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Comentario al Evangelio – 27 de marzo 2015

Si no hago las obras de mi Padre, no me crean

Los judíos tomaron piedras para apedrearlo. Jesús les dijo: – Por encargo del Padre les hice ver muchas obras buenas: ¿por cuál de ellas me apedrean? Le contestaron los judíos: – Por ninguna obra buena te apedreamos, sino por la blasfemia, porque siendo hombre te haces Dios. Jesús les contestó: – No está escrito en la ley de ustedes: Yo les digo: ¿son dioses? Si la ley llama dioses a aquéllos a quienes se dirigió la Palabra de Dios, y la Escritura no puede fallar, ¿cómo dicen: Tú blasfemas, al que el Padre consagró y envió al mundo, porque dijo que es Hijo de Dios? Si no hago las obras de mi Padre, no me crean. Pero si las hago, crean en las obras aunque no me crean a mí; así reconocerán y sabrán que el Padre está en mí y yo en el Padre. Entonces intentaron arrestarlo de nuevo, pero él se les escapó de las manos. Pasó de nuevo a la otra orilla del Jordán, donde Juan bautizaba en otro tiempo, y se quedó allí. Acudieron muchos a él y decían: – A unque Juan no hizo señal alguna, todo lo que dijo de éste era verdad. Y allí, muchos creyeron en él.

REFLEXIÓN

En el evangelio vemos con claridad la persecución y los deseos desenfrenados que los poderosos tenían de terminar con Jesús, acusándolo del delito de blasfemia. Siempre que él hablaba de Dios pensaba en un Padre que lo amaba como a su Hijo y amaba a la humanidad entera en la que él veía a todos sus hermanos. Es el Dios de la vida digna para todos sus hijos. A Jesús le ilusionaba parecerse a su Padre Celestial. Por eso hacía las obras que sabía eran del agrado del Dios de la justicia. Si trataban de matarlo, debía quedar en claro por cuál de aquellas obras lo condenaban. Y la conclusión era obvia: lo iban a asesinar porque las obras de justicia que él realizaba, y que el propio Dios haría, ponían en evidencia el pecado del mundo, la injusticia de las estructuras de poder. Pongamos en manos de Dios el recorrido que hemos hecho por este tiempo cuaresmal, para que sintiéndonos hijos de Dios seamos capaces de amar sin límites y hacer de la justicia, la verdad y la paz las razones de nuestra existencia.

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Comentario al Evangelio – 26 de marzo 2015

Es mi Padre quien me glorifica

Dijo Jesús: les aseguro que quien cumpla mi palabra no sufrirá jamás la muerte. Entonces le dijeron los judíos: – Ahora sí estamos seguros de que estás endemoniado. Abrahán murió, lo mismo los profetas, y tú dices que quien cumpla tu palabra no sufrirá jamás la muerte. ¿Por quién te tienes? Contestó Jesús: – Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada; es mi Padre quien me glorifica, el mismo que ustedes llaman nuestro Dios, aunque no lo conocen. Yo en cambio lo conozco. Si dijera que no lo conozco, sería mentiroso como ustedes. Pero lo conozco y cumplo su palabra. Abrahán, el padre de ustedes disfrutaba esperando ver mi día: lo vio y se llenó de alegría. Le replicaron los judíos: – No has cumplido cincuenta años, ¿y has conocido a Abrahán? Jesús les dijo: – Les aseguro, antes de que existiera Abrahán, existo yo. Recogieron piedras para apedrearlo; pero Jesús se escondió y salió del templo.

REFLEXIÓN

Asistimos hoy a un diálogo atravesado por el conflicto entre Jesús y los letrados, que se consideran hijos predilectos de Abrahán y los más puros herederos de su tradición. El planteamiento que los judíos hacían a Jesús era precisamente éste: ¿cómo podía hablar de ausencia de muerte, si Abrahán había muerto? ¿Cómo podía hablar del testimonio de Abrahán en su favor, si él era un campesino joven para la sociedad judía? Ser hijo de Abrahán no se entendía, por cierto, de una forma biológica, carnal, sino simbólica o espiritual. Significaba tener las cualidades espirituales de Abrahán y su bella utopía de un pueblo libre. Sólo los amantes de la justicia y de la libertad podían llamarse de verdad hijos del santo patriarca. Lo que los judíos no entendían era el cuestionamiento que Jesús les hacía por sus inconsecuencias. Hoy existen estructuras sociales y eclesiales que creen ser herederas de formas armónicas de convivencia; sin embargo se desatan conflictos serios en los que no siempre brilla la luz de la justicia y la verdad. Es necesario anunciar con fuerza el reino de Dios como gran posibilidad de que en la tierra reinen la verdad y la justicia, con ello se cumplan las esperanzas que por tanto tiempo han alimentado el corazón de los empobrecidos, y se alcance la paz sobre la tierra.

