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Comentario al Evangelio – 10 de marzo 2018

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Lc 18,9-14: El publicano bajó a su casa justificado

Juan de Mata, fundador (1213) Primera lectura: Os 6,1-6: Quiero misericordia Salmo responsorial: Sal 50,3-4.18-21

En aquel tiempo, por algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, Jesús contó esta parábola: 10Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, el otro recaudador de impuestos. 11El fariseo, de pie, oraba así en voz baja: Oh Dios, te doy gracias porque no soy como el resto de los hombres, ladrones, injustos, adúlteros, o como ese recaudador de impuestos. 12Ayuno dos veces por semana y doy la décima parte de cuanto poseo. 13El recaudador de impuestos, de pie y a distancia, ni siquiera alzaba los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: Oh Dios, ten piedad de este pecador. 14Les digo que éste volvió a casa absuelto y el otro no. Porque quien se alaba será humillado y quien se humilla será alabado.

Comentario

Jesús contrapone dos modelos de vida cristiana. Uno de ellos, está representado en la actitud de un fariseo que ora y actúa de manera arrogante y autosuficiente. Su oración parece un monólogo para auto-alabarse y solicitar el aplauso de Dios. Se siente superior, aparte de los demás y, con la autoridad para juzgar severamente a su prójimo. Estamos ante una aplicación concreta del evangelio de ayer. El fariseo cumple con toda la observancia religiosa, pero carece de misericordia y amor al prójimo. Por otro lado está el recaudador de impuestos, quien ora a Dios con sencillez, humildad y absoluta confianza. Dios prefiere la oración del publicano, no porque justifique la injusticia y codicia propia de los recaudadores, quienes explotaban a los más pobres, sino porque valora su humildad, arrepentimiento y deseo de conversión. En nuestras vidas, seguramente hemos tenido momentos en los que nos comportamos como el fariseo, pero también otros en los que fuimos como el publicano. Momentos de arrogancia en los que nos creímos superiores a los demás y, otros en los que, con humildad, pusimos nuestra confianza en la misericordia de Dios. ¿Que prima hoy en nuestra vida?

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