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Comentario al Evangelio – 26 de mayo 2015

Recibirás en este tiempo cien veces más, con persecuciones, y en la edad futura, vida eterna

En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús: “Ya ves que nosotros lo
hemos dejado todo y te hemos seguido.” Jesús dijo: “Les aseguro que
quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o
tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien
veces más -casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con
persecuciones-, y en la edad futura, vida eterna. Muchos primeros serán
últimos, y muchos últimos primeros.”

REFLEXIÓN

La intervención de Pedro responde a la lógica de las recompensas: cuando
hacemos algo que consideramos bueno, esperamos a cambio un
premio. La respuesta de Jesús se orienta en otra dirección: es necesario
trabajar en el mundo presente para cambiar las condiciones del mundo
futuro. Nosotros nos maravillamos de las tecnologías de nuestra época,
pero no nos damos cuenta de que son el producto de muchos esfuerzos
y sacrificios de épocas anteriores. También consideramos óptima nuestra
vida en comparación de la esclavitud de la Antigüedad o de la servidumbre
en la Edad Media, pero no nos damos cuenta de que este estilo de
vida exigió la lucha y el sacrificio de muchas generaciones de obreros
y empleados. – Jesús nos pide descubrir qué nos ofrece el mundo presente
y qué tendríamos que hacer para hacer posible una vida digna en
el mundo futuro. En el presente podemos abrirnos a una posibilidad de
hermandad universal al descubrir que muchas personas que hasta ahora
desconocíamos se pueden convertir en nuestra familia. Así no estaríamos
limitados por las exigencias de parentesco o por obligaciones meramente
jurídicas. De igual modo, podemos cambiar las condiciones
de existencia en el mundo presente para hacer posibles unas mejores.

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Comentario al Evangelio – 25 de mayo 2015

Vende lo que tienes y sígueme

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo,
se arrodilló y le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué haré para
heredar la vida eterna?” Jesús le contestó: “¿Por qué me llamas bueno?
No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos:
no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso
testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.” Él replicó:
“Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.” Jesús se le quedó
mirando con cariño y le dijo: “Una cosa te falta: anda, vende lo
que tienes, dales el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el
cielo, luego sígueme.” A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó
pesaroso, porque era muy rico.
Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: “¡Qué difícil les va a
ser a los ricos entrar en el reino de Dios!” Los discípulos se extrañaron
de estas palabras. Jesús añadió: “Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el
reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le
es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar
en el reino de Dios.” Ellos se espantaron y comentaban: “Entonces,
¿quién podrá salvarse?” Jesús se les quedó mirando y les dijo: “Es
imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.”

REFLEXIÓN

Aunque en la cultura actual no hay mucho interés por la «vida eterna
», sí abunda la preocupación por la vida futura. La televisión y el internet
anuncian un futuro amenazado por catástrofes, pero este anuncio no
viene acompañado de un cambio en el modo de vivir. Son premoniciones
trágicas, pero no proféticas, ya que no invitan a cambiar esos
estilos de vida que amenazan la existencia. Las dos respuestas que
Jesús ofrece al joven que lo interroga en el camino obedecen a una
preocupación religiosa. Jesús nos invita a cambiar esa lógica, primero
con una actitud ética y, luego, con una transformación radical de la
existencia. La primera respuesta tiene un énfasis ético y se concentra
en los mandamientos que regulan la relación con el prójimo. Es decir,
lo que pide casi toda legislación en cualquier nación. ¡Nada más, pero
nada menos! Luego, como el hombre insiste en presentarse como
«justo», Jesús lo confronta con una verdad muy sencilla: como ya tiene
asegurada la vida presente, quiere asegurar la eterna de la misma
forma. Se marcha contrariado porque la exigencia de Jesús supera
sus expectativas religiosas y existenciales. Sus posesiones le impiden
abrazar la nueva vida que Jesús le ofrece.

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Comentario al Evangelio – 24 de mayo 2015

Reciban el Espíritu Santo

Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos con las puertas bien cerradas, por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se colocó en medio y les dice: –La paz esté con ustedes. Después de decir esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron al ver al Señor. Jesús repitió: –La paz esté con ustedes. Como el Padre me envió, así yo los envío a ustedes. Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: –Reciban el Espíritu Santo.

A quienes les perdonen los pecados les quedarán perdonados; a quienes se los retengan les quedarán retenidos.

