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Comentario al Evangelio – 30 de enero 2015

¿Con qué compararemos el reino de Dios?

Decía Jesús a sus discípulos: – El reino de Dios es como un hombre que sembró un campo: de noche se acuesta, de día se levanta, y la semilla germina y crece sin que él sepa cómo. La tierra por sí misma produce fruto: primero el tallo, luego la espiga, y después el grano en la espiga. En cuanto el grano madura, mete la hoz, porque ha llegado la cosecha. Decía también: – ¿Con qué compararemos el reino de Dios? ¿Con qué parábola lo explicaremos? Con una semilla de mostaza: cuando se siembra en tierra es la más pequeña de las semillas; después de sembrada crece y se hace más alta que las demás hortalizas, y echa ramas tan grandes que las aves pueden anidar a su sombra. Con muchas parábolas semejantes les exponía la palabra adaptándola a la capacidad de sus oyentes. Sin parábolas no les exponía nada; pero aparte, a sus discípulos les explicaba todo.

REFLEXIÓN

Jesús es atacado por los judíos: ¡si se presenta como Mesías, que muestre los signos precursores del reino! Jesús les responde que no hay signos extraordinarios. Dios deja crecer la semilla lentamente, pero se debe esperar; no hay continuidad absoluta entre ese laborioso parto del reino de Dios y su manifestación en plenitud. Que quienes colaboren en la instauración del reino no pierdan su confianza en Dios. El ha comenzado, y tras el silencio vendrá el cumplimiento de su obra. Que se le espere con paciencia; sin querer adelantarse a él. Y quienes no quieran creer en el reino sino en el momento de su manifestación, estén muy atentos: ese reino está ya cerca de ellos en Jesús, y hay que saber reconocerlo actuando en la pobreza de los medios y la lentitud del crecimiento. La parábola del grano de mostaza alimenta la confianza en Dios al subrayar el contraste entre los humildes comienzos del reino y la magnitud de la tarea. Con esta parábola Jesús ha querido, seguramente, responder a la objeción de quienes se oponían a la pequeñez de los medios utilizados por él para la gloria del reino esperado. Es desde la pequeñez donde Dios se manifiesta plenamente. Desde lo que no cuenta para los poderes de este mundo, desde la insignificancia, es cuando Dios acontece con más fuerza. “En la oscuridad de la vida es cuando mayor se puede ver la luz”, diría santa Teresa de Jesús.

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Comentario al Evangelio – 29 de enero 2015

El que tenga oídos para oír, que escuche

Jesús decía a sus discípulos: – ¿Se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón o debajo de la cama? ¿No se coloca en el candelero? Nada hay oculto que no se descubra, nada encubierto que no se divulgue. El que tenga oídos para oír, que escuche. Les decía también: – Tengan cuidado con lo que oyen: la medida con que midan la usarán con ustedes, y aún más. Porque al que tiene se le dará; pero al que no tiene se le quitará aún lo que tiene.

REFLEXIÓN

Marcos ha agrupado en este pasaje dos parábolas que seguramente no lo estaban en principio. La parábola de la lámpara (vv.21-23) la reproduce sin duda en su versión original: su estilo interrogante es, en efecto, característico de una fuente próxima a la tradición oral; y el v.23 es estribillo punzante en esta tradición primitiva para subrayar la gravedad de la enseñanza prodigada. La parábola de la lámpara es un simple proverbio destinado primitivamente a explicar la necesidad de pasar a los hechos: quien ha comprendido algo no puede callárselo, y toda su actividad debe estar marcada por esta circunstancia. Pero al añadir a esta parábola el v.22, Marcos la introduce en el ámbito de su doctrina sobre la escucha de la Palabra y sobre el secreto mesiánico. En estas condiciones, la lámpara designa la doctrina de Jesús. Por el momento está velada y no es comprendida, pero vendrá un día en que quedará al descubierto; y “quienes no hayan comprendido” las palabras “misteriosas” serán condenados y juzgados en el momento de esa manifestación. Mientras la Palabra de Dios es proclamada bajo el régimen de la fe, es como una lámpara bajo un cajón o una cama: no se advierte su claridad sino en la penumbra; hay que entregarse con confianza y fidelidad a esa lámpara para que realmente ilumine. Pero el reino está en proceso de crecimiento; la lámpara estará algún día sobre el candelabro y glorificará a quienes, en el secreto y el misterio, han puesto su confianza en ella.

