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Comentario al Evangelio – 3 de marzo 2015

Letrados y fariseos no hacen lo que dicen

Jesús, dirigiéndose a la multitud y a sus discípulos, dijo: – En la cátedra de Moisés se han sentado los letrados y los fariseos. Ustedes hagan y cumplan lo que ellos digan, pero no los imiten; porque dicen y no hacen. Atan fardos pesados, [difíciles de llevar,] y se los cargan en la espalda a la gente, mientras ellos se niegan a moverlos con el dedo. Todo lo hacen para exhibirse ante la gente: llevan cintas anchas y flecos llamativos en sus mantos. Les gusta ocupar los primeros puestos en las comidas y los primeros asientos en las sinagogas; que los salude la gente por la calle y los llamen maestros. Ustedes no se hagan llamar maestros, porque uno solo es su maestro, mientras que todos ustedes son hermanos. En la tierra a nadie llamen padre, pues uno solo es su Padre, el del cielo. Ni se llamen jefes, porque sólo tienen un jefe que es el Mesías. El mayor de ustedes, que se haga servidor de los demás. Quien se alaba, será humillado; quien se humilla, será alabado.

REFLEXIÓN

El día de hoy el evangelio presenta una lección de Jesús en torno a la coherencia de vida. El Maestro cuestiona la forma de actuar de los letrados y fariseos, que han hecho de los preceptos de la ley el único camino para acercarse al plan de Dios; pero ellos mismos han eludido sus propias cargas; mientras las imponen al pueblo, ellos no las cumplen. Con una vida incoherente hacen alarde de la ley y la cuelgan en las cintas de sus vestidos; les gustan los primeros puestos y se hacen llamar maestros. Estos comportamientos son una muestra del poder y de la idolatría a la que llegan los fariseos y letrados, sin hacer un mínimo esfuerzo por practicar la ley. En la Iglesia muchas veces hemos caído en la repetición de una catequesis centrada en verdades, mandamientos, reglas que desde niños aprendemos y repetimos, pero muy pocas veces cumplimos. La enseñanza de la fe cristiana no ha estado fundada en la práctica de la justicia, del respeto, del perdón, de la solidaridad; y eso ha hecho de nuestra iglesia una estructura fría y a veces poco comprometida con las causas de los más pequeños. Pongamos en las manos de Dios la vida de los servidores de la Iglesia: los obispos, los sacerdotes, los catequistas, los animadores cristianos, para que el Señor les acompañe en la misión de formarnos en la fe y en la práctica de una fe comprometida.

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Comentario al Evangelio – 2 de marzo 2015

Perdonen, y serán perdonados

Dijo Jesús: Sean compasivos, como es compasivo el Padre de ustedes. No juzguen, y no serán juzgados; no condenen, y no serán condenados. Perdonen, y serán perdonados. Den, y se les dará: recibirán una medida generosa, apretada, sacudida y rebosante. Porque con la medida que ustedes midan, serán medidos.

REFLEXIÓN

El evangelio de hoy plantea un desafío vital para los seguidores de Jesús. Ya no se trata tan sólo de no hacer el mal; ahora se nos ordena hacer el bien de la misma manera como se quisiera para uno mismo. El tiempo de cuaresma que estamos viviendo resulta oportuno para hacer una revisión profunda de dos aspectos de nuestra vida: la forma como nos relacionamos con los demás, y nuestra capacidad de perdón. Con respecto a la manera de relacionarnos, el evangelio nos pone por delante el derrotero del amor. No juzgar y no condenar son una clara invitación a comprender, a amar, incluso cuando los demás se equivoquen y el mundo nos juzgue o nos condene. Esta cuaresma es un tiempo propicio para avanzar en nuestra capacidad de amar y comprender: en la familia, en la comunidad cristiana y en la sociedad en general. Con respecto al perdón, bien sabemos que no es fácil acercarnos a un hermano para solicitarle que nos perdone, o para ofrecerle nuestro perdón por alguna falta cometida. El mundo de hoy está urgido de perdón y de amor. Ese proceso ha de comenzar en cada persona, en cada familia, en cada pequeña comunidad que puede ir dando pasos hacia la reconciliación. Pidámosle a Dios Padre que nos haga capaces de perdonar y comprender a los demás, como esperamos ser comprendidos y perdonados por ellos.