REFLEXIÓN

Con gozo celebramos como comunidad discipular la gran Solemnidad de Pentecostés. Con ella cerramos un ciclo litúrgico: la cincuentena pascual. En ella inauguramos el tiempo del Espíritu, el tiempo de la Iglesia. Durante estos cincuenta días, en diferentes tonos y con insistencia pedagógica casi repetitiva, el evangelio de Juan y el libro de los Hechos de los Apóstoles nos han preparado para vivir con intensidad espiritual, personal y comunitaria, este momento culminante de nuestra fe. “Pentecostés” es propiamente una fiesta judía. El autor del relato de los Hechos utiliza un gran colorido para expresar una experiencia profunda y transformadora provocada por el Espíritu Santo al interior de la comunidad discipular, encerrada y miedosa, pero expectante y orante: viento huracanado, lenguas de fuego, que hacen perceptible la presencia dinámica y alentadora del Espíritu. La señal de que los discípulos han recibido el Espíritu es que salen del “escondite”, vencen el miedo y comienzan a anunciar la buena noticia del reino de Dios. Jesús era el gran profeta de todos los tiempos. Y ese espíritu profético ha sido trasmitido a sus discípulos, así como el espíritu de Elías fue comunicado a Eliseo. Por eso, todos los que los escuchan quedan asombrados, porque sienten que algo extraordinario está sucediendo en estos personajes: el lenguaje del reino cobra universalidad. Todos entienden de qué se trata. Más no todos dan el paso de la conversión. Pablo recuerda a los Corintios cómo es el Espíritu el que inspira el reconocimiento del señorío de Jesús. Pero también es el Espíritu el que suscita diversidad de dones para la edificación del cuerpo de Cristo: la Iglesia. Pone énfasis al afirmar que los dones del Espíritu no son para provecho propio, sino para beneficio de la comunidad creyente. Hay que recordar que los carismas y ministerios diversos no son producto del mérito humano, sino derroche de gracia trinitaria. Todo don auténtico tiene su origen en la Trinidad y es comunicado por el Espíritu para el crecimiento de todos. En el evangelio de Juan es Jesús mismo quien comunica el Espíritu a sus discípulos. El evangelista pone singular atención para describir la situación de los discípulos: puertas cerradas, miedo, duda, parálisis interior, inercia exterior. La presencia del Resucitado cambia el miedo por gozo y alegría, devuelve la paz a los corazones atribulados y califica para trasmitir esta experiencia mediante el perdón y la reconciliación. El Espíritu nos da paz, comunión, justicia, gozo, perdón, reconciliación y la luz para comprender la verdad. También nosotros podemos participar de esta experiencia si dejamos que el Espíritu de Jesús nos colme y nos impulse a testimoniar la proximidad del reino con valentía y alegría.

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Comentario al Evangelio – 23 de mayo 2015

Este es el discípulo que da testimonio

Pedro se volvió y vio que le seguía el discípulo amado de Jesús, el que se había apoyado sobre su costado durante la cena y le había preguntado quién era el traidor. Viéndolo, Pedro pregunta a Jesús: – Señor, y de éste, ¿qué? Le responde Jesús: – Si quiero que se quede hasta que yo vuelva, ¿a ti qué? Tú sígueme. Así se corrió el rumor entre los discípulos de que aquel discípulo no moriría. Pero no le dijo Jesús que no moriría, sino: Si quiero que se quede hasta que yo vuelva, a ti qué. Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas y lo ha escrito; y nos consta que su testimonio es verdadero. Quedan otras muchas cosas que hizo Jesús. Si quisiéramos escribirlas una por una, pienso que los libros escritos no cabrían en el mundo.

REFLEXIÓN

Pedro y Pablo son figuras máximas, ejemplares, modelos supremos para los discípulos de todos los tiempos. Pablo, prisionero en Roma, por lo menos custodiado por un soldado romano, aprovecha las circunstancias para anunciar el evangelio a los judíos que viven en Roma. Como ha pasado en otras ocasiones, algunos aceptan su propuesta. Otros, por el contrario, se muestran escépticos y se alejan. Pablo cita a Isaías 6,9-10 para describir esta situación de resistencia al mensaje salvífico que les anuncia. Según la tradición, Pablo murió mártir en la persecución de Nerón del año 66. Pedro también sigue los pasos de Pablo, aunque con un estilo diferente. Pablo es el gran misionero itinerante, mientras que Pedro es la garantía de la estabilidad de la comunidad. Pero los dos son piezas fundamentales en la tarea de la evangelización. Muchos hombres y mujeres a lo largo de la historia del cristianismo han vivido experiencias similares a las de Pedro y Pablo, y han confirmado con su vida la autenticidad de su anuncio. América Latina posee un patrimonio martirial evangelizador sumamente valioso. Esta herencia de sangre mártir constituye un verdadero desafío para nosotros en las diversas situaciones en que realizamos el anuncio de la buena nueva.