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Comentario al Evangelio – 25 de marzo 2015

Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo

El sexto mes envió Dios al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen prometida a un hombre llamado José, de la familia de David; la virgen se llamaba María. Entró el ángel a donde estaba ella y le dijo: – Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. Al oírlo, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué clase de saludo era aquél. El ángel le dijo: – No temas, María, que gozas del favor de Dios. Mira, concebirás y darás a luz un hijo, a quien llamarás Jesús. Será grande, llevará el título de Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, para que reine sobre la Casa de Jacob por siempre y su reino no tenga fin. María respondió al ángel: – ¿Cómo sucederá eso si no convivo con un hombre? El ángel le respondió: – El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el consagrado que nazca llevará el título de Hijo de Dios. Mira, también tu pariente Isabel ha concebido en su vejez, y la que se consideraba estéril está ya de seis meses. Pues nada es imposible para Dios. Respondió María: – Yo soy la servidora del Señor: que se cumpla en mí tu palabra. El ángel la dejó y se fue.

REFLEXIÓN

Este evangelio nos enfrenta al misterio de la Encarnación de Dios mismo, quien elige a una mujer sencilla de Nazaret para albergar en su vientre a su Hijo. La vincula así de manera especial a la historia de la salvación. Esta manifestación de Dios sorprende a María, quien en principio no entiende el pedido de Dios; pero se acoge sin reservas a la voluntad divina. María es una mujer creyente que asume la responsabilidad de ser la madre del Salvador y de aportar a la revelación de Dios a la humanidad. Al celebrar la fiesta de la Anunciación es importante tener en cuenta dos aspectos vitales en la experiencia de fe cristiana: primero, la manifestación de Dios a la humanidad a través de personas muy sencillas pero con una fe profunda; segundo, el contenido del anuncio, que es la salvación misma. Hoy, cuando el mundo en el que vivimos se desmorona por el hambre y la tragedia de la guerra; cuando las diferencias sociales y económicas generan tanta injusticia y exclusión, necesitamos anuncios de salvación y testimonios como el de María, para la dignificación de los pobres de la tierra.

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Comentario al Evangelio – 24 de marzo 2015

No comprendieron que se refería al Padre

Dijo Jesús: – Yo me voy, ustedes me buscarán y morirán en su pecado. A donde yo voy ustedes no pueden venir. Comentaron los judíos: – ¿Será que se piensa matar y por eso dice que no podemos ir a donde él va? Les dijo: – Ustedes son de aquí abajo, yo soy de lo alto; ustedes son de este mundo, yo no soy de este mundo. Yo les dije que morirían por sus pecados. Si no creen que Yo soy, morirán por sus pecados. Le preguntaron: – ¿Tú quién eres? Jesús les contestó: – Esto es lo que les estoy diciendo desde el principio. Tengo mucho que decir y juzgar de ustedes. Pero el que me envió dice la verdad, y lo que escuché de él es lo que digo al mundo. No comprendieron que se refería al Padre. Jesús añadió: – Cuando hayan levantado al Hijo del Hombre, comprenderán que Yo soy y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como mi Padre me enseñó. El que me envió está conmigo y no me deja solo, porque yo hago siempre lo que le agrada. Por estas palabras muchos creyeron en él.