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Comentario al Evangelio – 1 de marzo 2015

Éste es mi Hijo amado

En aquel tiempo, Jesús se llevó aparte a Pedro, a Santiago y a Juan a una montaña elevada. Delante de ellos se transfiguró: su ropa se volvió de una blancura resplandeciente, tan blanca como nadie en el mundo sería capaz de blanquearla. Se les aparecieron Elías y Moisés conversando con Jesús. Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: – Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a armar tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías – No sabía lo que decía, porque estaban llenos de miedo –. Entonces vino una nube que les hizo sombra, y salió de ella una voz: – Éste es mi Hijo querido. Escúchenlo. De pronto miraron a su alrededor y no vieron más que a Jesús solo con ellos. Mientras bajaban de la montaña les encargó que no contaran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del Hombre resucitara de entre los muertos. Ellos cumplieron aquel encargo pero se preguntaban qué significaría resucitar de entre los muertos.

REFLEXIÓN

La Palabra señala hoy dos aspectos definitivos en nuestra formación cristiana. Un primer elemento es la estrecha relación entre fe y entrega como respuesta a los pedidos de Dios; y un segundo es captar la voz de Dios y reconocer la inmensidad de su amor, que llegó al extremo de entregar a su propio Hijo. En el Génesis encontramos a un hombre de fe profunda, en un momento histórico-cultural donde los cultos sacrificiales representan la respuesta efectiva del ser humano a la voluntad expresa de la divinidad. En ese contexto es explicable y entendible el comportamiento de Abrahán, quien nunca duda de que el sacrificio de su único hijo es la mejor respuesta que puede dar al pedido de Dios. Hasta ahí no hay una real novedad. Ella está en la respuesta de Dios ante la decisión de Abrahán. Dios se manifiesta a favor de la vida; y no sólo apuesta por la vida de Isaac, sino que promete a su fiel servidor una descendencia incalculable. La respuesta de Abrahán ante el llamado de Dios manifiesta el estrecho vínculo que hay entre la fe y la capacidad de entrega. Aquí se entretejen dos hilos fuertes: la familiaridad con que Dios se manifiesta, y una respuesta centrada en la entrega incondicional como manifestación del amor a Dios. En la segunda lectura, Pablo expresa con claridad el resultado de la relaciones de fidelidad entre la iglesia naciente y Dios. Ahí la confianza en el Dios Padre que resucitó a Jesús es un hecho inquebrantable. Dios realizó la manifestación más profunda: entregar al mundo su propio Hijo, que es Dios mismo, para que asumiendo la condición humana experimentara la injusticia, el dolor y la muerte con los pobres de su pueblo, en un intento por instaurar un mundo nuevo. El evangelio recoge un momento cumbre en la relación de Jesús con su pequeño grupo de discípulos. Tres de ellos han sido escogidos para ver la divinidad de Jesús, quien en compañía de Moisés y Elías afirma el compromiso liberador de Dios con la historia. Esta manifestación extraordinaria revela con voz clara que Jesús es el Hijo de Dios. Y quienes son portadores de este secreto tendrán que guardarlo para acompañar a Jesús en el último trayecto de su ministerio rumbo a Jerusalén. En la Transfiguración se realiza una actualización de la alianza de Dios con los oprimidos de la tierra. Moisés, Elías y Jesús representan la tradición de elegidos por Dios para liberar al pueblo. Se podría decir que es una actualización del compromiso de Dios con su pueblo, que exige necesariamente de éste un proceso de crecimiento que tiene que pasar por la conversión y avanzar hacia la santificación.