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Comentario al Evangelio – 22 de mayo 2015

Sí, Señor, tú sabes que te quiero

Cuando terminaron de comer, dice Jesús a Simón Pedro: – Simón hijo de Juan, ¿me quieres más que éstos? Él le responde: –Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Jesús le dice: – Apacienta mis corderos. Le pregunta por segunda vez: – Simón hijo de Juan, ¿me quieres? Él le responde: – Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Jesús le dice: – Apacienta mis ovejas. Por tercera vez le pregunta: – Simón hijo de Juan, ¿me quieres? Pedro se entristeció de que le preguntara por tercera vez si lo quería, y le dijo: – Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero. Jesús le dice: – Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te vestías e ibas a donde querías; cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te atará y te llevará a donde no quieras. Lo decía indicando con qué muerte había de glorificar a Dios. Después de hablar así, añadió: – Sígueme.

REFLEXIÓN

Pablo se tiene que enfrentar ahora ante el rey Agripa II, amigo personal del gobernador Festo. Este rey era hijo de Agripa I, que había perseguido a los cristianos de Jerusalén, y sobrino nieto de Herodes Antipas, ante quien compareció Jesús. Tal como lo había dicho Jesús de la suerte de sus seguidores, Pablo tiene que comparecer ante varios tribunales, tanto judíos como romanos. Pero aprovecha las oportunidades que tiene de hablar, para anunciar a Jesús resucitado. Podemos constatar cómo el Espíritu Santo actúa en la persona de Pablo para vivir la “pasión” que le corresponde como verdadero discípulo de Jesús. Desde una perspectiva diferente pero complementaria, Juan nos presenta la figura de Pedro como responsable de “cuidar las ovejas”. Pero no como propietario, sino como “administrador fiel”. Pedro debe cuidar del rebaño del Señor con solicitud, incluso hasta dar la vida como su maestro. El cristiano, como Pablo y como Pedro, está convocado a seguir las huellas del Maestro; a dar testimonio de él aun en los momentos de persecución, y estar dispuesto a entregar la vida por los que él le ha confiado. Como animador, catequista, evangelizador, agente de pastoral…, está llamado/a a dar testimonio de Jesús Resucitado.

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Comentario al Evangelio – 21 de mayo 2015

Que también ellos sean uno en nosotros

Oró Jesús al Padre diciendo: No sólo ruego por ellos, sino también por los que han de creer en mí por medio de sus palabras. Que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti; que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. Yo les di la gloria que tú me diste, para que sean uno como lo somos nosotros. Yo en ellos y tú en mí, para que sean plenamente uno; para que el mundo conozca que tú me enviaste y los amaste como me amaste a mí. Padre, quiero que los que me confiaste estén conmigo, donde yo estoy; para que contemplen mi gloria; la que me diste, porque me amaste antes de la creación del mundo. Padre justo: el mundo no te ha conocido; yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. Les di a conocer tu nombre y se lo daré a conocer, para que el amor con que tú me amaste esté en ellos, y yo en ellos.

REFLEXIÓN

En la primera lectura, de los Hechos de los Apóstoles, nos encontramos con el episodio de Pablo acusado por las autoridades religiosas judías ante el comandante de la guarnición romana acantonada en Jerusalén. El oficial se da cuenta de que está ante un caso muy difícil. Por eso hace reunir al consejo judío, compuesto por saduceos y fariseos. Pablo aprovecha la composición religiosa heterogénea del sanedrín y suscita una discusión entre ellos, ganando el favor de los fariseos. El tema de la discusión es la resurrección de los muertos. Así, Pablo aprovecha las circunstancias para dar testimonio de Jesús en Jerusalén, en Cesarea y, finalmente, en Roma. Podemos decir que en Pablo se cumplen las palabras de Jesús que hemos venido reflexionando en el evangelio de Juan: está en el mundo, pero no es del mundo. La unión íntima con Jesús se convierte en fortaleza y sabiduría para enfrentar las acusaciones que le hacen sus adversarios. Mantenernos unidos a Jesús, y en él al Padre, nos proporciona fuerza y valor para enfrentar las dificultades en la misión que nos ha confiado el mismo Jesús: el anuncio y testimonio del evangelio del reino.