REFLEXIÓN

Hoy la Palabra de Dios nos ubica en el contexto del tiempo prepascual. La posibilidad de la muerte es ya un hecho, y Jesús ha venido anunciando este momento en repetidas oportunidades. Ahora bien, su ministerio ha estado marcado por una permanente incomprensión de sus propios discípulos y todos los que le siguen. Aún no se entiende que la muerte será la consecuencia de la radicalidad de sus palabras y sus obras. Jesús sabe que su lucha por la justicia, sus palabras de perdón y sus actos de amor forman parte esencial de la voluntad del Padre; ahí la muerte no es en vano; es el punto de llegada del amor. El proyecto de Jesús también hay que comprenderlo en esa perspectiva: el triunfo de la vida no se entiende sin la entrega de la vida misma. Hoy, cuando la injusticia y la mentira van y vienen sobre nuestros pueblos y sociedades, cuán necesario es volver al valor salvífico de la muerte del Señor Jesús, quien hasta el último momento se mantuvo fiel. Hoy necesitamos de esa radicalidad y obediencia al proyecto de Dios para ver el feliz amanecer de un mundo nuevo.

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Comentario al Evangelio – 23 de marzo 2015

El que no tenga pecado, tire la primera piedra

Jesús se dirigió al monte de los Olivos. Por la mañana volvió al templo. Todo el mundo acudía a él y, sentado, los instruía. Los letrados y fariseos le presentaron una mujer sorprendida en adulterio, la colocaron en el centro, y le dijeron: – Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en adulterio. La ley de Moisés ordena que mujeres como ésta sean apedreadas; tú, ¿qué dices? Decían esto para ponerlo a prueba, para tener de qué acusarlo. Jesús se agachó, y con el dedo se puso a escribir en el suelo. Como insistían en sus preguntas, se incorporó y les dijo: – El que no tenga pecado, tire la primera piedra. De nuevo se agachó y seguía escribiendo en el suelo. Los oyentes se fueron retirando uno a uno, empezando por los más ancianos, hasta el último. Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí en el centro. Jesús se incorporó y le dijo: – Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado? Ella contestó: – Nadie, señor. Jesús le dijo: – Tampoco yo te condeno. Ve, y en adelante no peques más.

REFLEXIÓN

Personas conocedoras y cumplidoras de la ley son las que le presentan a Jesús una mujer que según la ley debe ser apedreada como castigo por su pecado. Los fariseos y letrados buscan que Jesús se pronuncie a favor o en contra del pecado; no les importa la vida de la mujer, pues ellos mismos la han marcado y condenado con argumentos de la ley. La Palabra de Dios nos invita a una reflexión muy profunda sobre nuestra forma de valorar las condiciones de las demás personas. Muchas veces, y tal vez de modo inconsciente, nos constituimos en jueces de las conductas de los hermanos, y nos creemos autorizados para excluir y condenar. Jesús nos hace hoy una invitación a reconocer nuestras propias limitaciones y a mirar con amor a quienes han cometido errores. Sólo Dios es el cabal juez. Y él sabe escuchar, valorar, perdonar y, por sobre todo, seguir amando sin reservas, con infinito amor. Pidamos al Señor que nos haga personas humildes y sencillas, capaces de comprender las limitaciones humanas más allá de la frialdad de las leyes; y que la misericordia de Dios toque nuestras entrañas para saber amar y perdonar sin límites.

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Comentario al Evangelio – 22 de marzo 2015

