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Comentario al Evangelio – 4 de noviembre

Mt 7, 21.24-27: El que cumple la voluntad del Padre

No todo el que me diga: ¡Señor, Señor!, entrará en el reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre del cielo. Así pues, quien escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a un hombre prudente que construyó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, crecieron los ríos, soplaron los vientos y se abatieron sobre la casa; pero no se derrumbó, porque estaba cimentada sobre roca. Quien escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a un hombre tonto que construyó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, crecieron los ríos, soplaron los vientos, golpearon la casa y ésta se derrumbó. Fue una ruina terrible.

Ser creyente no es únicamente proclamar a los cuatro vientos la filiación religiosa a la que se pertenece. Tampoco se limita a asistir a actos litúrgicos. Ser cristiano es seguir a Jesús, asumiendo su estilo y su proyecto de vida. Es un proceso de configuración hasta llegar a adquirir la “estatura de Cristo”. Cuando el evangelio anunciado y vivido por Jesús se constituye en el proyecto de vida del creyente tiene consecuencias claras y concretas: comprometerse en el anuncio del Reino con “palabras y obras”, vivir con humildad y sencillez en medio de la comunidad, compadecerse del sufrimiento de los hermanos, compartir solidariamente con los necesitados, ser arquitectos del amor, la justicia y la paz, estar dispuesto a entregar la vida con generosidad por la causa de Jesús. En pocas palabras, vivir la experiencia del amor oblativo hasta el extremo, tal como lo hizo Jesús en su momento. No es una propuesta para superhéroes; cuando se hunde la exigencia en la persona de Jesús a través de la oración y la escucha asidua de la Palabra el camino se va abriendo poco a poco. Entonces podremos decir que hemos construido nuestra vida cristiana sobre roca firme: Jesús.

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Comentario al Evangelio – 3 de diciembre

Mt 15, 29-37: Jesús cura a muchos y multiplica los panes

Desde allí se dirigió al lago de Galilea, subió a un monte y se sentó. Acudió una gran multitud que traía cojos, lisiados, ciegos, mudos y otros muchos enfermos. Los colocaban a sus pies y él los sanaba. La gente quedaba admirada al ver que los mudos hablaban, los cojos caminaban, los lisiados quedaban sanados y los ciegos recobraban la vista. Y todos glorifi caban al Dios de Israel. Da de comer a cuatro mil (Mc 8,1-10) Jesús llamó a los discípulos y les dijo: –Me da lástima esta gente, porque llevan tres días junto a mí y no tienen qué comer. No quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino. 33Le dijeron los discípulos: –¿Dónde podríamos, en un lugar tan despoblado como éste, conseguir suficiente pan para toda esta gente? Jesús les preguntó: –¿Cuántos panes tienen? Ellos le contestaron: –Siete y algunos pescaditos. Él ordenó a la gente que se sentara en el suelo. Tomó los siete panes y los pescados, dio gracias, partió el pan y se lo dio a los discípulos; éstos se los dieron a la multitud. Comieron todos hasta quedar satisfechos; y con los restos llenaron siete canastos.

Mateo resume admirablemente la intensa actividad misionera de Jesús. Jesús se sienta y la gente acude a él con paralíticos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos enfermos. El evangelista hace caer en cuenta que la acción de Jesús es capaz de transformar el mal en un bien. Los ciegos ven, los paralíticos caminan, los sordos oyen, los mudos hablan, los enfermos sanan. Este hacer de Jesús despierta la admiración de la gente. En medio de la actividad Jesús pide a sus discípulos que den de comer a la gente que les sigue. El poco pan y pescado alcanza para todos y sobra. La predicación del Reino está respaldada por los signos y señales de Jesús. Su práctica es respaldada por su accionar. Su palabra salva, dignifica y reintegra a los afectados por cualquier clase de mal a la vida normal junto a los suyos. Hoy nos corresponde continuar la obra Salvadora de Jesús en nuestro mundo donde también hay muchos lisiados, mudos, sordos, ciegos que no pueden vivir dignamente. El evangelio que anunciamos
debe estar respaldado por acciones que ayuden a dignificar a las personas afectadas por tantos males. La evangelización va de la mano con la promoción humana.

