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Comentario al Evangelio – 23 de abril 2018

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Jn 10,1-10: Yo soy la puerta de las ovejas

Adalberto, mártir (997) Jorge, mártir (303) Primera lectura: Hch 11,1-18 Dios les ha concedido la conversión Salmo responsorial: Sal 41,2-3; 42,3-4

En aquel tiempo dijo Jesús a los fariseos: Les aseguro: el que no entra por la puerta al corral de las ovejas, sino saltando por otra parte, es un ladrón y asaltante. 2El que entra por la puerta es el pastor del rebaño. 3 El cuidador le abre, las ovejas oyen su voz, él llama a las suyas por su nombre y las saca. 4 Cuando ha sacado a todas las suyas, camina delante de ellas y ellas le siguen; porque reconocen su voz. 5 A un extraño no le siguen, sino que escapan de él, porque no reconocen la voz de los extraños. 6 Ésta es la parábola que Jesús les propuso, pero ellos no entendieron a qué se refería. 7 Entonces, les habló otra vez: Les aseguro que yo soy la puerta del rebaño. 8 Todos los que vinieron [antes de mí] eran ladrones y asaltantes; pero las ovejas no los escucharon. 9 Yo soy la puerta: quien entra por mí se salvará; podrá entrar y salir y encontrar pastos. 10El ladrón no viene más que a robar, matar y destrozar. Yo vine para que tengan vida, y la tengan en abundancia.

Comentario

El evangelista presenta a Jesús como la Puerta de las ovejas. Es un hermoso cuadro con el que se sigue ampliando la idea fundamental de que solo en Jesús hay salvación. Esta manera en la que Jesús se presenta es clave para comprender la acción que Dios está haciendo por medio de Él. El pueblo de Israel ha vivido, de manera desastrosa, la experiencia religiosa. A tal punto que la religión en vez de producir liberación y vida había generado a lo largo de la historia, esclavitud y muerte. Jesús se presenta, autorizado por el Padre Dios, como la Puerta. Es decir como aquel que da vida, seguridad y salvación, a diferencia de lo que hacían otros grupos o personajes de Israel, a quien el mismo Jesús ha llamado de manera categórica: “ladrones”. Hoy, muchos de nosotros podemos estar bebiendo agua en estanques malsanos. Volvamos la mirada, la mente, el corazón y toda la existencia hacia Jesús. Él ha venido a darnos la salvación. En este tiempo de Pascua volvamos nuestro ser hacia Dios. Entremos por la Puerta.

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Comentario al Evangelio – 22 de abril 2018

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Jn 10,11-18: El Buen Pastor da la vida por sus ovejas

4º de Pascua Sotero, papa y mártir (175) Cayo, papa y mártir (296) Primera lectura: 1Pe 5,1-4 Presbítero y testigo de Cristo Salmo responsorial: Sal 22,1-6 Segunda lectura: 1Jn 3,1-2 Veremos a Dios tal cual es.

En aquel tiempo dijo Jesús: Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. 12El asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, cuando ve venir al lobo, escapa abandonando las ovejas, y el lobo las arrebata y dispersa. 13Como es asalariado no le importan las ovejas. 14Yo soy el buen pastor: conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí, 15como el Padre me conoce y yo conozco al Padre; y doy la vida por las ovejas. 16Tengo otras ovejas que no pertenecen a este corral; a ésas tengo que guiarlas para que escuchen mi voz y se forme un solo rebaño con un solo pastor. 17Por eso me ama el Padre, porque doy la vida, para después recobrarla. 18Nadie me la quita, yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y para después recobrarla. Éste es el encargo que he recibido del Padre.

Comentario

En este cuarto domingo de Pascua la liturgia de la palabra nos presenta a Jesús como único y exclusivo salvador de la persona humana, de la creación y de todo cuanto existe. En ningún otro hay salvación, solo en Él. Este es un tema que se va a desarrollar en toda la reflexión teológica elaborada en cada una de las comunidades del Nuevo Testamento. Es de suprema importancia asumir que el tema de Jesús como salvador se desarrolló después del acontecimiento de la Resurrección, aunque fue percibido por sus seguidores mientras vivían con Él. Será la experiencia vivencial del Resucitado, en la intimidad de cada uno de los discípulos, la que los lleve a reconocer comunitariamente que solo en Jesús hay salvación. Pero toda la realidad de la salvación no es un simple dato que dan los escritores del Testamento Cristiano. Tampoco se puede comprender como una realidad fría que no tiene relación con la historia y las complejidades de la vida humana. Los que han experimentado la resurrección de Jesús en sus vidas, reconocen que Dios les estaba comunicando su propia intimidad desde el momento en que se encontraron históricamente con Jesús de Nazaret. El encuentro histórico con Jesús fue la primera experiencia de salvación que comenzaron a percibir y sentir.

Los evangelistas, quienes trataron de presentar la vida de Jesús un poco más organizada, narran que el encuentro con el Maestro producía un cambio radical de estructura de las personas. Que al contacto con Jesús, la vida no volvía a ser la misma, que encontrarse con Él era como encontrase con el mismo Dio. Fue ese primer grupo de seguidores quienes comenzaron a percibir en Él a quien trae la salvación que la humanidad entera estaba esperando desde siempre.

Hoy se nos presenta Jesús como el Buen Pastor, y en verdad lo es. Toda la vida, obra y forma particular de ser del Maestro, deja entrever que la relación que tiene con los suyos, es igual a la del pastor con sus ovejas. Jesús mismo ratificará esa manera de ser, no con simples discursos de tipo romántico o motivacionales. Jesús ratificará con la entrega generosa de su existencia que es el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas.