Si el grano de trigo cae en tierra y muere, da mucho fruto

En aquel tiempo, había unos griegos que habían subido para los cultos de la fiesta. Se acercaron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le pidieron: –Señor, queremos ver a Jesús. Felipe va y se lo dice a Andrés; Felipe y Andrés van y se lo dicen a Jesús. Jesús les contesta: –Ha llegado la hora de que el Hijo del Hombre sea glorificado. Les aseguro que, si el grano de trigo caído en tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. El que se aferra a la vida la pierde, el que desprecia la vida en este mundo la conserva para una vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde yo estoy estará mi servidor; si uno me sirve, lo honrará el Padre. Ahora mi espíritu está agitado, y, ¿qué voy a decir? ¿Que mi Padre me libre de este trance? No; que para eso he llegado a este trance. Padre, da gloria a tu Nombre. Vino una voz del cielo: –Lo he glorificado y de nuevo lo glorificaré. La gente que estaba escuchando decía: –Ha sido un trueno. Otros decían: –Le ha hablado un ángel. Jesús respondió: –Esa voz no ha sonado por mí, sino por ustedes. Ahora comienza el juicio de este mundo y el príncipe de este mundo será expulsado. Cuando yo sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí. Lo decía indicando de qué muerte iba a morir. REFLEXIÓN La Palabra de Dios que hoy hemos leído nos ofrece los términos en los que se da la nueva alianza con el pueblo elegido, y lo que Cristo Jesús significa en el plan de salvación de Dios para la humanidad. En la primera lectura, el profeta Jeremías filtra la voz de Dios que anuncia una nueva alianza con el pueblo, en la que Dios mismo penetrará en las entrañas y en las mentes de los seres humanos para orientarlos hacia su voluntad. El Padre Dios ratifica que es dueño de la vida y de la historia de sus hijos. El nuevo pacto estará fundado sobre el perdón de los pecados y la acogida amorosa de Dios a la humanidad. La carta a los Hebreos recuerda que Jesús, como Hijo de Dios, asumió la condición humana y no se negó al sufrimiento que ella conlleva. Sumergido en nuestra humanidad, nunca dejó de ser obediente a la voluntad del Padre que lo había enviado, y selló con su sangre esa nueva alianza que tiene como fin último la salvación integral de toda la creación. El evangelio de Juan está ya puesto en un contexto eminentemente pascual. Pero deja ver con claridad las dimensiones del pacto redentor de Dios con la humanidad representado en la persona de Jesús, quien anuncia que la hora está cerca y que la entrega de su vida es inminente. La comparación con la semilla que ha de morir para dar fruto resulta muy apropiada para entender el lugar de Jesús, quien como Hijo de Dios se convierte en esa semilla del pacto salvador, con su muerte confirmará la radicalidad de su proyecto y fecundará el camino de la Iglesia, que se ha nutrido con la sangre de innumerables hermanos testigos de la fe, del amor y de la verdad. A punto de llegar al tiempo pascual es oportuno valorar la vida de la Iglesia y hacer memoria de todos los mártires que han sellado con sus vidas las convicciones de su identidad cristiana. Ellos/ as han sabido ser semillas, y con su testimonio actualizan el pacto de salvación que el Señor Jesús instauró y selló en la cruz. La historia de la Iglesia ha sido bendecida con el testimonio, la valentía y la radicalidad de quienes supieron ser obedientes hasta el último momento. Los cristianos representaron en su origen un modelo de vida realmente alternativo, que se planteó sin ceder nada a los poderes imperiales. Eso tuvo como consecuencia muchas persecuciones y martirios. Con seguridad esos hombres y mujeres están en las raíces de la experiencia eclesial, y hoy no podemos menos que actualizar su memoria y aprender de ellos a creer, a dar y a amar.

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Comentario al Evangelio – 21 de marzo 2015

¿Acaso el Mesías vendrá de Galilea?

Algunos de la gente, al oír las palabras de Jesús, decían: – Este es realmente el profeta. Otros decían: – Este es el Mesías. Otros preguntaban: – ¿Acaso el Mesías vendrá de Galilea? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá de la descendencia de David, y de Belén, el pueblo de David? La gente estaba dividida a causa de él. Algunos intentaban arrestarlo, pero nadie se atrevió a hacerlo. Cuando los guardias volvieron, los sumos sacerdotes y los fariseos les preguntaron: – ¿Por qué no lo han traído? Ellos contestaron: – Jamás hombre alguno habló como habla este hombre. Replicaron los fariseos: – También ustedes se han dejado engañar? ¿Quién de los jefes o de los fariseos ha creído en él? Sólo esa maldita gente, que no conoce la ley. Nicodemo, uno de ellos, que había acudido a Jesús en otra ocasión, les dijo: – ¿Acaso nuestra ley condena a alguien sin haberlo escuchado antes para saber lo que hizo? Le contestaron: – ¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas. Y cada uno se marchó por su lado.