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Comentario al Evangelio – 2 de diciembre

Lc 10, 21-24: Jesús, se llenó de la alegría del Espíritu Santo

En aquella ocasión, con el júbilo del Espíritu Santo, dijo: –¡Te alabo, Padre, Señor de cielo y tierra, porque, ocultando estas cosas a los sabios y entendidos, se las diste a conocer a la gente sencilla! Sí, Padre, ésa ha sido tu elección. Todo me lo ha encomendado mi Padre: nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre, y quién es el Padre, sino el Hijo y aquél a quien el Hijo decida revelárselo. Volviéndose aparte a los discípulos, les dijo: –¡Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven! Les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven, y no lo vieron; escuchar lo que ustedes escuchan, y no lo escucharon.

El texto comprende dos partes: la exclamación de Jesús y la exhortación a los discípulos. Su gratitud proviene de una actitud contemplativa profunda. Jesús constata que la voluntad de su Padre se revela en lo sencillo de la vida no en el poder ni en el prestigio. Es lo insignificante para los ojos del mundo lo que revela el rostro misericordioso y bondadoso de Dios. Jesús proclama bienaventurados a los discípulos porque han visto la fuerza de Dios actuando en la persona de Jesús, una fuerza que es amorosamente comunicada a los pequeños, los impuros y los excluidos. Como cristianos debemos aprender bien esta lección de Jesús. Saber descubrir la voluntad de Dios en los acontecimientos cotidianos de la vida que se desarrollan en medio de los hermanos. Para ello es necesario tener una actitud de pequeñez y humildad. De lo contrario es difícil captar la grandeza del amor de Dios actuando en torno nuestro. La tendencia normal es buscar a Dios en las grandes manifestaciones y movimientos que producen sensaciones agradables; pero qué difícil es buscarlo en las personas y en las situaciones de la vida que son insignificantes para los ojos del mundo. ¿Dónde buscas a Dios generalmente?

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Comentario al Evangelio – 1 de diciembre

Mt 8, 5-11: Vendrán muchos al reino de los cielos

Al entrar en Cafarnaún, un centurión se le acercó y le suplicó: –Señor, mi muchacho está postrado en casa, paralítico, y sufre terriblemente. Le dijo: –Yo iré a sanarlo. Pero el centurión le replicó: –Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Basta que digas una palabra y mi muchacho quedará sano.
También yo tengo un superior y soldados a mis órdenes. Si le digo a éste que vaya, va; al otro que venga, viene; a mi sirviente que haga esto, y lo hace. Al oírlo, Jesús se admiró y dijo a los que le seguían: –Les aseguro, que no he encontrado una fe semejante en ningún israelita. Les digo que muchos vendrán de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos.

Iniciamos otra semana y seguimos en compañía de Jesús, nuestro amigo y maestro. En el relato de hoy encontramos tres actitudes que nos deben llevar a revisar nuestras relaciones comunitarias:

1)  El centurión busca la salud, la vida para su servidor: a veces nuestras relaciones laborales se quedan fríamente en el pago por el esfuerzo; o veamos si nuestros jefes se preocupan tanto por nuestra vida que ellos mismos salen a buscarnos médico cuando necesitamos, o pensemos nosotros, si le buscamos ayuda a las personas que nos colaboran o trabajan para nosotros.

Es bueno salir de la mentalidad utilitarista y darnos cuenta que el otro es un ser humano y que ante todo está el cuidado, la preocupación por la vida.