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Comentario al Evangelio – 28 de febrero 2015

Sean perfectos como es perfecto el Padre

Insistió Jesús: Ustedes han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, oren por sus perseguidores. Así serán hijos de su Padre del cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos y hace llover sobre justos e injustos. Si ustedes aman sólo a quienes los aman, ¿qué premio merecen? También hacen lo mismo los recaudadores de impuestos. Si saludan sólo a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? También hacen lo mismo los paganos. Por tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre de ustedes que está en el cielo.

REFLEXIÓN

El amor a los enemigos y a los perseguidores es un desafío de Jesús que marcará la diferencia entre su propuesta de vida y los comportamientos de muchos sectores de la sociedad de entonces y de todos los tiempos. Los méritos de amar sólo a los más cercanos quedan empobrecidos ante la novedad del amor incluso a quienes persiguen o hacen daño. Se trata de abrir el corazón ampliamente y dar paso a la auténtica reconciliación. La gran novedad del proyecto cristiano sustentado en el amor es que tiene como referente a Dios Padre, quien ama infinitamente a todos sus hijos. En su corazón no tienen lugar la desigualdad o el rencor; por el contrario, su corazón es como el sol que cobija afectuosamente a unos y otros. Esta característica del Dios cristiano no elimina el camino de la conversión; lo reconfigura con los códigos del amor y el perdón, pues sólo quien se siente fuertemente amado y perdonado es capaz de reproducir amor y perdón. Los seres humanos tenemos hoy por delante el desafío de contrarrestar tantos odios y violencias que se han generado a lo largo de las historias de nuestros pueblos. Establecer un nuevo modelo de relaciones será fruto, en especial, de procesos pequeños que involucren a la persona, la familia, la amistad, los círculos de trabajo, las comunidades eclesiales, en experiencias comunitarias de amor y en escuelas de perdón.

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Comentario al Evangelio – 27 de febrero 2015

Ve primero a reconciliarte con tu hermano

Y agregó Jesús: Porque les digo que si el modo de obrar de ustedes no supera al de los letrados y fariseos, no entrarán en el reino de los cielos. Ustedes han oído que se dijo a los antiguos: No matarás; el homicida responderá ante el tribunal. Pues yo les digo que todo el que se enoje contra su hermano responderá ante el tribunal. Quien llame a su hermano imbécil responderá ante el Consejo. Quien lo llame renegado incurrirá en la pena del infierno de fuego. Si mientras llevas tu ofrenda al altar te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja la ofrenda delante del altar, ve primero a reconciliarte con tu hermano y después vuelve a llevar tu ofrenda. Con quien tienes pleito busca rápidamente un acuerdo, mientras vas de camino con él. Si no, te entregará al juez, el juez al comisario y te meterán en la cárcel. Te aseguro que no saldrás hasta haber pagado el último centavo.

REFLEXIÓN

El texto comienza llamando la atención sobre el modo de obrar de la multitud, que debe superar las incoherencias de los letrados y fariseos, para quienes el cumplimiento de los preceptos y ritos de la ley primaba por sobre la convivencia justa y fraterna con los hermanos. La propuesta de Jesús centra su atención en el ser humano y su capacidad de amar, ese don de Dios puesto en el centro del corazón humano que no se puede atrofiar. Si ello sucede, se vician todas las relaciones y proyectos humanos, al punto de perder su trascendencia histórica y salvífica. Hoy estamos viendo y viviendo conflictos sociales, económicos y culturales que, llevados al extremo, han desencadenado guerras y muchas muertes. Ellas dan cuenta de la estrechez del corazón humano, que se ha dejado arrebatar su capacidad de amar por intereses mezquinos, que hacen cada vez más grande la distancia entre víctimas y victimarios en los proyectos de muerte. Hablar hoy de una auténtica reconciliación implica un proceso largo en el que se deben desmontar las estructuras inmorales e injustas que por siglos han gestado odios y rencores entre personas y pueblos enteros.

