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Comentario al Evangelio – 10 de enero 2018

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Mc 1,29-39: Sanó a enfermos de diversas dolencias

Ana de los Ángeles Monteagudo (1686) Primera lectura: 1Sm 3,1-10.19-20 Hable, Señor, que tu siervo te escucha Salmo responsorial: Sal 39,2.5.7-10

Al salir Jesús de la sinagoga con Santiago y Juan se dirigió a casa de Simón y Andrés. 30La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo comunicaron inmediatamente. 31Él se acercó, la tomó de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. 32Al atardecer, cuando se puso el sol, le llevaron toda clase de enfermos y endemoniados. 33Toda la población se agolpaba a la puerta. 34Él sanó a muchos enfermos de dolencias diversas y expulsó muchos demonios, pero a éstos no les permitía hablar, porque sabían quién era él. 35Muy de madrugada se levantó, salió y se dirigió a un lugar despoblado, donde estuvo orando. 36Simón y sus compañeros salieron tras él 37y, cuando lo alcanzaron, le dijeron: Te están buscando todos. 38Les respondió: Vámonos de aquí a los pueblos vecinos, para predicar también allí, pues a eso he venido. 39Y fue predicando y expulsando demonios en las sinagogas por toda la Galilea.

Comentario

La acción liberadora de Jesús tiene una finalidad clara y solidaria: el servicio. Al sanar a los enfermos presenta dos palabras clave: levantar y disponerse a servir. Jesús ofrece un método cercano para sanar. Primero “tocar” al otro, acercarnos a su situación personal, más que decir palabras de buena fe es importante mostrar nuestra cercanía y preocupación por lo que está viviendo. Segundo “servir” a quienes nos rodean, sabedores de que “el bien es difuso de sí mismo” y que “sintiendo” el amor de Dios en la vida no se puede menos que ser agradecido, dando lo mejor a los demás. Por otra parte Jesús está en contra de lo espectacular, actúa desde la simplicidad de la vida sin esperar reconocimientos ni aplausos y en esa sencillez nos muestra que tiene todo el poder para asumir nuestras miserias y cargar con nuestras enfermedades. Que, como el joven Samuel, sepamos estar atentos a la palabra del Señor para responder en este día con alegría: habla Señor que tu siervo escucha.

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