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Comentario al Evangelio – 12 de abril 2018

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Jn 3,31-36: El Padre ama al Hijo

José Moscati (1927) Julio I, papa (352) Primera lectura: Hch 5,27-33 Testigos somos nosotros y el Espíritu Santo Salmo responsorial: Sal 33,2.9.17-20

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: Quien viene de arriba está por encima de todos. Quien viene de la tierra es terreno y habla de cosas terrenas. Quien viene del cielo está por encima de todos. 32Él atestigua lo que ha visto y oído, y nadie acepta su testimonio. 33Quien acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. 34El enviado de Dios habla de las cosas divinas, porque Dios le da el Espíritu sin medida. 35El Padre ama al Hijo y todo lo pone en sus manos. 36Quien cree en el Hijo tiene vida eterna. Quien no cree al Hijo, no verá la vida, porque lleva encima la ira de Dios.

Comentario

Jesús es la Palabra definitiva del Padre. Él, que ha venido de Dios, es quien puede decirnos quien es el Padre Dios porque lo conoce y viene de Él. Jesús sigue ampliando la visión de Nicodemo. El diálogo iniciado, y que hemos venido reflexionando en los días pasados, no termina. Jesús ahonda la cuestión y manifiesta la urgente necesidad de adherirse total y plenamente a Él para experimentar la vida de Dios. Jesucristo es la Vida eterna que el Padre da a todos los que lo aman. Esta vida que Jesús ofrece es un don y un regalo para la salvación del mundo. ¿Qué debemos hacer para entrar en esa vida que Jesús ofrece? ¿Hay que tener méritos para recibirla? No, nada de eso. La vida eterna consiste en abrir el corazón, la mente y la vida a Jesús. Haciendo eso, Dios ya está dando su salvación a través del Hijo Amado en quien ha recapitulado todas las cosas. Abrámonos al amor infinito del Padre. Abrámonos a la vida eterna que ha traído Jesús. Dejémonos alcanzar por el amor de Dios.

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Comentario al Evangelio – 11 de abril 2018

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Jn 3,16-21: Dios mandó a su Hijo para salvar al mundo

Estanislao (1079) Primera lectura: Hch 5,17-26 Los encarcelados enseñan en el templo Salmo responsorial: Sal 33,2-9

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que quien crea en él no muera, sino tenga vida eterna. 17Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por medio de él. 18El que cree en él no es juzgado; el que no cree ya está juzgado, por no creer en el Hijo único de Dios. 19El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz. Y es que sus acciones eran malas. 20Quien obra mal detesta la luz y no se acerca a la luz, para que no delate sus acciones. 21En cambio el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz para que se vea claramente que todo lo hace de acuerdo con la voluntad de Dios.

Comentario

El juicio que Dios plantea al mundo nada tiene que ver con las ideas extrañas, violentas y de película de Hollywood que hemos fijado en el imaginario personal y comunitario. Dios establece el juicio de manera clara y sencilla. El evangelio de hoy lo deja claro: El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz. Entonces el juicio se resuelve en cómo nos ubicamos en la historia: si vivimos según el instinto o si lo hacemos según el Espíritu. Esto nos hace definirnos en la historia de manera clara. Estar de parte de Dios y de su obra exige ubicarnos del lado del Espíritu, caminar en la lógica del Espíritu y ser fiel al Espíritu de Cristo crucificado-resucitado. La experiencia de conversión se va verificando en la vida del creyente a medida que entra en una lógica comunitaria y de solidaridad. Se nos invita a dejarnos tocar por Dios, para que comencemos a vivir como Jesús.

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Comentario al Evangelio – 10 de abril 2018

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Jn 3,7-15: Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo

Mártires de San Juan de Dios (1936) Primera lectura: Hch 4,32-37 Todos tenían un solo corazón Salmo responsorial: Sal 92,1-2.5

En aquel tiempo Jesús dijo a Nicodemo: Tienes hay que nacer de nuevo. 8 El viento sopla hacia donde quiere: oyes su rumor, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así sucede con el que ha nacido del Espíritu. 9 Le respondió Nicodemo: ¿Cómo puede suceder esto? 10Jesús le respondió: Tú eres maestro de Israel, ¿y no entiendes estas cosas? 11Te lo aseguro: nosotros hablamos de lo que sabemos, y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio. 12Si no creen cuando les hablo de las cosas de la tierra, ¿cómo creerán cuando les hable de las cosas del cielo? 13Nadie ha subido al cielo si no es el que bajó del cielo: el Hijo del Hombre. 14Como Moisés en el desierto levantó la serpiente, así ha de ser levantado el Hijo del Hombre, 15para que quien crea en él tenga vida eterna.