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Comentario al Evangelio – 26 de febrero 2015

Quien pide, recibe

Dijo Jesús: Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. Porque quien pide, recibe; quien busca, encuentra; a quien llama, se le abrirá. ¿Quién de ustedes, si su hijo le pide pan, le da una piedra? ¿O si le pide pescado, le da una culebra? Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más dará el Padre del cielo cosas buenas a los que se las pidan! Traten a los demás como quieren que los demás los traten. En esto consiste la ley y los profetas.

REFLEXIÓN

Las acciones de pedir, buscar y llamar, esbozadas en la primera parte del texto, se refieren a la actitud permanente que han de tener los seres humanos hacia Dios, quien no actúa indiferente ante estos clamores, sino que muestra su infinita bondad como respuesta amorosa a las peticiones, búsquedas y llamados de sus hijos. En segundo lugar el texto confronta a los posibles oyentes de Jesús, quien de manera magistral les recuerda la naturaleza de las relaciones padre-hijo, en las que regularmente los padres son bondadosos ante los pedidos de sus hijos. Esta relación natural va servir como herramienta para que hasta quienes se consideran “malos” sientan que en su corazón habita un hilo de amor que es tenido en cuenta por Dios. Hoy como ayer los seres humanos nos encontramos abocados a necesidades y urgencias de todo tipo. Esta realidad nos permite, por un lado, reconocer la finitud de nuestras posibilidades, y por otro nos exige un diálogo consciente y permanente con Dios a través de la oración. En ese sentido, pedir, buscar y llamar son actitudes que deben caracterizar nuestra espiritualidad. Hacer por los otros lo que queremos que los demás hagan por nosotros, es la clave para el desmonte de las estructuras egoístas que hoy reinan, y para dar paso a la civilización del amor y de la solidaridad. Sólo así estaremos en plena sintonía con el proyecto de Dios.

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Comentario al Evangelio – 25 de febrero 2015

Aquí hay alguien mayor que Jonás

La multitud se aglomeraba y Jesús se puso a decirles: – Esta generación es malvada: reclama una señal, y no se le concederá más señal que la de Jonás. Como Jonás fue una señal para los ninivitas, así lo será el Hijo del Hombre para esta generación. El día del juicio la reina del sur se alzará contra esta generación y la condenará; porque ella vino del extremo de la tierra para escuchar el saber de Salomón, y aquí hay alguien mayor que Salomón. El día del juicio los ninivitas se alzarán contra esta generación y la condenarán; porque ellos se arrepintieron por la predicación de Jonás, y aquí hay alguien mayor que Jonás.

REFLEXIÓN

En el evangelio de hoy Jesús hace una invitación a la conversión profunda sin necesidad de señales extraordinarias o de grandes espectáculos, que pudieran estar más cerca de lo mágico que de lo real. La gente de su generación, sobre todo sus opositores, estaban forzándolo para que hiciera obras prodigiosas y buscar así la manera de condenarlo. Sin embargo Jesús no accede a esa petición arrogante de aquéllos que se ufanan de conocer y valorar a los antiguos profetas, pero se resisten a escuchar la voz de los profetas que los cuestionan en el presente. En nuestros días sucede algo similar a los días de Jesús. Pareciera que estamos esperando a que Dios se manifieste mediante obras espectaculares y mágicas, y nos cuesta ver que todos los días Dios realiza milagros a lo largo y ancho del mundo, a través de seres humanos llenos de su Espíritu, los que con sus obras de solidaridad y entrega generosa anuncian y revelan de una manera sencilla el plan divino. Estas personas son la voz de Dios que realiza poco a poco el milagro de su voluntad, sin que sus acciones tengan algo de sobrenatural o mágico. El evangelio formula una invitación a la conversión y a la asimilación responsable del ministerio profético que como cristianos tenemos todos por el bautismo, pues el anunciar el reino de Dios en estos tiempos no puede ser tarea de unos pocos, sino responsabilidad de todos y cada uno.