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Comentario al Evangelio – 20 de mayo 2015

Que sean uno como nosotros

Oró Jesús diciendo: Yo voy hacia ti, Padre Santo; cuida en tu nombre a los que me diste, para que sean uno como nosotros. Mientras estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste; los custodié, y no se perdió ninguno de ellos; excepto el destinado a la perdición, para cumplimiento de la Escritura. Ahora voy hacia ti; y les digo esto mientras estoy en el mundo, para que mi gozo sea el de ellos y su gozo sea perfecto. Yo les comuniqué tu palabra, y el mundo los odió, porque no son del mundo, igual que yo no soy del mundo. No pido que los saques del mundo, sino que los libres del Maligno. No son del mundo, igual que yo no soy del mundo. Conságralos con la verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, yo los envié al mundo. Por ellos me consagro, para que queden consagrados con la verdad.

REFLEXIÓN

Tres temas resuenan en esta oración, que están en continuidad con los textos anteriormente comentados. Primero, la unidad: Jesús pide la unidad para sus seguidores. Pero no cualquier tipo de unidad, sino de la misma naturaleza que la que él mantiene con el Padre. Sólo esa comunión íntima, profunda, existencial, puede garantizar la fidelidad. Es indudable que en el trasfondo del texto nos encontramos con una comunidad seriamente amenazada por rivalidades y fracturas a su interior. De ahí la insistencia del evangelista en la unidad como un don divino. Está luego el gozo: desde luego se trata del gozo que proviene del Espíritu; es decir, el gozo de sentirse plenamente hijo de Dios tal y como lo ha prometido Jesús; el gozo de sentirse salvado; el gozo de saber que se cuenta con la presencia “defensora” del Espíritu. Y está, finalmente, la verdad: tema de gran relevancia en el evangelio de Juan. La verdad no sólo como claridad mental, sino como fidelidad y autenticidad de vida. Eso es lo que nos ofrece y nos pide el Señor hoy: unidad, gozo, verdad, fidelidad. En última instancia, es ser testigos fieles y gozosos de la verdad y la unidad, en un mundo saturado de mentiras y egoísmo tanto personal como estructural y colectivo.

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Comentario al Evangelio – 19 de mayo 2015

Padre, dame gloria junto a ti

Jesús, levantando la vista al cielo, dijo: – Padre, ha llegado la hora: da gloria a tu Hijo, para que tu Hijo te dé gloria; ya que le has dado autoridad sobre todos los hombres para que dé vida eterna a cuantos le has confiado. En esto consiste la vida eterna: en conocerte a ti, el único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesús, el Mesías. Yo te he dado gloria en la tierra cumpliendo la tarea que me encargaste hacer. Ahora tú, Padre, dame gloria junto a ti, la gloria que tenía junto a ti antes de que hubiera mundo. He manifestado tu nombre a los hombres que separaste del mundo para confiármelos: eran tuyos y me los confiaste, y han cumplido tus palabras. Ahora comprenden que todo lo que me confiaste procede de ti. Las palabras que tú me comunicaste yo se las comuniqué; ellos las recibieron y comprendieron realmente que vine de tu parte, y han creído que tú me enviaste. Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me has confiado, pues son tuyos. Todo lo mío es tuyo, y lo tuyo es mío: en ellos se revela mi gloria. Ya no estoy en el mundo, mientras que ellos están en el mundo; yo voy hacia ti, Padre Santo; cuida en tu nombre a los que me diste, para que sean uno como nosotros.

REFLEXIÓN

Durante muchos días hemos venido leyendo el evangelio de Juan. Estos textos se han caracterizado por el diálogo de Jesús con sus discípulos sobre su retorno al Padre, la promesa del Espíritu Santo, la unidad con el Padre y entre ellos, la tristeza – alegría, etc. Ahora cambia el tono. Este capítulo es lo que los especialistas han denominado “la oración sacerdotal u oración de Jesús por el Pueblo Santo”. Jesús “da cuenta al Padre” de la misión realizada. Los discípulos actúan como “testigos”. Ha llegado la hora de la glorificación. Jesús manifiesta que ha glorificado al Padre. Ahora pide al Padre que lo glorifique nuevamente junto a él. Intercede por sus discípulos, porque es consciente de que están en el mundo y, por lo tanto, expuestos a cualquier peligro y tentación. Pero no pide que les exima de su responsabilidad, sino que les dé la fuerza para enfrentar, como él, las adversidades del ambiente en que viven y actúan. Pidamos al Padre que también a nosotros nos dé valor para no claudicar ante tantas amenazas de todo género que atentan contra nuestra fe y nuestro compromiso evangelizador.