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Comentario al Evangelio – 28 de enero de 2015

Salió el sembrador a sembrar

Jesús les decía: –Salió un sembrador a sembrar. Al sembrar, unas semillas cayeron junto al camino; vinieron las aves y se las comieron. Otras cayeron en terreno pedregoso, con poca tierra. Al faltarles profundidad brotaron enseguida; pero al salir el sol se marchitaron, y como no tenían raíces se secaron. Otras cayeron entre espinos: crecieron los espinos y las ahogaron, y no dieron fruto. Otras cayeron en tierra fértil: brotaron, crecieron y dieron fruto; produjeron: unas treinta, otras sesenta, otras cien. Y añadió: – El que tenga oídos para oír, que escuche. Los que le seguían junto con los Doce le preguntaron acerca de las parábolas. Y les añadió: – El que siembra, siembra la palabra. Unos son los que están junto al camino donde se siembra la palabra; en cuanto la escuchan, llega Satanás y se lleva la palabra sembrada. Otros son como lo sembrado en terreno pedregoso: cuando escuchan la palabra, la reciben con gozo; pero no tienen raíces, son inconstantes. Otros son como la semilla que cae entre espinos: escuchan la palabra, pero las preocupaciones del mundo, la seducción de las riquezas y los demás deseos ahogan la palabra y no la dejan dar fruto. Y otros son lo sembrado en tierra fértil: escuchan la palabra, la reciben y dan fruto al treinta o sesenta o ciento por uno.

REFLEXIÓN

Se plantean aquí al lector tres problemas: la significación de la parábola tal cual salió de los labios de Jesús; la importancia que Marcos le atribuye al incluirla en este lugar de su evangelio, y la explicación que le dió la iglesia primitiva. La parábola se interesa ante todo por la suerte de la semilla caída en cuatro terrenos diferentes. Las escenas están dispuestas de manera progresiva y optimista, para desembocar en un rendimiento extraordinario de la semilla. La recolección, imagen de los últimos tiempos, es tradicional en Israel; la novedad radica en la insistencia en torno a la laboriosa sementera que sirve de preparación. La explicación adquiere así un sesgo alegórico: cada escena de la parábola representa concretamente un tipo de conversión: no es ya tanto la semilla lo que cuenta, sino la forma con que es acogida. Jesús era optimista respecto al sentido de su misión; la iglesia primitiva parece algo más tensa y preocupada. La nuestra debe considerar cuánta semilla muere desperdiciada.

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Comentario al Evangelio – 27 de enero 2015

¿Quién es mi madre y mis hermanos?

Fueron la madre y los hermanos de Jesús, se detuvieron fuera y lo mandaron a llamar. La gente estaba sentada en torno a él y le dijeron: – Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan. Él les respondió: – ¿Quién es mi madre y mis hermanos? Y mirando a los que estaban sentados en círculo alrededor de él, dijo: – Miren, éstos son mi madre y mis hermanos. Porque el que haga la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.

REFLEXIÓN

Jesús está también en la mira de sus familiares, que probablemente contemplan maravillados todo lo que realiza. En este pasaje Jesús pone en evidencia su relación con su familia y con todos sus seguidores. Sus familiares habían manifestado ya sobre él su parecer, pero aún no habían recibido de sus labios alguna respuesta. La reciben ahora, ante la visita, quizás con propósito distinto, de su madre y sus más allegados. Las palabras de Jesús no manifiestan frialdad de sentimientos o desprecio de los vínculos familiares, tan estrechos en Palestina. Revelan más bien las exigencias que lleva consigo la llamada, a través de la cual se va constituyendo la nueva y verdadera familia de Jesús. Se trata, en consecuencia, de una exhortación a los allí sentados y, a través de ellos, a la comunidad cristiana de todos los tiempos. La escucha atenta de su Palabra y el cumplimiento de la voluntad de Dios serán los rasgos que caractericen siempre al auténtico discípulo. El pedido que hace Jesús es a escuchar su Palabra. Esto nos remite a las palabras de los profetas que invitaban al pueblo a escuchar la Palabra de Yavé con el “shemá Israel”, es decir, “escucha, Israel”. Es ahora Jesús, el Mesías enviado de Dios, quien crea a través de su Palabra el nuevo pueblo de Dios. La invitación es a que escuchemos esa voz que nos habla en los acontecimientos de la vida diaria con familiares, amigos, vecinos…; en definitiva, en toda nuestra vida.