Comentario

El encuentro con Cristo, resucitado por el amor infinito del Padre, tiene que hacer posible el surgimiento de una nueva humanidad, con otra lógica, con otro proyecto. Es lo que le plantea Jesús a Nicodemo. El encuentro entre el Maestro de Nazaret y el maestro de Israel (Nicodemo), deja claro que la religión no siempre ayuda a los hombres y mujeres a encontrarse con la vida de Dios, sino que hace que el ser humano se llene de angustias, de dolores más profundos y de muerte. Nicodemo es un experto en religión. Pero en ese volverse experto en asuntos religiosos, descuidó la vida del Espíritu cerrándose a la posibilidad de vivir la vida de Dios en su propio ser. Hoy estamos invitados a vivir la experiencia de conversión que Jesús le propone a Nicodemo. La conversión no es un simple cambio de actitud, de pensamiento o de sentimiento. La conversión que Jesús propone es desandar el camino que hayamos recorrido, para comenzar a caminar desde la lógica de Dios, teniendo los sentimientos del Hijo.

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Comentario al Evangelio – 9 de abril 2018

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Lc 1,26-38: Darás a luz un Hijo

Anunciación del Señor Primera lectura: Is 7,10-14; 8,10 La Virgen está encinta Salmo responsorial: Sal 39,7-11 Segunda lectura: Heb 10,4-10 Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad

El sexto mes envió Dios al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, 27a una virgen prometida a un hombre llamado José, de la familia de David; la virgen se llamaba María. 28Entró el ángel a donde estaba ella y le dijo: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. 29Al oírlo, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué clase de saludo era aquél. 30El ángel le dijo: No temas, María, que gozas del favor de Dios. 31Mira, concebirás y darás a luz un hijo, a quien llamarás Jesús. 32Será grande, llevará el título de Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, 33para que reine sobre la Casa de Jacob por siempre y su reino no tenga fin. 34María respondió al ángel: ¿Cómo sucederá eso si no convivo con un hombre? 35El ángel le respondió: –El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el consagrado que nazca llevará el título de Hijo de Dios. 36Mira, también tu pariente Isabel ha concebido en su vejez, y la que se consideraba estéril está ya de seis meses. 37Pues nada es imposible para Dios. 38Respondió María: Yo soy la sirvienta del Señor: que se cumpla en mí tu palabra. El ángel la dejó y se fue.

Comentario

Celebrar la Anunciación del Señor es reconocer que el acontecimiento del encuentro de Dios con el ser humano es histórico-corporal. El relato evangélico explicita que la intimidad de Dios se encuentra con la intimidad de María. A través de la Palabra, Dios visita y entra en relación con la Virgen. Esta relación estará marcada por la alegría y la turbación. Toda experiencia entre la intimidad de Dios y la intimidad de un creyente está gobernada por estas dos realidades. La Palabra de Dios siempre provoca alegría. Es la invitación que el Ángel hace a María: ¡Alégrate! Dios sale al encuentro de las personas trayendo alegría a sus vidas. El contacto con la Palabra de Dios tiene que producir alegría en aquel que la recibe. Pero el encuentro con Dios trae también turbación e interrogantes. María se turbó. Y es cierto, siempre que el ser humano descubre la acción de Dios en su propia vida hay turbación, porque no termina de comprender cómo el amor de Dios puede acercarse a su pequeñez. En este acercamiento el creyente se volverá fecundo.