2) El centurión es un romano que busca a Jesús: es un extranjero que quizá ha escuchado o ha visto la actuación de Jesús y lo busca, pide ayuda. Es importante también descubrir en nuestra vida social que los extranjeros aportan significativamente en la construcción del tejido social. Pero también hay que darnos cuenta del cuestionamiento de Jesús: lo siguen muchos judíos pero éste extranjero es quien lo busca, cree y confía. Quizá nos puede pasar que somos del grupo de los cumplidores pero ¿tenemos la suficiente confianza en Dios y nos movilizamos para cumplir su voluntad?

3) Con una palabra tuya bastará, dice el centurión: la palabra de Jesús da vida, salud, cuestiona, confronta, denuncia, orienta, consuela, da alegría, esperanza… ¿Nuestras palabras están en sintonía con las de Jesús? Capaz nos limitamos a dar órdenes, criticar, destruir, dividir…

La confianza en la palabra de Jesús es tan grande que no hace falta tocarlo. Sólo hay que escucharlo con disponibilidad interior para darle vida a sus palabras.

¿Qué intereses me mueven en mis búsquedas de Dios? ¿Mi comunidad es abierta y dispuesta a recibir “extranjeros”, personas que piensan y viven distinto? ¿Cuándo mis palabras transmiten vida y cuándo violencia? ¿Mis relaciones comunitarias se basan en utilitarismos?

Dejémonos acompañar por Jesús.

Abrazos y linda semana para tod@s!!!

German Villamizar; CMF

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Comentario al Evangelio – 30 de noviembre

Mc 13, 33-37: Velen, pues no saben cuándo vendrá el dueño

¡Estén atentos y despiertos, porque no conocen el día ni la hora! Será como un hombre que se va de su casa y se la encarga a sus sirvientes, distribuye las tareas, y al portero le encarga que
vigile. Así pues, del mismo modo ustedes, estén prevenidos porque no saben cuándo va a llegar el dueño de casa, si al anochecer o a media noche o al canto del gallo o de mañana; que, al llegar de repente, no los sorprenda dormidos. Lo que les digo a ustedes se lo digo a todos: ¡Estén prevenidos!

Ha llegado el tiempo de Adviento. Es hora de detenerse un momento y mirar atrás a fin de revisar la marcha de la vida. El primer domingo enfatiza sobre la esperanza. Es, por tanto, un tiempo para alentar la esperanza cristiana. El profeta Isaías levanta su voz hasta Dios para reconocer la infidelidad de su pueblo y clamar por su misericordia. El salmo es una súplica confiada a Dios para que en su infinita misericordia siga mostrando su rostro y los caminos de salvación. La experiencia de
Pablo en la comunidad de Corinto comienza con una oración de gratitud y alabanza a Dios por la gracia salvadora otorgada en la persona del Señor Jesús a todos los bautizados. La fe en Jesucristo se ha ido consolidando en cada creyente. El texto de Marcos es una llamada a la vigilancia. Forma parte del discurso escatológico. La finalidad de los discursos escatológicos en los evangelios es invitar a mantenerse siempre a la expectativa en la venida del hijo del hombre. No se sabe cuándo será el día ni
el lugar de la plena revelación del Reino, pero hay que estar preparados en todo momento.

El mensaje está dirigido no solo a los oyentes inmediatos de Jesús sino a los seguidores de todos los tiempos. La palabra más repetida en este texto es “velar”. La vigilancia debe seruna actitud natural en nuestra vida cristiana. Muchas personas manifiestan haber perdido el horizonte de su vida ante tantos problemas religiosos, sociales y familiares. Se sienten hundidos en un barco cuya esperanza de ser salvados se pierde en el caos. Pero la Palabra de Dios es siempre eficaz, consoladora y esperanzadora. A pesar de los momentos difíciles, de las crisis de fe, de las pérdidas de sentido de la vida, Dios está siempre presente, dispuesto a tendernos la mano en todo momento. La cuestión es estar siempre vigilantes, “despiertos”, Dios siempre es fiel, su gracia no falla. ¿Cómo podemos fortalecer en estos días de adviento nuestra fe y esperanza?