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Comentario al Evangelio – 24 de febrero 2015

Ustedes recen así

Dijo Jesús: Cuando ustedes recen no sean charlatanes como los paganos, que piensan que por mucho hablar serán escuchados. No los imiten, pues el Padre de ustedes sabe lo que necesitan antes de que se lo pidan.

Ustedes oren así:

¡Padre nuestro que estás en el cielo!
Santificado sea tu Nombre,
venga tu reino,
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo;
danos hoy
nuestro pan de cada día,
perdona nuestras ofensas
como también
nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación
y líbranos del mal.
Pues si perdonan a los demás las ofensas, su Padre del cielo los perdonará
a ustedes; pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará
a ustedes.

REFLEXIÓN

Cada una de las expresiones que conforman la oración del Padre Nuestro es una síntesis de la forma como Jesús comprende a Dios y del reconocimiento de la finitud humana, que requiere de la intervención de Dios. “Padre nuestro que estás en el cielo”: es una forma cercana, familiar de referirse a Dios, que no es Padre de unos pocos, sino de todos. “Santificado sea tu Nombre”: es reconocer su trascendencia; la santidad del nombre está íntimamente ligada a la santidad del ser. “Venga tu reino”: la venida del reino de Dios Padre obedece a un proceso de disposición que implica la conversión integral del ser humano y la transformación definitiva de las estructuras sociales para hacer más digna la convivencia humana. “Hágase tu voluntad”: solicitar que se realice la voluntad de Dios en la tierra es poner siempre el orden temporal abierto a la intervención del Padre de la historia y llenar las estructuras sociales de justicia y derecho. “Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos”: el perdón está en el centro del proyecto de Dios; pero él lo condiciona a la forma como nosotros seamos capaces de perdonar a los demás. “No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal”: no es otra cosa que reconocer que muchas de las tentaciones-ofertas, las estructuras y comportamientos humanos han sido levantados sobre la injusticia, la muerte, la guerra, el hambre, la exclusión. De esos males Dios puede librarnos, pero invita a la humanidad a que luche por construir otro mundo posible que supere esas maldades y avance hacia la santidad, reflejo de él.

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Comentario al Evangelio – 23 de febrero 2015

Vengan, benditos de mi Padre, a recibir el reino

Dijo Jesús: Cuando el Hijo del Hombre llegue con majestad, acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono de gloria y todas las naciones serán reunidas en su presencia. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Colocará a las ovejas a su derecha y a las cabras a su izquierda. Entonces el rey dirá a los de la derecha: Vengan, benditos de mi Padre, a recibir el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, era emigrante y me recibieron, estaba desnudo y me vistieron, estaba enfermo y me visitaron, estaba encarcelado y me vinieron a ver. Los justos le responderán: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, sediento y te dimos de beber, emigrante y te recibimos, desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado y fuimos a visitarte? El rey les contestará: Les aseguro que lo que hayan hecho a uno solo de éstos, mis hermanos menores, me lo hicieron a mí. Después dirá a los de su izquierda: Apártense de mí, malditos, vayan al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me dieron de comer, tuve sed y no me dieron de beber, era emigrante y no me recibieron, estaba desnudo y no me vistieron, estaba enfermo y encarcelado y no me visitaron. Ellos replicarán: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, emigrante o desnudo, enfermo o encarcelado y no te socorrimos? El responderá: Les aseguro que lo que no hicieron a uno de estos más pequeños no me lo hicieron a mí. Estos irán al castigo perpetuo y los justos a la vida eterna.