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Comentario al Evangelio – 26 de enero 2015

La cosecha es abundante, pero los trabajadores, pocos

Después de esto designó el Señor a otros setenta y dos y los envió por delante, de dos en dos, a todas las ciudades y lugares adonde pensaba ir. Les decía: – La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los campos que envíe trabajadores para su cosecha. Vayan, que yo los envío como ovejas entre lobos. No lleven bolsa, ni alforja, ni sandalias. Por el camino no saluden a nadie. Cuando entren en una casa, digan primero: Paz a esta casa. Si hay allí alguno es digno de paz, la paz descansará sobre él. De lo contrario, la paz regresará a ustedes. Quédense en esa casa, comiendo y bebiendo lo que haya; porque el trabajador tiene derecho a su salario. No vayan de casa en casa. Si entran en una ciudad y los reciben, coman de lo que les sirvan. Sanen a los enfermos que haya, y digan a la gente: El reino de Dios ha llegado a ustedes.

REFLEXIÓN

La cosecha proporciona a Jesús la ocasión de su discurso. El trasforma a los cosechadores de trigo en cosechadores de hombres, como ya lo hizo con los pescadores. Pero la siega reviste una significación teológica importante en las Escrituras (Am 9,13-15). Y confiere una densidad particular a la misión de los discípulos: ésta es ya el compromiso de la humanidad con el reino que viene; preludia al juicio de Dios, porque su Palabra comporta su juicio y su discernimiento de los corazones. No es desde entonces extraño que la misión acabe muchas veces en persecución (v.3). Mientras que la versión de Mateo nos muestra una visión de estas persecuciones en tono muy apocalíptico, Lucas prefiere atenerse a la enumeración de los consejos prácticos dados por Jesús a sus discípulos. Proyectado hacia la esperanza mesiánica y la proximidad de su objeto (v.9), el discípulo no puede ya atribuir valor a los medios y a las técnicas del mundo presente. La proximidad del reino le dispensa de preocuparse además por seguridades para su futuro; su pobreza tiene, pues, una significación profética. La pobreza del misionero es anunciadora del reino que viene. El segundo consejo dado a los misioneros concierne a sus relaciones con sus anfitriones. Hace falta que expresen el carácter de peregrinos y nómades de los discípulos de Jesús, nunca instalados, siempre en camino hacia el reino.

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Comentario al Evangelio – 25 de enero 2015

Conviértanse y crean en la Buena Nueva

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se dirigió a Galilea a proclamar la Buena Noticia de Dios. Decía: —Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Arrepiéntanse y crean en la Buena Noticia. Caminando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés que echaban las redes al lago, pues eran pescadores. Jesús les dijo: —Vengan conmigo y los haré pescadores de hombres. Inmediatamente, dejando las redes, le siguieron.Un trecho más adelante vio a Santiago de Zebedeo y a su hermano Juan, que arreglaban las redes en la barca. Inmediatamente los llamó. Y ellos dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron con él.

REFLEXIÓN

Jonás no se dirige a Nínive como misionero, sino como ejecutor del juicio implacable de Dios sobre las naciones. Para los judíos, en efecto, el juicio consiste en hacer justicia a Israel castigando y destruyendo a los paganos. Sucede a veces que Dios perdona a Israel en lugar de castigarlo (Jer 18,7-8), pero una actitud similar parece inconcebible respecto de los paganos. El autor del libro de Jonás es el primero en librarse de unos marcos tan estrechos. Cree que un rey pagano puede convertirse lo mismo que un rey hebreo, y mejor incluso que algunos reyes de Israel o de Judá, que se negaron a reconocer sus errores. Ello cuando los paganos se convierten al primer requerimiento (v.5) y sin necesidad de que intervenga algún signo particular. El autor se propone, pues, probar que las maldiciones pronunciadas por los profetas sobre las naciones no son más ineludibles que los decretos pronunciados respecto a los judíos. Todo hombre, cualquiera que sea, está llamado a arrepentirse; y el perdón de Dios está a disposición de todos. Jonás -y sus discípulos modernos- hubiesen sido realmente misioneros si hubieran ido a Nínive convencidos de encontrar a Dios, en lugar de ir con la voluntad de proclamar a un Dios familiar pero limitado por su reducida inteligencia. No hubiesen caído en la tentación de juzgar y condenar a aquellos que no pensaban como ellos, ni de creer que los mejores discípulos de Dios eran precisamente los que pensaban como ellos. En el evangelio de Marcos hay que subrayar en primer término el contexto humano de la vocación de los discípulos: son hermanos, conciudadanos, relacionados entre sí por intereses comunes en el plano profesional y originarios de la misma región que Jesús. La vocación no es tan sólo sobrenatural; el llamamiento de Dios se puede leer también en el plano terrestre. Pero no por eso la vocación deja de ser fundamentalmente iniciativa del Maestro: los pescadores serán los mensajeros del juicio de Dios. El llamamiento de Jesús es imperativo, como para subrayar su poder, y los discípulos corresponden a él sin dilación, porque el reino es tan inminente que no cabe esperar. Por otra parte, al llamado corresponde la inmediatez de la correspondencia de los discípulos. En realidad, ellos estuvieron mucho tiempo titubeando, y no abandonaron definitivamente su profesión hasta después de la Resurrección. La forma en que Jesús llama tras él a sus discípulos es característica del nuevo estilo que el joven rabí quiere imponer a los suyos. Jesús se presenta como un caminante en marcha incesante para ir al más pobre y al más alejado, y exige a sus discípulos no tanto oídos ávidos y miradas entusiastas como aliento para andar y fuerza para encontrar al otro.