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Comentario al Evangelio – 29 de noviembre

Lc 21, 34-36: ¡Estén siempre despiertos!

Presten atención, no se dejen aturdir con el vicio, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, para que aquel día no los sorprenda de repente, porque caerá como una trampa sobre todos los habitantes de la tierra. Estén despiertos y oren incesantemente, pidiendo poder escapar de cuánto va a suceder, así podrán presentarse seguros ante el Hijo del Hombre.

Hemos llegado al final del año litúrgico; no hay luces, ni música, ni fiesta como se acostumbra al final del año civil; nuestro modo de celebrar el fin de año cristiano es muy diferente, es más de nuestro interior; nos basta con ser conscientes de que por un año más, el Señor nos permitió caminar de su mano, iluminados con su palabra, interpelados por su ejemplo de vida, y eso es más que un gran motivo para estar contentos y henchidos de gozo y gratitud. Mañana encontraremos una ambientación diferente en nuestro templo, otro color litúrgico, otras lecturas, otros cantos… todo lo cual nos
indica que estaremos dando inicio a un nuevo ciclo litúrgico. Dejemos ahora que resuenen en nuestro interior las palabras de Jesús: estén despiertos y oren incesantemente. Es la mejor forma de terminar el año, vigilantes y orantes para que poco a poco nuestro corazón se vaya haciendo más y más permeable y sensible a la Palabra que nos ilumina, y nuestros ojos más abiertos para ver la realidad que nos invita no pasar la vida en ese estado de inercia que no hace bien a nadie.

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Comentario al Evangelio – 28 de noviembre

Lc 21, 29-33: Cielo y tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán

Y les añadió una parábola: –Observen la higuera y los demás árboles: cuando echan brotes, se dan cuenta de que el verano está cerca. Igual ustedes, cuando vean que sucede eso, sepan que se acerca el reino de Dios. Les aseguro que no pasará esta generación antes de que suceda todo eso.Cielo y tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán.

Como es su costumbre, Jesús enseña siempre valiéndose de cosas tan simples y cotidianas como los brotes de las plantas que comienzan a indicar la cercanía de la primavera. A partir de esta imagen Jesús nos enseña a estar siempre atentos a los signos de los tiempos. Cuando vean que suceden estas cosas…: se está refiriendo Jesús a todo lo que acaba de anunciar en su discurso escatológico; nos toca a nosotros hoy determinar qué “cosas” están sucediendo, cuáles son los signos que están mostrando de algún modo la cercanía del Reino. El discípulo de Jesús no puede ser indiferente a todo lo que sucede a su alrededor.
Nuestro compromiso para el nuevo año que iniciaremos será intentar deshacernos de todo lo viejo para poder ver con mayor claridad lo nuevo que está brotando.

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Comentario al Evangelio – 27 de noviembre

Lc 21, 20-28: Habrá señales en el sol, la luna y las estrellas

Cuando vean a Jerusalén rodeada de ejércitos, sepan que está cercana su destrucción. Entonces los que estén en Judea escapen a los montes; los que estén dentro de la ciudad salgan al campo; los que estén en el campo no vuelvan a la ciudad. Porque es el día de la venganza, cuando se cumplirá todo lo que está escrito. ¡Ay de las embarazadas y de las que tengan niños de pecho aquel día! Sobre el país vendrá una gran desgracia y sobre este pueblo soplará la ira de Dios. Caerán a filo de espada y serán llevados prisioneros a todos los países. Jerusalén será pisoteada por paganos, hasta que la época de los paganos se termine. Habrá señales en el sol, la luna y las estrellas. En la tierra se angustiarán
los pueblos, desconcertados por el estruendo del mar y del oleaje. Los hombres desfallecerán de miedo, aguardando lo que le va a suceder al mundo; porque hasta las fuerzas del universo se tambalearán. Entonces verán al Hijo del Hombre que llega en una nube con gran poder y gloria. Cuando comience a suceder todo eso, enderécense y levanten la cabeza, porque ha llegado el día de su liberación.