REFLEXIÓN

El evangelio presenta a Jesús en una triple condición: de Pastor, Rey y Juez, tres formas particulares de comprenderlo en el marco del proyecto del reino de Dios. El relato evangélico es rico en una simbología proyectada al fin de los tiempos. Se muestra una corte real donde el rey es a la vez juez, y unos enjuiciados, en este caso las naciones, que representan a la humanidad entera. El juicio representa la venida gloriosa del Hijo de Dios para dar plenitud a la historia. El tiempo de cuaresma nos abre a una escucha atenta de la Palabra de Dios, que el día de hoy nos llama a una revisión profunda de nuestros proyectos de vida, y concretamente de nuestras actitudes y comportamientos ante las necesidades humanas del hambre, la sed, el destierro, la desnudez, la enfermedad y la pérdida de la libertad. Nuestra cercanía al proyecto de Dios no depende tanto de nuestras prácticas rituales o cultuales, sino de nuestra capacidad de solidarizarnos con quienes padecen dolores o necesidades graves y urgentes, son víctimas de la injusticia y exclusión. Es el rostro de Dios mismo exigiéndonos sensibilidad y acción cristiana.

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Comentario al Evangelio – 22 de febrero 2015

Fue tentado por Satanás y los ángeles le servían

En aquel tiempo, el Espíritu llevó a Jesús al desierto, donde pasó cuarenta días y fue tentado por Satanás. Vivía con las fieras y los ángeles le servían. Cuando arrestaron a Juan, Jesús se dirigió a Galilea a proclamar la Buena Noticia de Dios diciendo: –Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios: arrepiéntanse y crean en la Buena Noticia.

REFLEXIÓN

En la primera lectura es evidente una alianza cósmica, donde Dios expresa amorosamente al pueblo, representado en Noé y sus hijos, que ha comenzado un tiempo de armonía y de nuevas oportunidades en las que él mismo está dispuesto a acompañarles. La segunda lectura nos ubica en el contexto de las comunidades cristianas que nacieron en ambientes no judíos y que son perseguidas por haber asumido la fe cristiana. La fuerza de esta parte de la carta está en la redención definitiva realizada en Jesucristo, quien con su muerte y resurrección ha triunfado sobre todo mal. Por otra parte, Pedro llama la atención de la comunidad cristiana para que se mantenga firme en la fe a pesar de las adversidades. No basta con hacer el bien; es necesario estar vigilantes a las estrategias que los poderosos tienen para perseguir a los justos, pues fueron los poderosos los que llevaron a Jesús a la muerte. El evangelio de Marcos nos sitúa en el inicio del ministerio público de Jesús. Es un relato muy corto que sintetiza lo que pasa con el Maestro inmediatamente después del bautismo en el Jordán: su estada y tentación en el desierto, la captura de Juan el Bautista y la proclamación de la Buena Noticia en la cercana Galilea. Su gran finalidad: anunciar el reino. El mismo Jesús pasa por un proceso largo de apropiación del proyecto del Padre. Los cuarenta días en el desierto viviendo entre fieras y servido por ángeles, revelan un panorama de tensiones y conflictos internos por los que pasa todo ser humano antes de tomar una decisión definitiva. Jesús formula otra condición necesaria para aceptar el reino: se trata de la conversión. Su experiencia en el desierto está dejando en claro que es a los poderes egoístas de la tierra a los que los seres humanos tienen que renunciar de manera consciente, para dar paso al proyecto del reino, que es radicalmente diferente, pues se funda en el amor, la verdad, la justicia y la solidaridad. Las lecturas nos ayudan, entonces, a estimular nuestra propia conversión personal, familiar y comunitaria, teniendo siempre presente ese proceso consciente en el que hemos de asumir con responsabilidad todos nuestros actos y reconocer con humildad que en la sociedad de hoy vivimos permanentemente tentados por el poder, el tener y el placer; y que cuando sucumbimos ante tales tentaciones, posibilitamos el caos, la desigualdad y la injusticia. No podemos olvidar nuestra condición de bautizados, que nos vincula vitalmente con el proyecto de Jesús y nos da la posibilidad de estar renovando nuestra existencia a través de la conversión de corazón, abriéndonos cada vez más a los desafíos de los tiempos.