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Comentario al Evangelio – 18 de mayo 2015

Tengan valor: yo he vencido al mundo

Dijeron los discípulos a Jesús: – Ahora sí que hablas claramente, sin usar parábolas. Ahora sabemos que lo sabes todo y que no hace falta que nadie te pregunte; por eso creemos que vienes de Dios. Jesús les contestó: – ¿Ahora creen? Miren, llega la hora, ya ha llegado, en que ustedes se dispersarán cada uno por su lado y me dejarán solo. Pero yo no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Les he dicho esto para que gracias a mí tengan paz. En el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo.

REFLEXIÓN

Parecería que los discípulos han comprendido por fin el misterio de Jesús. Consideran que habla claro y que no utiliza imágenes para enseñar. Manifiestan su fe en el Maestro. Sin embargo, la respuesta de Jesús tiene un doble filo. Por una parte les cuestiona la claridad de su fe, y por otra, les dice palabras de consuelo y esperanza. Jesús, consciente de que ha llegado la hora de “pasar de este mundo al Padre” por el camino de la cruz, anuncia a los discípulos la incertidumbre y, como consecuencia, la dispersión que van a sufrir por no comprender claramente el camino que ha emprendido su Maestro. Sin embargo, hay una nota de esperanza: el Padre permanecerá siempre con Jesús, sufrirá con él y le devolverá la vida. También los discípulos sufrirán la cruz, pero no estarán solos, porque él les comunicará la paz. Ellos vencerán, como Jesús ha vencido. Cuando perdemos el horizonte de la fe y nos hundimos en nuestras propias crisis, cuando no encontramos las respuestas que quisiéramos para los problemas, grandes o pequeños, sólo nos quedan estas palabras de Jesús: “para que tengas paz…, para que tengas valor…, yo he vencido al mundo”.

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Comentario al Evangelio – 17 de mayo 2015

Subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios

En aquel tiempo se apareció Jesús a los Once y les dijo: –Vayan por todo el mundo proclamando la Buena Noticia a toda la humanidad. Quien crea y se bautice se salvará; quien no crea se condenará. A los creyentes acompañarán estas señales: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán lenguas nuevas, agarrarán serpientes; si beben algún veneno, no les hará daño; pondrán las manos sobre los enfermos y se sanarán. El Señor Jesús, después de hablar con ellos, fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos salieron a predicar por todas partes, y el Señor los asistía y confirmaba la palabra con las señales que la acompañaban.

REFLEXIÓN

Celebramos con gozo la Solemnidad de la Ascensión del Señor. Cristo, una vez cumplida su misión en la historia, regresa glorioso al lado del Padre. Desde allí enviará el Espíritu Santo para continuar la obra de la salvación de la humanidad que él ha iniciado. Los creyentes pueden tener ahora la plena certeza de que el Hijo continúa presente en medio de la comunidad por la acción del Espíritu Santo. Jesús volverá del mismo modo que los discípulos lo vieron irse al cielo. La nube que lo oculta significa la forma como él se introduce en la presencia de su Padre. Aquí confluyen la imagen de Elías y la del hijo del hombre. Jesús ya había anunciado “verán al hijo del hombre venir sobre una nube con poder y gloria” (Lc 21,27), de la misma forma como se fue al cielo. La segunda lectura, de la carta a los Efesios, es una oración de Pablo por esta comunidad. En ella pide sabiduría y conocimiento revelado. Presenta una visión de Cristo glorioso y majestuoso sentado junto al Padre. Esta es la esperanza para llegar a conocer plenamente. Jesucristo es soberano de todo lo creado. Es la cabeza de todas las cosas. Pero es también cabeza de la comunidad creyente: la Iglesia. En esta íntima comunicación radica precisamente la unidad de la comunidad. El evangelio de Marcos señala tres elementos importantes: primero, el envío misionero de Jesús a sus apóstoles; segundo los signos que ratificarán la autenticidad de la predicación, finalmente, la Ascensión del Señor, al mismo tiempo que el comienzo de la misión evangelizadora. Nos encontramos con una maravillosa síntesis teológica y eclesiológica. Jesús retorna al Padre, y los discípulos comienzan la predicación de la buena noticia. Vivir la experiencia pascual es introducirse en la dinámica de la evangelización. No se puede entender la Ascensión del Señor como un hecho estático, sino como una fuerza que impulsa al creyente a dar testimonio de Jesús y anunciar buenas noticias a una humanidad deprimida y oprimida, casi sin esperanza. La Ascensión de Jesús es la apertura de un nuevo horizonte de vida para todo ser humano. La humanidad, como Jesús, está llamada a ser elevada, dignificada, y a vivir en plena comunión con Dios – comunidad de amor.