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Comentario al Evangelio – 8 de abril 2018

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Jn 20,19-31: A los ocho días, se apareció Jesús

2º Domingo de Pascua Dionisio (s. II) Primera lectura: Hch 4,32-35 Todos vivían unidos Salmo responsorial: Sal ,2-4.16-18.22-24 Segunda lectura: 1Jn 5,1-6 El que ha nacido de Dios vence al mundo

Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos con las puertas bien cerradas, por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se colocó en medio y les dice: La paz esté con ustedes. 20Después de decir esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron al ver al Señor. 21Jesús repitió: La paz esté con ustedes. Como el Padre me envió, así yo los envío a ustedes. 22Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: Reciban el Espíritu Santo. 23A quienes les perdonen los pecados les quedarán perdonados; a quienes se los retengan les quedarán retenidos. 24Tomás, llamado Mellizo, uno de los Doce, no estaba con ellos cuando vino Jesús. 25Los otros discípulos le decían: Hemos visto al Señor. Él replicó: Si no veo en sus manos la marca de los clavos, si no meto el dedo en el lugar de los clavos, y la mano por su costado, no creeré. 26A los ocho días estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa y Tomás con ellos. Se presentó Jesús a pesar de estar las puertas cerradas, se colocó en medio y les dijo: La paz esté con ustedes. 27Después dice a Tomás: Mira mis manos y toca mis heridas; extiende tu mano y palpa mi costado, en adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe. 28Le contestó Tomás: Señor mío y Dios mío. 29Le dice Jesús: Porque me has visto, has creído; felices los que crean sin haber visto. 30Otras muchas señales hizo Jesús en presencia de sus discípulos, que no están relatadas en este libro. 31Éstas quedan escritas para que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengan vida por medio de él.

Comentario

El miedo paraliza a la humanidad. El miedo genera angustia, roba la paz, limita la capacidad de engendrar alegría. Nos encontramos hoy con la escena evangélica en la que el grupo de los seguidores de Jesús se encuentran llenos de pánico y encerrados por el miedo. Han perdido la capacidad de soñar un tiempo nuevo. No han confiado plenamente en la Palabra de Dios anunciada y ratificada por la vida de Jesús de Nazaret. Los discípulos han olvidado que el Maestro les había prometido que no los dejaría huérfanos. Es tan fuerte el miedo que les imposibilita creerle a Dios y su enviado: Jesucristo.

Será Jesucristo el Crucificado-Resucitado, quien les traerá paz y permitirá que tengan una experiencia novedosa de la vida que Dios ofrece a la humanidad. Jesús se presenta a ellos resucitado, pero cargando consigo las cicatrices de la crucifixión. El Crucificado no es un fracasado. Él es el signo de la manera en la que Dios amó y sigue amando al mundo. La tarea concreta de los cristianos es llegar a experimentar la vida de la resurrección, asumiendo la muerte en Cruz del Maestro de Nazaret. De esta manera concreta podremos liberarnos del dominio del miedo, de la angustia y del encierro mezquino de nuestros temores.

El Maestro, ya resucitado, muestra sus manos y su costado indicando que no es un fantasma. La Resurrección es una realidad concreta, que se da en la historia, pero que tiene que ser vivida de manera existencial. Ha de ser experimentada en la intimidad de cada creyente. Y será la experiencia de los creyentes la que se anunciará a lo largo y ancho del mundo. Un gran problema que tiene hoy el cristianismo en relación al anuncio del Resucitado, es que con frecuencia dicho anuncio se hace como doctrina, como teoría, como rito. Esa manera de transmitir la resurrección le quita fuerza, la hace poco creíble. La Iglesia está llamada, ahora más que nunca, a experimentar al Resucitado a nivel personal y comunitario. Será el testimonio de esa experiencia la que hará creíble la Buena Noticia de que Dios resucitó a Jesucristo de entre los muertos y nunca más volverá a morir. Dejémonos tocar por la vida que trae el Resucitado. Dejemos que la experiencia de su amor invada nuestra vida. De esa manera será creíble ante el mundo el gozo de la Resurrección de Jesús.