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Comentario al Evangelio – 24 de enero 2015

Decían que estaba fuera de sí

En aquel tiempo entró Jesús en la casa, y se reunió tal gentío que no podían ni comer. Sus familiares, que lo oyeron, salieron a calmarlo, porque decían que estaba fuera de sí.

REFLEXIÓN

Este breve pasaje es muy duro para la familia de Jesús, hasta el punto que varios exegetas han intentado ver en “los suyos” (v.21) no a los padres, sino a los discípulos de Jesús, y otros incluso han llegado a poner en boca de los discípulos el epíteto “ha perdido la cabeza” refiriéndose a la multitud y no a Jesús. Realmente parece que fue la familia de Jesús la que intervino y la que fue responsable del epíteto aludiendo a Jesús. A Marcos le gusta presentar a Jesús en un contexto de crisis, y así se explica esta anécdota referente a la familia del Maestro en que apunta a una ense- ñanza posterior. Jesús está en el centro de una serie de antagonismos e incredulidades. La única posibilidad de adhesión a él debe pasar por encima de la dependencia carnal y apoyarse en una dependencia espiritual forjada en la fe. El discípulo es casi siempre un aislado. Su madre, su hermana… tienden a limitar sus medios de expresión y a atraerle hacia la casa concreta y segura. Sin embargo el discípulo está llamado a romper con todas las estructuras que le impidan dedicarse a su misión, así provengan éstas de círculos tan cercanos como la familia, y abrirse a un nuevo mundo de relaciones basadas en la fe y en la convicción de ser elegido por Jesús.

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Comentario al Evangelio – 23 de enero 2015

Fue llamando a los que él quiso

Jesús subió a la montaña, fue llamando a los que él quiso, y se fueron con él. Nombró a doce (a quienes llamó apóstoles) para que convivieran con él y para enviarlos a predicar con poder para expulsar demonios. Nombró, pues, a los Doce. A Simón lo llamó Pedro; a Santiago de Zebedeo y a su hermano Juan, a quienes llamó Boanerges –que significa hijos del trueno–; Andrés y Felipe; Bartolomé y Mateo; Tomás, Santiago de Alfeo y Tadeo; Simón el cananeo y Judas Iscariote, el que también le traicionó.

REFLEXIÓN

El tema de la vocación lo presenta Marcos de manera general. La finalidad es que Jesús no sólo ha llamado a los Doce, sino que los ha instituido para hacer de ellos compañeros suyos y para “enviarlos” a predicar y arrojar a los demonios. Si la escritura siente predilección por el número doce es porque evoca para los judíos la idea de la iniciativa primera de Dios en la elección. Las tribus de los hebreos estaban inicialmente separadas unas de otras y hubo que recurrir a la organización de centros de culto para que se fueran acostumbrando a vivir como una unidad de doce al servicio del Dios a quien veneraban. Al escoger este número simbólico de compañeros para asociarlos a la fundación del pueblo nuevo, Jesús se mantiene fiel a este concepto, que tiene la ventaja de garantizar la trascendencia de la iniciativa de Dios.

Cada apóstol tiene su propio nombre y, por lo tanto, una identidad específica. Cada uno con sus fortalezas y sus debilidades, que tiene que ir descubriendo para un mayor y mejor servicio al llamado de seguimiento de Jesús. La vocación se concreta a medida que se va descubriendo la realidad de Jesús y de su ministerio: las primeras motivaciones no son siempre las más decisivas; sólo al cabo de una larga aventura se descubre finalmente que la muerte y la soberanía de Jesús constituyen los únicos móviles reales de un llamamiento al ministerio.

