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Comentario al Evangelio – 10 de marzo de 2017

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Vete primero a reconciliarte con tu hermano

Enseñó Jesús: Les digo que si el modo de obrar de ustedes no supera al de los letrados y fariseos, no entrarán en el reino de los cielos. 21Han escuchado que se dijo a los antiguos: No matarás; el homicida responderá ante el tribunal. 22Pues yo les digo que todo el que se enoje contra su hermano responderá ante el tribunal. Quien llame a su hermano imbécil responderá ante el Consejo. Quien lo llame renegado incurrirá en la pena del fuego. 23Si mientras llevas tu ofrenda al altar te acuerdas de que tu hermano tiene queja de ti, 24deja la ofrenda delante del altar, anda primero a reconciliarte con tu hermano y después vuelve a llevar tu ofrenda. 25Con el que te pone pleito busca rápidamente un acuerdo, mientras vas de camino con él. Si no, tu rival te entregará al juez, el juez al comisario y te meterán en la cárcel. 26Te aseguro que no saldrás hasta haber pagado el último centavo.

Imitar la conducta de nuestros líderes es un impulso que acecha continuamente. Hay líderes excelentes, los hay mediocres y hasta perniciosos. ¡Vaya si los hay! El liderazgo es una gran responsabilidad porque comporta volverse objeto de las miradas de propios y extraños; tiene poder de convocación. Los letrados y los fariseos, gente piadosísima, eran líderes del pueblo de Dios; su modo de proceder era imitado por los que buscaban cumplir con la voluntad de Dios en la diaria circunstancia. Jesús, sin embargo, quiere que sus discípulos se distancien de ellos, no porque sean malos, sino porque no cumplen con el ideal de la justicia del reino. La justicia del reino que Jesús realiza y promueve equivale a vivir continuamente en presencia de Dios. Jesús llama a sus discípulos a desarrollar una conciencia delicada y atenta en cada momento de la vida, fundamentalmente en relación con los demás, más que en la zona de un culto intrascendente. De esa vigorosa santidad relacional nutre el discípulo sus modos de proceder. Jesús es su único paradigma.

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