A punto de concluir ya el discurso escatológico de Lucas, Jesús se refiere ahora a la ciudad de
Jerusalén y a su suerte. No es necesario discutir si esta es una predicción sobre su futura destrucción
o son palabras que el evangelista pone en boca de Jesús tiempo después de la destrucción en el año
70; recordemos que Lucas compone su evangelio algunos años después de la caída de Jerusalén. Es posible que los atropellos romanos, las persecuciones a los primeros cristianos y toda aquella agitación política, sean el trasfondo histórico de estas tradiciones cristianas que san Lucas reelabora para componer el discurso escatológico que pone en labios de Jesús. Es obvio que no podemos tomar al pie de la letra estas palabras, lo fundamental es tratar de encontrar la finalidad teológica y catequética que el evangelista quiere dar a este mensaje dirigido a las comunidades cristianas que pasan por tantas dificultades. Una cosa es incontestable: el auténtico discípulo no puede perder su esperanza y su confianza en su Señor, él estará siempre presente con los suyos hasta fin del mundo. Y esta es también la garantía para el evangelizador de hoy, pase lo que pase, Jesús estará siempre ahí.

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Comentario al Evangelio – 26 de noviembre

21, 12-19: Gracias a la constancia salvarán sus vidas

Pero antes de todo eso los detendrán, los perseguirán, los llevarán a las sinagogas y las cárceles, los conducirán ante reyes y magistrados a causa de mi nombre, y así tendrán la oportunidad de dar testimonio de mí. Háganse el propósito de no preparar su defensa; yo les daré una elocuencia y una prudencia que ningún adversario podrá resistir ni refutar. Hasta sus padres y hermanos, parientes y amigos los entregarán y algunos de ustedes serán ajusticiados; y todos los odiarán a causa de mi nombre. Sin embargo no se perderá ni un pelo de su cabeza. Gracias a la constancia salvarán sus vidas.

Éste relato sólo lo pueden comprender y asumir los que viven un seguimiento a Jesús de manera fiel. No, los que viven cómodamente, que rezan para tranquilizar la cabeza y nunca se comprometen en la defensa de la vida.

Seguir a Jesús en fidelidad implica un estilo de vida profético: de anuncio de esperanza y buenas noticias; de denuncia de todas las situaciones de muerte y de propuesta de sentido de vida. La vida profética y dinámica por seguir a Jesús nos llevará siempre al conflicto con todas las personas que viven cómodamente, que no se comprometen, que son indiferentes, que sólo buscan intereses personales, que tienen una relación con Dios superficial, que tienen el poder y dinero por encima de la vida…

Por tanto, el conflicto es sólo una consecuencia de seguimiento fiel a Jesús en la construcción del Reino, donde la vida sea plena para todos, sólo desde ahí porque hay muchos que viven en conflicto pero no por los valores del Reino sino por protagonismo, manipulación, autoritarismo…

Frente a estas situaciones de conflicto, persecución y traición a nivel familiar y social, Jesús nos da dos pautas:

*No tener miedo. El miedo paraliza, condiciona, hace mentir, hace traicionar, esclaviza, borra la esperanza y el futuro. Dios quita el miedo con la fuerza de su Espíritu y con lo que Él quiere del ser humano: que tenga vida en abundancia. Por tanto si Dios quiere que vivamos bien hay que enfrentar con valentía y testimonio las situaciones adversas.

*Esto sucederá para que puedan dar testimonio de mí. Muchos hablan y grandes discursos pero la vida va por otro lado, éstas situaciones difíciles hay que asumirlas como pruebas de mi fidelidad a Dios, de mi coherencia entre lo que digo y hago, de mi compromiso solidario con el que sufre, de mis convicciones. Nosotros estamos acostumbrados a juzgar a los demás por las acciones, bueno, entonces aprendamos a vivir en testimonio.