REFLEXIÓN

El evangelio de hoy nos presenta a un Jesús que con sus acciones y predicación genera desconcierto entre quienes le escuchan, pues consideran que el Mesías esperado no puede venir de Galilea, y mucho menos ser un humilde campesino que se atreva a cuestionar las estructuras poderosas que dominan en Jerusalén. Este evangelio nos interpela a revisar a fondo hacia dónde miran nuestras esperanzas; qué tipo de mesianismo estamos esperando. ¿Seguimos pensando que van a ser las grandes estructuras las que recogerán nuestras expectativas de vida y nos acercarán al reino? En nuestros entornos seguramente hay profetas sencillos, líderes humildes que nos anuncian un modelo de vida alternativo. Es hora de que miremos y escuchemos estas propuestas, que muchas veces crecen y pasan casi inadvertidas en nuestra sociedad. Pongamos en las manos de Dios las vidas de los animadores de las comunidades cristianas; las vidas de los catequistas y demás agentes de pastoral; las de los líderes sociales; las de quienes defienden los derechos humanos, para que el Señor les acompañe en sus tareas, y esas vidas sean vistas por todos como testimonios dignos de imitar, apoyar y acompañar.

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Comentario al Evangelio – 20 de marzo 2015

Todavía no había llegado su hora

Recorría Jesús la Galilea, y no quería recorrer la Judea porque los judíos intentaban darle muerte. Se acercaba la fiesta judía de las Chozas. Cuando ya habían subido sus parientes a la fiesta, subió también él, no en público, sino a escondidas. Algunos de Jerusalén comentaban: – ¿No es éste el que intentaban matar? Resulta que habla públicamente y no le dicen nada. ¿Habrán reconocido realmente las autoridades que éste es el Mesías? Sólo que de éste sabemos de dónde viene; cuando venga el Mesías nadie sabrá de dónde viene. Entonces Jesús, que enseñaba en el templo, exclamó: – A mí me conocen y saben de dónde vengo. Yo no vengo por mi cuenta, sino que me envió el que dice la verdad. Ustedes no lo conocen; yo lo conozco porque vengo de él y él me envió. Intentaron detenerlo, pero nadie puso las manos sobre él, porque no había llegado su hora.

REFLEXIÓN

El evangelio de Juan presenta un momento de confrontación en la vida de Jesús. Su predicación en Galilea ya daba cuenta de un grupo maduro que podía ir a Jerusalén a pesar de las persecuciones y amenazas que lo tenían obligado a trabajar de manera incógnita. Ser cristianos, por haber asumido de manera comunitaria unos compromisos en el sacramento del bautismo, nos habilita para ser animadores de la vida y de la fe en nuestras familias y comunidades. Muchas veces los laicos hemos dejado esta tarea sólo a los ministros ordenados o a la vida religiosa, y nos hemos desprendido de la responsabilidad misionera que nos confirió Dios en el bautismo. Hoy tenemos que hacer conciencia de la misión que nos incumbe a todos los cristianos en la vida de la familia, en la comunidad eclesial y en la sociedad. Es ahí donde tenemos que dar razón de nuestra fe y ser mensajeros de la verdad como hijos de la luz. Pidámosle a Dios que nos dé fortaleza para asumir nuestra tarea misionera con cariño, y que nos haga servidores de la Palabra y defensores del lugar de vida en donde nos ha colocado.

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Comentario al Evangelio – 19 de marzo 2015

José hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

Libro de la genealogía de Jesús, Mesías, hijo de David, hijo de Abrahán: Jacob engendró a José, esposo de María, de la que nació Jesús, llamado el Mesías. El nacimiento de Jesús, Mesías, sucedió así: su madre, María, estaba comprometida con José, y antes del matrimonio, quedó embarazada por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería difamarla públicamente, pensó abandonarla en secreto. Ya lo tenía decidido, cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: –José, hijo de David, no temas recibir a María como esposa tuya, pues la criatura que espera es obra del Espíritu Santo. Cuando José se despertó del sueño, hizo lo que el ángel del Señor le había ordenado y recibió a María como esposa. Y sin haber mantenido relaciones dio a luz un hijo, al cual llamó Jesús.

