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Comentario al Evangelio – 11 de mayo 2018

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Jn 16,20-23a: Nadie les quitará la alegría

Frei Galvão (1822) Primera lectura: Hch 18,9-18 Muchos de esta ciudad son pueblo mío Salmo responsorial: Sal 46,2-7

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Les aseguro que ustedes llorarán y se lamentarán mientras el mundo se divierte; estarán tristes, pero esa tristeza se convertirá en gozo. 21Cuando una mujer va a dar a luz, está triste, porque le llega su hora. Pero, cuando ha dado a luz a la criatura, no se acuerda de la angustia, por la alegría que siente de haber traído un hombre al mundo. 22Así ustedes ahora están tristes; pero los volveré a visitar y se llenarán de alegría, y nadie les quitará su alegría. 23Aquel día no me preguntarán nada.

Comentario

La alegría que trae Jesús no conoce fin, nadie la puede quitar. Esa es la promesa que el Crucificado-Resucitado da a los que entran en una relación existencial con Él. Esto es muy importante. No se puede ser cristiano si no se tiene una relación profunda con el Señor Jesús muerto en la cruz del calvario y resucitado por el amor de Dios Padre. Esa alegría nadie la puede arrebatar. Esta promesa es bellísima porque es en esta dimensión donde debemos potenciar la vida, el pensamiento y los sentimientos de un creyente en Jesucristo. Dejemos que sea la alegría del Crucificado-Resucitado la que llene nuestra vida. Para que eso suceda hemos de abrir un espacio a Dios para que sea Él quien haga la obra en nosotros. No es una tarea fácil. Es cierto que nos resistimos a dejarnos tocar por Dios. Son muchas las resistencias que aparecen permanentemente en nuestra vida. Pero Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, es el único que puede hacer que la alegría de su Hijo se encienda en nosotros.