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Comentario al Evangelio – 7 de abril 2018

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Mc 16,9-15: Proclamen la Buena Noticia

En la octava de Pascua Juan Bautista de La Salle, fundador (1719) Primera lectura: Hch 4,13-21 No podemos callar lo que hemos visto Salmo responsorial: Sal 117, 1.14-16.18-21

El primer día de la semana por la mañana resucitó Jesús y se apareció a María Magdalena, de la que había expulsado siete demonios. 10Ella fue a contárselo a los suyos, que estaban llorando y haciendo duelo. 11Ellos, al oír que estaba vivo y se le había aparecido, no le creyeron. 12Después se apareció con otro aspecto a dos de ellos que iban paseando por el campo. 13Ellos fueron a contárselo a los demás, pero tampoco a ellos les creyeron. 14Por último se apareció a los Once cuando estaban a la mesa. Les reprendió su incredulidad y obstinación por no haber creído a los que lo habían visto resucitado. 15Y les dijo: Vayan por todo el mundo proclamando la Buena Noticia a toda la humanidad.

Comentario

La Resurrección de Jesús no es simplemente un evento histórico, sino una realidad concreta en la que Dios lo hace todo nuevo: “lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios”. Es una experiencia existencial que transforma la vida de los hombres y de las mujeres, desde adentro, desde la intimidad. Es un acontecimiento dinámico con una potencia siempre novedosa. Eso es los que María Magdalena sale a anunciar al grupo de los Once. Ella misma es testigo existencial de la obra de Dios, que hace nuevas todas las cosas haya pasado lo que haya pasado. Ella se convierte en la primera anunciadora de la vida que Dios ha regalado al mundo con la Resurrección del Hijo. Es imposible experimentar la realidad de la Resurrección y quedarse en silencio. Es imposible guardarse para si lo que Dios hace en la vida de cada uno. Será el mismo Resucitado quien envíe a todos a anunciar la Buena Noticia, a proclamar el amor de Dios y a llevar la alegría de la salvación a todos.

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Comentario al Evangelio – 6 de abril 2018

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Jn 21,1-14: Jesús toma el pan y el pescado y lo repartió

En la octava de Pascua Ceferino Agostini, fundador (1896) Primera lectura: Hch 4,1-12 Ningún otro puede salvar Salmo responsorial: Sal 117, 1-2.4.22-27

En aquel tiempo, Jesús se apareció de nuevo a los discípulos junto al lago de Tiberíades… Salieron, y subieron a la barca; pero aquella noche no pescaron nada. 4 Al amanecer Jesús estaba en la playa; pero los discípulos no reconocieron que era Jesús. 5Les dice Jesús: Muchachos, ¿tienen algo de comer? Ellos contestaron: No. 6 Les dijo: Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán. Tiraron la red y era tanta la abundancia de peces que no podían arrastrarla. 7 El discípulo amado de Jesús dice a Pedro: Es el Señor. Al oír Pedro que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua. 8 Los demás discípulos se acercaron en el bote, arrastrando la red con los peces, porque no estaban lejos de la orilla, apenas unos cien metros. 9 Cuando saltaron a tierra, ven unas brasas preparadas y encima pescado y pan. 10Les dice Jesús: Traigan algo de lo que acaban de pescar. 11Pedro subió a la barca y arrastró hasta la playa la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aunque eran tantos, la red no se rompió. 12Les dice Jesús: Vengan a comer. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían que era el Señor. 13Jesús se acercó, tomó pan y se lo repartió e hizo lo mismo con el pescado. 14Ésta fue la tercera aparición de Jesús, ya resucitado, a sus discípulos.

Comentario

El Resucitado no es otro diferente sino el mismo Crucificado. En esta aparición del Resucitado convergen dos elementos claves: la palabra y la acción de Jesús. Tener una experiencia de intimidad con Dios hace del ser humano un ser solidario, fraterno. Esto es lo que manifiesta Jesús Resucitado a los suyos. La memoria de compartir lo más vital, hace que la Resurrección no sea una simple teoría o una expresión sin implicación en la vida. Resucitar es entrar bajo el amor total de Dios Padre. Resucitar es entrar en la lógica de Dios y vivir según su voluntad. Eso es, precisamente, lo que hace Jesús y lo que le propone a los discípulos. La Iglesia tiene que hacer permanentemente esta experiencia de encuentro con Jesús para saberse colocar del lado de las víctimas y para abandonar toda la vertiente triunfalista que desdice del crucificado-resucitado que se ha manifestado al grupo de los discípulos. ¿Cuáles son las imágenes de Jesús y de Iglesia que tenemos?