REFLEXIÓN

Sabemos que Jesús “no es hijo de José”. El párrafo que ahora empieza quiere recordar que Jesús es a la vez el descendiente legítimo de David, gracias a José, y el Hijo de Dios concebido por obra del Espíritu santo por una madre virgen. Para la primera Iglesia, el origen de Jesús, hijo de María Virgen, era algo indiscutible. Mateo no trata aquí de demostrar nada pues se dirige a creyentes. Se contenta con afirmarlo, y muestra cómo Dios previó el arraigamiento de su Hijo en la descendencia de David. Todo parece indicar que fue María la que informó a José. Éste comprende que el anuncio a María presagia mucho más que dar a luz a un niño y piensa que no debe entrometerse, pero no ve cómo retirarse sin perjudicar a María. El verbo griego significa: “difamar, exponer a una difamación”, y no “denunciar”, como traducen algunos que imaginan a José dudando de la fidelidad de María. Jesús, que nace de María en el tiempo, es el propio Hijo Único del Padre, nacido de Dios desde la eternidad; no hay lugar para dos padres. Así es como la paternidad adoptiva de José encubre y protege un misterio.

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Comentario al Evangelio – 18 de marzo 2015

Como el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: –Mi Padre trabaja siempre y yo también trabajo. Por eso los judíos tenían aún más deseos de matarlo, porque no sólo violaba el sábado, sino además llamaba Padre suyo a Dios, igualándose a Él. Jesús tomó la palabra y les dijo: –Les aseguro: El Hijo no hace nada por su cuenta si no se lo ve hacer al Padre. Lo que aquél hace lo hace igualmente el Hijo. Porque el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que hace; y le mostrará obras más grandes aún para que ustedes queden maravillados. Como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, del mismo modo el Hijo da vida a los que él quiere. El Padre no juzga a nadie sino que encomienda al Hijo la tarea de juzgar, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. Quien no honra al Hijo no honra al Padre que lo envió. Les aseguro que quien oye mi palabra y cree en aquel que me ha enviado tiene vida eterna y no es sometido a juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida. Les aseguro que se acerca la hora, ya ha llegado, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán. Así como el Padre posee vida en sí, del mismo modo hace que el Hijo posea vida en sí; y, puesto que es el Hijo del Hombre, le ha confiado el poder de juzgar. No se extrañen de esto: llega la hora en que todos los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hicieron el bien resucitarán para vivir, los que hicieron el mal resucitarán para ser juzgados. Yo no puedo hacer nada por mi cuenta; juzgo por lo que oigo, y mi sentencia es justa, porque no pretendo hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.

REFLEXIÓN

Jesús afirma aquí claramente que no vino primero para reformar la religión sino para llevar a término la obra de su Padre en el mundo. La imitación del Padre se nos propone a todos. Aun cuando tengamos que cultivar en nosotros los sentimientos y las aspiraciones de Jesús (Fil 2,5), los textos bíblicos no hablan de una “imitación de Cristo”, porque su vida, aunque perfecta, no es más que una imagen particular y limitada de la perfección divina. Una de las afirmaciones importantes del Evangelio de Juan es la de una vida eterna que recibimos desde ahora. Sus contemporáneos veían la eternidad como una duración que se prolonga indefinidamente, y nadie puede pensar de otra manera si no dispone de una reflexión filosófica seria o de una experiencia espiritual. Resucitar es, en el evangelio, el nacer a una vida nueva, transformada. El testimonio (v. 30) es una palabra muy importante. Al revelarse Dios a los discípulos de Jesús, se propone construir con ellos una forma de relacionarse absolutamente nueva, y la base de esas relaciones son la fe y la confianza mutua. Por esa razón toda la evangelización se hace mediante los testimonios y la fe, y del mismo modo se construye la vida cristiana. El que sistemáticamente pone todo en duda no está hecho para la vocación cristiana, y eso es lo que Jesús trata de hacerles entender a sus oyentes. A Dios le agrada que reconozcamos a sus testigos: con esto lo honramos. Más aún, quiere que todos honren al Hijo tanto como a su Padre. Al creer en su Hijo nos hacemos dignos de su confianza y pasamos a ser hijos para él.

