaban en la escena, la vivencia de la vocación filial y fraternal. Solo cuando el ser humano se reconoce verdaderamente hijo de Dios y hermano de los otros podrá saciar el hambre. Es la solidaridad la que hace nuevas todas las cosas.