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Comentario al Evangelio – 16 de mayo 2015

El Padre los ama, porque ustedes me han amado

Dijo Jesús a sus discípulos: Les aseguro que todo lo que pidan a mi Padre, él se lo concederá en mi nombre. Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre; pidan y recibirán, para que su alegría sea completa. Les he dicho esto en parábolas; pero llega la hora en que ya no les hablaré en parábolas, sino que les hablaré claramente de mi Padre. Aquel día pedirán en mi nombre, y no será necesario que yo pida al Padre por ustedes, ya que el Padre mismo los ama, porque ustedes me han amado y han creído que yo vine de parte de Dios. Salí del Padre y he venido al mundo; ahora dejo el mundo y vuelvo al Padre.

REFLEXIÓN

Jesús dice a sus discípulos que todo lo que pidan al Padre en su nombre él se los dará. Hasta ahora no han pedido nada, porque no acaban de entender las palabras de Jesús. Pero un vez que él les hable abiertamente y sin utilizar imágenes, ellos entenderán perfectamente. La cruz es el lugar de la verdad de Jesús y la revelación del Padre. En la muerte de Jesús se revela la gloria del Padre. Sólo quien tiene la capacidad de contemplar la cruz puede comprender la gloria del Padre. En la cruz se revela la vida del Padre, que es comunicada a toda la humanidad. Los discípulos son testigos de este maravilloso misterio, que es el amor del Padre revelado en Cristo Jesús muerto y resucitado. A veces nos cuesta entender que la gloria de Dios se revele en un ajusticiado crucificado. Cómo nos cuesta descubrir el amor de Dios en los hermanos y hermanas que a diario viven el misterio de la cruz como entrega de la vida por amor. Ese es el núcleo del misterio: Dios revela su amor en Jesús crucificado y glorificado. La cruz de Jesús es fuente de vida nueva para todos.

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Comentario al Evangelio – 15 de mayo 2015

Nadie les quitará su alegría

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: Les aseguro que ustedes llorarán y se lamentarán mientras el mundo se divierte; estarán tristes, pero esa tristeza se convertirá en gozo. Cuando una mujer va a dar a luz, está triste, porque le llega su hora. Pero, cuando ha dado a luz a la criatura, no se acuerda de la angustia, por la alegría que siente de haber traído un hombre al mundo. Así ustedes ahora están tristes; pero los volveré a visitar y se llenarán de alegría, y nadie les quitará su alegría. Aquel día no me preguntarán nada.

REFLEXIÓN

En este pasaje se pueden señalar algunos aspectos interesantes en el manejo del “ahora” y el “después”, típico del estilo joánico. Jesús se vale de la imagen de la mujer parturienta, que pasa de la tristeza a la alegría una vez que ha llegado la hora del parto. Jesús aplica esta imagen a la experiencia de los discípulos, que tienen que pasar por la tristeza para llegar a la alegría; los discípulos pasarán de no pedir nada “ahora”, a pedir todo al Padre “después”. Jesús utiliza la imagen del parto para indicar que los discípulos experimentarán un nueva luz en el camino de la fe. Todos huimos del dolor y el sufrimiento. Quisiéramos que todas las cosas fueran fáciles. Pero no; vivir la experiencia de Jesús es participar de su pascua. Y el camino pascual une la cruz con la resurrección. Si la resurrección es una nueva vida, entonces el discípulo de Jesús debe nacer a esa nueva vida, pero pasando por el dolor del parto. ¿Cómo vives en tu entorno familiar y eclesial la experiencia del sufrimiento como camino pascual que es capaz de dar vida?