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Comentario al Evangelio – 5 de abril 2018

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Lc 24,35-48: El Mesías padecerá y resucitará al tercer día

En la octava de Pascua Vicente Ferrer (1419) Primera lectura: Hch 3,11-26 Dios lo resucitó Salmo responsorial: Sal 8,2a.5-9

Los dos discípulos de Emaús contaron lo que les había sucedido en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. 36Estaban hablando de esto, cuando se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: La paz esté con ustedes. 37Espantados y temblando de miedo, pensaban que era un fantasma. 38Pero él les dijo: ¿Por qué se asustan tanto? ¿Por qué tantas dudas? 39Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean, un fantasma no tiene carne y hueso, como ven que yo tengo. 40Dicho esto, les mostró las manos y los pies. 41Era tal el gozo y el asombro que no acababan de creer, entonces les dijo: ¿Tienen aquí algo de comer? 42Le ofrecieron un trozo de pescado asado. 43Lo tomó y lo comió en su presencia. 44Después les dijo: Esto es lo que les decía cuando todavía estaba con ustedes: que tenía que cumplirse en mí todo lo escrito en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. 45Entonces les abrió la inteligencia para que comprendieran la Escritura. 46Y añadió: Así está escrito: que el Mesías tenía que padecer y resucitar de entre los muertos al tercer día; 47que en su nombre se predicaría penitencia y perdón de pecados a todas las naciones, empezando por Jerusalén. 48Ustedes son testigos de todo esto.

Comentario

Reconocer a Jesús al partir el pan es la señal más clara de que el creyente está llamado a reconocer y seguir al Resucitado en la vida de comunidad. La vida cristiana no se puede vivir en solitario, no tiene sentido. Más aún, se ha dicho desde hace mucho tiempo que “en el cristianismo quien anda solo, anda en malas compañías”. Jesús les lleva la paz a los discípulos encerrados por el miedo. La paz que Jesús les ofrece es su propia experiencia de Resurrección. Y en esta lógica de paz les explica el sentido profundo de la Escritura. Jesús es la Palabra definitiva de Dios. Al explicarles la Escritura Jesús les muestra al grupo de los discípulos que Él es la síntesis de toda la Revelación de Dios. Quien le cree a Él, le cree a Dios y cree en la promesa que, como pueblo, ha recibido a lo largo de la historia. La paz que Jesús lleva a los suyos es la que ratifica, definitivamente, que es Él. Es Jesús mismo quien los visita.

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Comentario al Evangelio – 4 de abril 2018

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Lc 24,13-35: Lo reconocieron al partir el pan

En la octava de Pascua Isidoro (636) Primera lectura: Hch 3,1-10 En nombre de Jesucristo, camina Salmo responsorial: Sal 104,1-4.6-9

Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día a un pequeño pueblo llamado Emaús, que está a unos diez kilómetros de Jerusalén. 14En el camino conversaban sobre todo lo sucedido. 15Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona los alcanzó y se puso a caminar con ellos. 16Pero ellos tenían los ojos incapacitados para reconocerlo… 28Se acercaban al pueblo adonde se dirigían, y él hizo ademán de seguir adelante. 29Pero ellos le insistieron: Quédate con nosotros, que se hace tarde y el día se acaba. Entró para quedarse con ellos; 30y, mientras estaba con ellos a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. 31Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista. 32Se dijeron uno al otro: ¿No sentíamos arder nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba la Escritura? 33Se levantaron al instante, volvieron a Jerusalén y encontraron a los Once con los demás compañeros, 34que afirmaban: Realmente ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón. 35Ellos por su parte contaron lo que les había sucedido en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Comentario

La experiencia cristiana, de adhesión a Jesús y seguimiento de su causa, fue traicionada a lo largo de la historia de la Iglesia. Se impuso un modelo de religión que contradice la exigencia radical que implica ser discípulo de Jesús. Un cristiano es un hombre de fe, de adhesión, de seguimiento. Para vivir la vida cristiana es importante reconocer a Jesús y entrar en su lógica, que va en contravía de la lógica de la historia. Los discípulos de Emaús son un verdadero ejemplo del proceso que cada creyente debe vivir para reconocer a Jesús en su propia vida y pasar a lo más importante del seguimiento: construir y vivir la comunidad. El itinerario vivido por ellos es el camino que tiene que recorrer cada creyente para experimentar la alegría del Resucitado. Ellos son símbolo de la obstinación de todos los hombres y mujeres. Se resisten a reconocer a Jesús en su nueva presencia, lo nuevo los asusta. Como ellos, también nosotros, esperamos un triunfo de Jesús basado en el poder. Pero Jesús tiene otra vía: su propuesta.