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Comentario al Evangelio – 21 de febrero 2015

Dejándolo todo, se levantó y le siguió

Al salir vio a un recaudador de impuestos, llamado Leví, sentado junto a la mesa de recaudación de los impuestos. Le dijo: – Sígueme. Dejándolo todo, se levantó y le siguió. Leví le ofreció un gran banquete en su casa. Había un gran número de recaudadores de impuestos y otras personas sentados a la mesa con ellos. Los fariseos y letrados murmuraban y preguntaban a los discípulos: – ¿Cómo es que comen y beben con recaudadores de impuestos y pecadores? Jesús les replicó: – No tienen necesidad del médico los que tienen buena salud, sino los enfermos. No vine a llamar a justos, sino a pecadores para que se arrepientan.

REFLEXIÓN

Este pasaje describe la comida que reúne a Jesús, sus discípulos y algunos pecadores, inmediatamente después de la llamada de Mateo. Se afirma que el mismo Mateo había organizado el banquete, y Lucas precisa que lo hizo en forma suntuosa. Algunos fariseos se asombran ante los discípulos de que su Maestro coma con pecadores. Jesús declara entonces que él ha venido para los enfermos y los pecadores, y no para los sanos y justos. Jesús piensa, sin duda, en esos “justos” que son incapaces de trascender la noción de justicia para llegar a reconocer la misericordia de Dios. Su actitud recuerda la de los obreros de la viña que reclamaron por la paga de los que trabajaron menos, o la del hijo mayor celoso por la bondad del padre hacia el hijo pródigo que más lo necesitaba; o a la del fariseo que se ufana de pagar con justicia hasta el más pequeño diezmo, pero desprecia el recurso del publicano a la misericordia. Jesús opone entonces a una actitud reducida a la mera justicia del hombre, otra actitud basada en la misericordia. Recuerda que los profetas ya han rechazado el valor de los ritos, declarándolos incluso totalmente anulados en provecho de una fe basada en el amor y la misericordia. Los nuevos discípulos de Jesús deben anunciar el reino desde el criterio fundamental de la inclusión, sobre todo respecto de quienes han sido marginados por los hombres y por las estructuras sociales, políticas y religiosas.

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Comentario al Evangelio – 20 de febrero 2015

Cuando se lleven al novio, entonces ayunarán

Se le acercaron los discípulos de Juan y preguntaron a Jesús: – ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos mucho mientras que tus discí- pulos no ayunan? Jesús les respondió: – ¿Pueden los invitados a la boda estar tristes mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que les arrebaten el novio, y entonces ayunarán.

REFLEXIÓN

El pasaje evangélico al que pertenecen estos versículos describe el banquete que Mateo el publicano ofreció a Jesús y a sus discípulos a raíz del llamamiento que el Maestro le hizo a seguirlo. Los fariseos, en los vv. 11-13, planteaban su crítica por la participación de Jesús en la mesa con los pecadores; los vv. 14-15 tocan el tema del ayuno. Entre tanto, los interlocutores de Jesús han cambiado: en nuestro pasaje de hoy, los “discípulos de Juan” suceden a los fariseos. Y se extrañan de que Jesús y sus discípulos no ayunen como lo hacen ellos mismos, de una manera rigurosa que supera ampliamente las observancias judías relativas a los ayunos. La respuesta de Jesús pone de relieve que los discípulos de Juan Bautista no han descubierto aún en Jesús al “novio” mesiánico. Porque, si lo hubieran hecho, habrían comprendido que de ahora en adelante el ayuno no tiene el mismo significado. El ayuno está relacionado con el tiempo de la espera; Jesús mismo ha ayunado en el desierto, resumiendo en sí la larga preparación de la humanidad hacia la instauración del reino. Pero, cuando comienza su ministerio público, Jesús puede decir con toda razón que el reino ya está allí; ha llegado el novio, y no conviene que los “amigos del novio” ayunen mientras el novio está con ellos. Hasta después de la Resurrección no volverá a tener sentido el ayuno.