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Comentario al Evangelio – 22 de enero 2015

Tú eres el Hijo de Dios

Jesús se retiró con sus discípulos junto al lago. Le seguía una multitud desde Galilea, Judea, Jerusalén, Idumea, Transjordania y del territorio de Tiro y Sidón. Una multitud, al oír lo que hacía, acudía a él. Entonces dijo a los discípulos que le tuvieran preparada una barca, para que el gentío no lo apretujase. Ya que, como sanaba a muchos, los que sufrían achaques se le tiraban encima para tocarlo. Los espíritus inmundos al verlo caían a sus pies gritando: ¡Tú eres el Hijo de Dios! Y los reprendía severamente para que no lo descubrieran.

REFLEXIÓN

Este pasaje podría ser considerado como una especie de “sumario” del primer ministerio de Jesús en Galilea. Otro se halla en Mc 6, 53-56. Podemos esperar encontrar ahí los rasgos característicos de este ministerio, aunque un tanto idealizados. Marcos no ha tenido ocasión hasta ahora de presentar la enseñanza de Jesús: se ha limitado a su poder de curador y a su toma de posición frente a determinadas prácticas legalistas. Lo que equivale a decir que su éxito cerca de las multitudes es equívoco, porque éstas vienen en busca de curación y no para convertirse; y no comprenden que estos milagros son los signos precursores de la era mesiánica. Por otro lado, Marcos es el único en señalar (v.9) que Jesús retrocede un tanto en el tiempo respecto a esta multitud incrédula. La persona de Jesús despierta en el mundo actual los mismos tipos de reacciones y de conocimiento que en su época: desde la ceguera de algunos a la fe progresiva de otros, pasando por las motivaciones religiosas equívocas, las profesiones de fe rodeadas de ostentación. Es necesario que el creyente se imponga a veces a sí mismo el silencio, renuncie a determinadas manifestaciones exteriores de su fe que podrían ser mal interpretadas, y espere a su vez que la manifestación del reino se produzca por medio de la agonía y de la muerte.

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Comentario al Evangelio – 21 de enero 2015

¿Está permitido en sábado salvar la vida a un hombre?

Entró Jesús otra vez en la sinagoga, donde había un hombre que tenía la mano paralizada. Los fariseos lo vigilaban para ver si lo sanaba en sábado, con intención de acusarlo. Dijo Jesús al hombre de la mano paralizada: – Levántate y ponte en medio. Y les preguntó a ellos: – ¿Qué está permitido en sábado? ¿Hacer el bien o el mal? ¿Salvar la vida o dar muerte? Ellos callaban. Entonces Jesús los miró indignado, aunque entristecido por la dureza de sus corazones, y dijo al hombre: – Extiende la mano. El hombre la extendió y la mano quedó sanada. Los fariseos salieron inmediatamente y deliberaron con los herodianos cómo acabar con él.

REFLEXIÓN

Para Marcos el ministerio de Jesús ha adquirido rápidamente un aire polémico. El Maestro no ha tenido reparo en combatir la esclerosis de algunas instituciones religiosas como las reglas de pureza en las comidas, las del ayuno y del sábado, que son observadas al pie de la letra cuando ya no tienen razón de ser y carecen de significado. Jesús, en cambio, es consciente de que el honor de Dios recibe su mejor homenaje en la bondad, y no duda en hacer el bien para honrar el sábado. Por otro lado, ¿no es una manera más profunda de santificar este día el liberar de las cadenas del mal a un hombre, en vez de dejarlo en la esclavitud por un mal entendido honor de Dios? En Marcos, la ceguera del corazón designa la incapacidad del hombre para comprender determinados signos de Dios; no porque Dios le ponga impedimentos, sino, simplemente, porque el significado de tales signos es inaccesible para la mente humana si no recibe la ayuda del Espíritu y no la acepta. Por eso Jesús toma inmediata conciencia de las dificultades contra las que choca su misión, y calibra ya desde ahora su importancia: los judíos rechazarán su mensaje y, por consiguiente, se encontrarán incapacitados para ponerse al nivel de la palabra que Dios les envía por medio de él. A nosotros también nos puede pasar que, como los fariseos y herodianos, queramos incluso acabar con Jesús, porque no estemos de acuerdo con su mensaje o, simplemente, porque pongamos las normas y leyes por encima del ser humano.