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Comentario al Evangelio – 3 de abril 2018

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Jn 20,11-18: He visto al Señor

En la octava de Pascua Juan de Britto (1693) Primera lectura: Hch 2,36-41 Bautícense en nombre de Jesucristo Salmo responsorial: Sal 32,4-5.18-20.22

María estaba afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro 12y ve dos ángeles vestidos de blanco, sentados: uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había estado el cadáver de Jesús. 13Le dicen: Mujer, ¿por qué lloras? María responde: Porque se han llevado a mi señor y no sé dónde lo han puesto. 14Al decir esto, se dio media vuelta y ve a Jesús de pie; pero no lo reconoció. 15Jesús le dice: –Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, creyendo que era el jardinero, le dice: –Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo. 16Jesús le dice: ¡María! Ella se vuelve y le dice en hebreo: Rabbuni –que significa maestro–. 17Le dice Jesús: –Déjame, que todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: Subo a mi Padre, el Padre de ustedes, a mi Dios, el Dios de ustedes. 18María Magdalena fue a anunciar a los discípulos: He visto al Señor y me ha dicho esto.

Comentario

María de Magdala busca a Jesús. Su desesperación es tal que no lo logra reconocer. La angustia de no ver el cuerpo, le impide ver la obra de Dios; le ha cerrado la posibilidad de soñar el tiempo que Dios estaba inaugurando. Cuando María reconoce a Jesús lo trata de agarrar, de controlar. Pero con una ternura contundente Jesús le dice, y en ella a toda la Iglesia, ¡Déjame que todavía no he subido al Padre! Esta es la necesaria interdependencia que tiene que existir entre el Cristo Glorificado y la Iglesia que peregrina en la historia. Si esta interdependencia no se da, la Iglesia se creerá con derecho de manipular y controlar a Jesús, se creerá dueña de la gracia. Una de las tentaciones de la Iglesia, a lo largo del tiempo, ha sido el perder su horizonte histórico-existencial, creyéndose el Reino de Dios en la historia. Otras veces se ha creído poseedora de la verdad y la salvación. Esto le llevó a cometer grandes exabruptos. Aceptemos el consejo que hace Jesús a Magdalena para nuestra propia vida de creyentes.

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Comentario al Evangelio – 2 de abril 2018

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Mt 28,8-15: Vayan a Galilea; allí me verán

En la octava de Pascua Francisco Coll Guitart (1875) Pedro Calungsod (1672) Primera lectura: Hch 2,14.22-23 Dios resucitó a este Jesús Salmo responsorial: Sal 15,1-2.5.7-11

Las mujeres se alejaron rápidamente del sepulcro, llenas de miedo y gozo, y corrieron a dar la noticia a los discípulos. 9 Jesús les salió al encuentro y les dijo: ¡Alégrense! Ellas se acercaron, se abrazaron a sus pies y se postraron ante él. 10Jesús les dijo: No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, donde me verán. 11Mientras ellas caminaban, algunos de la guardia fueron a la ciudad y contaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. 12Éstos se reunieron a deliberar con los ancianos y ofrecieron a los soldados una buena suma 13encargándoles: Digan que durante la noche, mientras ustedes dormían, llegaron los discípulos y robaron el cadáver. 14Si llega la noticia a oídos del gobernador, nosotros lo tranquilizaremos para que no los castigue. 15Ellos aceptaron el dinero y siguieron las instrucciones recibidas. Así se difundió ese cuento entre los judíos hasta el día de hoy.