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Comentario al Evangelio – 17 de marzo 2015

Al momento quedó sano

Pasado algún tiempo, celebraban los judíos una fiesta, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la puerta de los Rebaños, una piscina llamada en hebreo Betesda, que tiene cinco pórticos. Yacía en ellos una multitud de enfermos, ciegos, cojos y lisiados, que aguardaban a que se removiese el agua. Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús lo vio acostado y, sabiendo que llevaba así mucho tiempo, le dice: – ¿Quieres sanarte? Le contestó el enfermo: – Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua. Cuando yo voy, otro se ha metido antes. Le dice Jesús: – Levántate, toma tu camilla y camina. Al instante aquel hombre quedó sano, tomó su camilla y empezó a caminar. Pero aquel día era sábado; por lo cual los judíos dijeron al que se había sanado: – Hoy es sábado, no puedes transportar tu camilla. Les contestó: – El que me sanó me dijo que tomara mi camilla y caminara. Le preguntaron: – ¿Quién te dijo que la tomaras y caminaras? Pero el hombre sanado lo ignoraba, porque Jesús se había retirado de aquel lugar tan concurrido. Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice: – Mira que has sanado. No vuelvas a pecar, no te vaya a suceder algo peor. El hombre fue y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado. Por ese motivo perseguían los judíos a Jesús, por hacer tales cosas en sábado.

REFLEXIÓN

La simbología del agua relaciona las lecturas de hoy. La visión de Ezequiel, de una corriente de agua que llena de vida incluso donde pareciera imposible, muestra cómo la bondad de Dios hacia la humanidad se manifiesta con vida abundante para todos, en comunión perfecta con la creación. El evangelio muestra la exclusión a la que estaban sometidos todos los enfermos por una supuesta consecuencia del pecado propio o de sus padres. Su única alternativa era participar de unos ritos de purificación que tenían lugar en las afueras de la ciudad. Allí el agua juega un papel importante como vehículo de la sanación y del obrar de Dios. Hoy es vital revisar cómo estamos asumiendo y comunicando la acción de Dios en nuestras vidas. No podemos vivir sujetos a acciones externas que no comprometan todo nuestro ser. La Palabra de Dios nos llama a ser más conscientes del compromiso que implica sentir y hacer la voluntad de Dios. Pongamos en sus manos todas nuestras necesidades familiares y de la comunidad eclesial, con el fin de que nos dé la sensibilidad necesaria para saber captar su accionar en el mundo y comprometernos con su proyecto.

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Comentario al Evangelio – 16 de marzo 2015

Anda, tu hijo está curado

Se trasladó Jesús a Galilea. Jesús mismo había declarado que un profeta no recibe honores en su patria. Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que hizo en Jerusalén durante las fiestas; ya que también ellos habían estado allá. Fue de nuevo a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaún. Al oír que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a visitarlo y le suplicaba que bajase a sanar a su hijo moribundo. Jesús le dijo: – Si no ven signos y prodigios, ustedes no creen. Le dice el funcionario real: – Señor, baja antes de que muera mi muchacho. Jesús le dice: – Regresa tranquilo, que tu hijo sigue vivo. El hombre creyó lo que le decía Jesús y se puso en camino. Iba ya bajando, cuando sus sirvientes le salieron al encuentro para anunciarle que su muchacho estaba sano. Les preguntó a qué hora se había puesto bien, y le dijeron que el día anterior a la una se le había pasado la fiebre. Comprobó el padre que era la hora en que Jesús le había dicho que su hijo seguía vivo. Y creyó en él con toda su familia. Ésta fue la segunda señal que hizo Jesús cuando se trasladó de Judea a Galilea.

REFLEXIÓN

El regreso de Jesús a su tierra está marcado por el crecimiento de la esperanza mesiánica, que para mucha gente consistía en una gran etapa de sanación, milagros y prodigios. El centro del mensaje se ubica en las razones para creer expuestas en el texto. Mientras la muchedumbre espera señales maravillosas para convencerse de un nuevo proyecto de vida, un hombre al que el pueblo rechaza por ser funcionario de la corte imperial dominante, necesitado de misericordia busca a Jesús, escucha su palabra y cree. El favor de Dios no se hace esperar: su situación es transformada, y a ello sigue una conversión profunda, personal, familiar y comunitaria. Es importante dar una mirada crítica a las razones que tenemos para creer en Dios y en su propuesta de vida. Nuestra fe no puede depender de acciones espectaculares ajenas al proceso de crecimiento personal y comunitario. Ella se debe sustentar en la Palabra de Dios y en la asimilación amorosa de los clamores con que nos encontramos a diario y que nos exigen conversiones profundas.