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Comentario al Evangelio – 20 enero 2015

El sábado se hizo para el hombre, y no al revés

Un sábado, mientras Jesús atravesaba unos campos de trigo, los discípulos se pusieron a arrancar espigas. Los fariseos le dijeron: – Mira lo que hacen en sábado: ¡Algo prohibido! Jesús les respondió: – ¿No han leído lo que hizo David cuando él y sus compañeros pasaban necesidad y estaban hambrientos? Entró en la casa de Dios, siendo sumo sacerdote Abiatar, y comió los panes consagrados, que pueden comer sólo los sacerdotes, y los compartió con sus compañeros. Y añadió: – El sábado se hizo para el hombre, no el hombre para el sábado. De manera que el Hijo del Hombre es Señor también del sábado.

REFLEXIÓN

En Marcos se presenta muy bien la libertad con que actuaban Jesús y sus discípulos. No estaban tan apegados a las leyes, entre ellas la del sábado, que prohibía el arrancar espigas en dicho día. Pero esto no violaba la ley de Dios, sino las leyes meticulosas de los ancianos; sin embargo Jesús da una respuesta certera con una pregunta: ¿No han leído lo que hizo David cuando él y sus compañeros pasaban necesidad y estaban hambrientos? Obviamente sí habían leído lo que ocurrió en ese pasaje del Antiguo Testamento, pero no les interesaba en absoluto. Si David, al comer de los panes consagrados junto con sus compañeros, no recibió la reprobación de Dios, es decir, fue inocente frente a aquellas leyes, mucho menos los discípulos de Jesús serán condenados por los escrúpulos de unos pocos. Jesús tiene bien claro que ni el sábado ni cualquier ley deben estar por encima del ser humano. Cuando esto ocurre surgen la injusticia, la opresión, la desigualdad, que impiden al ser humano vivir como tal. Las leyes deben estar al servicio de la persona, y no por encima de ella. Deben ser para el bien de todos, y no para oprimir y esclavizar. Lo que tenemos que tomar en cuenta en nuestras vidas no es tanto qué está mal hacer en el Día del Señor, sino, más bien, ¿cómo puedo emplear mejor este día para gloria del Señor y el bien de la humanidad? Trabajemos para que las leyes y normas estén siempre al servicio de las personas, y no en contra de ellas. Esto es humanidad. 

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Comentario al Evangelio – 19 de enero 2015

Mientras tienen al novio no pueden ayunar

Un día que los discípulos de Juan y los fariseos estaban de ayuno fueron a decirle a Jesús: – ¿Por qué los discípulos de Juan y de los fariseos ayunan y tus discípulos no ayunan? Jesús les respondió: – ¿Pueden los invitados a la boda ayunar mientras el novio está con ellos? Mientras tienen al novio con ellos no pueden ayunar. Llegará un día en que el novio les será quitado, y aquel día ayunarán. Nadie usa un trozo de tela nueva para remendar un vestido viejo; porque lo nuevo añadido tira del vestido viejo, y la rotura se hace más grande. Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque el vino revienta los odres y se echan a perder odres y vino. A vino nuevo, odres nuevos.

REFLEXIÓN

Jesús está todavía al comienzo de su ministerio, y la disciplina que impone a sus discípulos choca y escandaliza a las multitudes porque nada tiene de la disciplina que los fariseos imponen a los suyos. Así, mientras los discí- pulos del Bautista y los discípulos de los fariseos observan determinados días de ayuno, los de Jesús parecen dispensarse de esta costumbre. De hecho, lo que aquí se plantea es el problema de la enorme independencia observada por Jesús y sus discípulos en materia de costumbres tradicionales y leyes, quienes se han mostrado siempre muy libres respecto al sábado o a las reglas de ablución (lavatorio). Jesús justifica esta actitud por medio de una declaración sobre la presencia del novio en su fiesta y a través de breves parábolas. Si los discípulos no ayunan es porque nada tienen que esperar, puesto que los tiempos mesiánicos ya han llegado. Las parábolas del vestido y de los odres nos proporcionan otra respuesta al asombro de los fariseos. La finalidad de las parábolas no es establecer una comparación: se limita a subrayar una incompatibilidad: no hay que asociar lo nuevo con lo viejo, bajo pena de perjudicar a lo uno o a lo otro. El nuevo pueblo que está naciendo por la Nueva Alianza hecha por Dios al ser humano por medio de Jesús, debe tener nuevas actitudes que superen las estructuras antiguas; estar abierto para que la manifestación de Dios a través de su Espíritu acontezca en nuestras vidas.