¿Vivo conflictos familiares o sociales por mi fidelidad a Dios? ¿En qué medida mi vida es profética? ¿Qué aprendo de los conflictos? ¿Mi vida es coherente y auténtica? ¿A qué situaciones tengo miedo?

Dejémonos acompañar por Jesús.

Abrazos!!!

German Villamizar, CMF

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Comentario al Evangelio – 25 de noviembre

Lc 21, 5-11: No quedará piedra sobre piedra

A unos que elogiaban las hermosas piedras del templo y la belleza de su ornamentación les dijo: –Llegará un día en que todo lo que ustedes contemplan será derribado sin dejar piedra sobre piedra. Le preguntaron: –Maestro, ¿cuándo sucederá eso y cuál es la señal de que está para suceder? Respondió: – ¡Cuidado, no se dejen engañar! Porque muchos se presentarán en mí nombre diciendo: Yo soy; ha llegado la hora. No vayan tras ellos. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones, no se asusten. Primero hade suceder todo eso; pero el fin no llega en seguida. Entonces les dijo: –Se alzará pueblo contra pueblo, reino contra reino; habrá grandes terremotos, en diversas regiones habrá hambres y pestes, y en el cielo señales grandes y terribles.

Se cuenta que cuando los constructores del famoso Titanic lo lanzaron al mar se escuchó la expresión “ni Dios será capaz de hundir semejante crucero”; en su primera travesía el barco chocó con un enorme témpano de hielo y antes del amanecer el Titanic era sólo un recuerdo. Algo parecido sentirían los piadosos judíos al contemplar la magnificencia del templo remodelado por el megalómano Herodes; no sabían que en cuestión de treinta o cuarenta años sólo quedarían ruinas. No tenemos que suponer que Jesús está prediciendo la destrucción del templo, tenemos más bien que entender el trasfondo de sus palabras: muchas veces las obras físicas se convierten en centro de atención de una religión, las instituciones llegan a tal crecimiento y poder que se consideran absolutas; olvidamos con mucha frecuencia que las obras humanas son simples medios a través de los cuales se podrán lograr muchas cosas, pero que de ahí no pasan. Muchas veces, esas resistencias al cambio, ese apego a las estructuras, esa resistencia a la evolución de los métodos evangelizadores, no es otra cosa que la absolutización de las obras humanas. No olvidemos lo importante, lo que no perece; revaluemos frecuentemente nuestra relación con lo material.

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Comentario al Evangelio – 24 de noviembre

Lc. 21, 1-4: Vio una viuda pobre que echaba dos reales

Levantando la vista observó a unos ricos que depositaban sus donativos en el arca del templo. Observó también, a una viuda pobre que ponía unas moneditas; dijo: –Les aseguro que esa pobre viuda ha puesto más que todos. Porque todos ésos han depositado donativos de lo que les sobraba; pero ella en su
pobreza, ha puesto cuanto tenía para vivir.

Los casos de desprendimiento y de solidaridad son casi siempre más frecuentes entre los menos favorecidos que entre aquellos que tienen mayores medios para sobrevivir. Uno puede ver especialmente entre las barriadas pobres de las grandes ciudades, actos verdaderamente conmovedores de solidaridad, de confianza absoluta en que “para todos hay”, tal vez porque estas personas confían plenamente en Dios, no en lo poco que tienen; a todos los une una experiencia de vida comunes: hambre, fracasos, desarraigos, rechazo social, carencia de tierra, de dinero… Este es quizás el caso de la viuda que llama la atención de Jesús: excluida, anónima, pero siempre confiada en Dios, no repara si su donación es infinitamente más pequeña de los ricos, lo importante es el ejercicio del desprendimiento, dar desde su necesidad, no desde lo que le sobra. Aquí está la clave de la falta de desprendimiento de los opulentos: ellos creen que no es suficiente lo que tienen, por eso siempre esperan tener más y por eso no se arriesgan a dar. El ejemplo de la viuda es una parábola viva para quienes aún pensamos que lo que tenemos es todavía insuficiente y nos desvelamos pensando cómo obtener un poco más.