Comentario

Es Pascua, tiempo de alegría. Los cristianos estamos invitados a vivir de manera radical el gozo de Cristo Resucitado. Pero la experiencia de la alegría, que trae la Resurrección, no puede ser encerrada y silenciada, ha de ser contada, anunciada y vivida de manera contagiosa. ¡Alégrense! ¡Avisen a mis hermanos que vayan a Galilea! Son dos mandatos clarísimos del Resucitado. Jesús les da a las mujeres la clave de la vida cristiana: una vida de alegría y gastada a lado de los pobres. Ir a Galilea es volver siempre a los pobres. Galilea es el lugar de los empobrecidos. Allí el resucitado se revelará plenamente a sus hermanos. Las mujeres han recibido el mandato concreto. Ellas anuncian al mundo lo que es en esencia el evangelio. Esta Buena Noticia que Dios da a la humanidad por medio del Crucificado-Resucitado solo se puede contar al mundo entero cuando cada discípulo de Jesús los experimente en su propia vida. Hemos de anunciar la Resurrección de Jesús no como un evento, sino como experiencia.

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Comentario al Evangelio – 1 de abril 2018

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Jn 20,1-9: Él había de resucitar

Pascua de Resurrección. Primera lectura: Hch 10,34a.37-43: Hemos comido y bebido con Él Salmo responsorial: Sal 117,1-2.16-17.22-23 Segunda lectura: Col 3,1-4 Busquen los bienes de arriba

El primer día de la semana, muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena va al sepulcro y observa que la piedra está retirada del sepulcro. 2 Llega corriendo a donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, el que era muy amigo de Jesús, y les dice: Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto. 3 Salió Pedro con el otro discípulo y se dirigieron al sepulcro. 4 Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corría más que Pedro y llegó primero al sepulcro. 5 Inclinándose vio las sábanas en el suelo, pero no entró. 6 Después llegó Simón Pedro, que le seguía y entró en el sepulcro. Observó los lienzos en el suelo 7 y el sudario que le había envuelto la cabeza no en el suelo con los lienzos, sino enrollado en lugar aparte. 8 Entonces entró el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. 9 Todavía no habían entendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos.

Comentario

La Resurrección de Jesús es el acontecimiento central de la vida cristiana. El apóstol Pablo, en una frase bien elaborada, ya lo expresaba de manera contundente: Si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe (1Cor 15,14). Sin la Resurrección la fe cristiana sería un verdadero absurdo. La Resurrección le dio sentido total a la vida y obra de Jesús de Nazaret. Con ella quedó refrendado que todo lo que Jesús dijo e hizo tenía el sello, el aval, del Padre Dios. Para un cristiano celebrar el acontecimiento de la Resurrección, es volver a confesar que Dios le quitó la razón a los asesinos de Jesús y se la dio al Crucificado. La fiesta que celebramos hoy tiene que disponernos a vivir el cristianismo en una nueva lógica, en una nueva actitud. Hoy hemos de renovar nuestra fe en Dios, Padre y Señor de la vida y en Jesucristo, el Hijo, que resucitando de entre los muertos inauguró el reino de la vida definitiva. Para que, caminando según la lógica del Espíritu, nos dispongamos a vivir la experiencia del Reino en nuestra vida personal y comunitaria.

Al leer el trozo del Evangelio que nos propone la Liturgia para este día glorioso de Pascua nos damos cuenta de que además de Jesús, en este relato se resalta, de manera contundente, la figura de una mujer: María Magdalena. A diferencia de los evangelios sinópticos, en los que María Magdalena aparece junto a un grupo de mujeres, en Juan está ubicada en primera línea en la escena. Su sorpresa es total, al igual que la de los demás discípulos. Olvidaron todo el anuncio que el Maestro les había hecho sobre la resurrección.

La figura de María Magdalena tiene que llevarnos a pensar en el papel que juegan, desde el origen, las mujeres en el cristianismo. Pero también ha de llevarnos a reconocer el machismo en el que fuimos encasillando al cristianismo a lo largo de la historia. Con Magdalena, con los primeros testigos de la Resurrección y con todos los bautizados de hoy, hemos de reconocer que confesar que Jesús ha resucitado implica vivir de manera radical la fe cristiana, como una verdadera alternativa social y un verdadero fermento para la transformación del mundo. Hemos de disponer los corazones para hacer creíble la experiencia del resucitado en medio del mundo. Vivamos, de manera coherente, la vida de la Resurrección que Jesús nos ofrece hoy.