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Comentario al Evangelio – 23 de noviembre

MT 25, 31-46: Vengan benditos de mi Padre

Cuando el Hijo del Hombre llegue con majestad, acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono de gloria y todas las naciones serán reunidas en su presencia. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Colocará a las ovejas a su derecha y a las cabras a su izquierda. Entonces el rey dirá a los de la derecha: Vengan, benditos de mi Padre, a recibir el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve
sed y me dieron de beber, era emigrante y me recibieron, estaba desnudo y me vistieron, estaba enfermo y me visitaron, estaba encarcelado y me vinieron a ver. Los justos le responderán: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, sediento y te dimos de beber, emigrante y te recibimos, desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado y fuimos a visitarte? El rey les contestará: Les aseguro que lo que hayan hecho a uno solo de éstos, mis hermanos menores, me lo hicieron a mí. Después dirá a los de su izquierda: Apártense de mí, malditos, vayan al fuego eterno preparado para el Diablo y
sus ángeles. 42 Porque tuve hambre y no me dieron de comer, tuve sed y no me dieron de beber, era emigrante y no me recibieron, estaba desnudo y no me vistieron, estaba enfermo y encarcelado y no me visitaron. Ellos replicarán: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, emigrante o desnudo, enfermo o encarcelado y no te socorrimos? Él responderá: Les aseguro que lo que no hicieron a uno de estos más pequeños no me lo hicieron a mí. Éstos irán al castigo perpetuo y los justos a la
vida eterna.

Llegamos hoy al último domingo del año litúrgico; y para celebrar este final del año, como lo debe hacer un buen discípulo, la Iglesia nos invita a volver nuestros ojos a ese Jesús con quien caminamos todo este año (y todos los tiempos) y a reconocerlo como Rey universal. Es apenas lógico que al final de todo reconozcamos su reinado absoluto, un reinado ganado a fuerza de servicio, de entrega, de
anonadamiento; no se trata, por tanto, de una simple “advocación”, es reconocimiento y adhesión al Único que puede regir nuestra vida. Y bien, lo primero que hemos de aceptar del reinado de Jesús sobre nosotros es su autoridad para juzgarnos, no necesariamente al final de los tiempos; sino en cada instante de nuestra vida; pero entendamos que ese “juicio” de Jesús sobre nosotros es completamente
distinto a cualquier juicio humano donde hay un acusado, un acusador y un juez que juzga y castiga y donde no sabemos a ciencia cierta si hay o no imparcialidad en el juicio. Bajo la guía de Jesús las cosas son muy diferentes, su “juicio” en realidad es presencia activa, acompañamiento constante; antes que juez, él es pastor y, como tal nos lleva en hombros, nuestro único compromiso es estar vigilantes
para saber hacer lo que es evangélico en todo momento, lo que hace que nuestras acciones sean una permanente comunión con él a través de los sujetos predilectos de él: los empobrecidos y marginados de este mundo. Ya hemos dicho en otros momentos que la perspectiva de nuestro final no nos puede llenar de miedo y, sobre todo, de incertidumbres. Muchos cristianos se amargan la vida pensando cómo será ese juicio, ese encuentro definitivo con Dios; con angustia muchos cristianos se preguntan si serán merecedores del cielo o del infierno; ¿por qué hemos de sentir miedo o preocupación y dudas, si ya Jesús nos ha dado las pautas que nos ayudan a tener clara certeza sobre cómo será ese encuentro con el Padre? A la luz del pasaje de Mateo que leemos hoy, queda claro que si hemos de ser juzgados, la
materia exclusiva de ese juicio será el amor; y la calidad de mi amor la determino yo a cada momento de mi vida; así que no hay lugar para sorpresas cuando nos encontremos cara a cara con Dios y con Jesús.