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Comentario al Evangelio – 21 de abril 2018

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Jn 6,60-69: Tú tienes palabras de vida eterna

Anselmo (1109) Primera lectura: Hch 9,31-42 La Iglesia se iba multiplicando Salmo responsorial: Sal 115,12-17

En aquel tiempo, muchos de los discípulos que lo oyeron comentaban: Este discurso es bien duro: ¿quién podrá escucharlo? 61Jesús, conociendo por dentro que los discí- pulos murmuraban, les dijo: ¿Esto los escandaliza? 62¿Qué será cuando vean al Hijo del Hombre subir a donde estaba antes? 63El Espíritu es el que da vida, la carne no vale nada. Las palabras que les he dicho son espíritu y vida. 64Pero hay algunos de ustedes que no creen. Desde el comienzo sabía Jesús quiénes no creían y quién lo iba a traicionar. 65Y añadió: Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí si el Padre no se lo concede. 66Desde entonces muchos de sus discípulos lo abandonaron y ya no andaban con él. 67Así que Jesús dijo a los Doce: ¿También ustedes quieren abandonarme? 68Simón Pedro le contestó: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. 69Nosotros hemos creído y reconocemos que tú eres el Consagrado de Dios.

Comentario

¿A quién iremos? Solo tú tienes palabras de vida eterna. Esta afirmación pronunciada por Pedro sigue siendo una palabra vigente para la vida cristiana de todos los bautizados. El Espíritu del Resucitado es el único que puede dar vida en abundancia. Es el único que puede hacer posible la transformación total de la raíz egoísta que carcome el corazón de las personas. El itinerario de la Pascua tendría que generar en la vida de cada creyente la posibilidad de ir derrotando la raíz del egoísmo permitiéndonos abrir una dimensión más solidaria y comunitaria en nuestra vida. Estar con Jesús, asumir que Él tiene palabras de vida eterna, tiene que manifestarse en formas concretas e históricas a nivel personal y social. Solo una vida expresada en solidaridad y comunidad es creíble como vida nacida y adherida a Dios. Las palabras de Pedro traen consuelo al pueblo latinoamericano que tiene sus “venas abiertas”: niños que viven en la calle, jóvenes que padecen adicciones, y tantos que sufren de muchas maneras.

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Comentario al Evangelio – 20 de abril 2018

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Juan 6,52-59: Mi carne es verdadera comida

Inés de Montepulciano (1317) Primera lectura: Hch 9,1-20 Pablo es un elegido para el evangelio Salmo responsorial: Sal 116,1-2

En aquel tiempo, los judíos se pusieron a discutir: ¿Cómo puede éste darnos de comer su carne? 53Les contestó Jesús: Les aseguro que si no comen la carne y beben la sangre del Hijo del Hombre, no tendrán vida en ustedes. 54Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día. 55Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. 56Quien come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. 57Como el Padre que me envió vive y yo vivo por el Padre, así quien me come vivirá por mí. 58Éste es el pan bajado del cielo y no es como el que comieron sus padres, y murieron. Quien come este pan vivirá siempre. Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.

Comentario

El evangelio de Juan sigue ahondando en el tema de Jesús verdadera comida. Hemos de asumir esta insistencia de manera crítica y profética y hacernos varias preguntas: ¿Por qué en el tiempo de la Pascua se insiste tanto en Jesús como verdadera comida? ¿Qué sentido tiene para la vida de un creyente asumir a Jesús como el verdadero alimento que da la vida eterna? Si logramos comprender la lógica pascual, entonces podremos comenzar el itinerario de adhesión total al proyecto de Dios. En este tiempo de Pascua la Iglesia nos invita a asumir con criterio evangélico al Crucificado-Resucitado. El creyente está llamado a aceptar a Jesús, muerto en la cruz y resucitado por el amor infinito del Padre, con toda la mente, los sentimientos y la acción. De esta manera el bautizado comienza en esta historia a vivir la vida eterna que ofrece Dios a todos los que acepten a Jesús como Aquel que revela el misterio del Padre. Que en esta Pascua nos dispongamos a comer el proyecto de Jesús, para poder ser como Él.

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Comentario al Evangelio – 19 de abril 2018

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Jn 6,44-51: Yo soy el pan vivo bajado del cielo

Expedito, mártir (303) Primera lectura: Hch 8,26-40 Siguió su viaje lleno de alegría Salmo responsorial: Sal 65, 8-9.16-17.20

En aquel tiempo dijo Jesús a los judíos: Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré el último día. 45Los profetas han escrito que todos serán discípulos de Dios. Quien escucha al Padre y aprende vendrá a mí. 46No es que alguien haya visto al Padre, sino el que está junto al Padre, ése ha visto al Padre. 47Les aseguro que quien cree tiene vida eterna. 48Yo soy el pan de la vida. 49Sus padres comieron el maná en el desierto y murieron. 50Éste es el pan que baja del cielo, para que quien coma de él no muera. 51Yo soy el pan vivo bajado del cielo. Quien coma de este pan vivirá siempre. El pan que yo doy para la vida del mundo es mi carne.

Comentario

Jesús se ofrece como alimento. Él es la verdadera comida que quita el hambre y alimenta (capacita) para hacer la voluntad del Padre. Pero no podemos entender el tema de la comida de cualquier forma. Para Juan y su comunidad, Jesús es el verdadero alimento porque es al mismo tiempo arquetipo (principio de todo), paradigma (ejemplo a seguir) y parámetro (la medida o norma) para ser fieles al proyecto de Dios, a la causa del Reino. Quien conoce a Jesús, quien se adhiere a Él, quien hace el camino discipular cumpliendo sus mandatos, es quien come el alimento que da vida eterna. Juan nos invitas a aceptar a Jesús en la vida pero no de forma teórica, cultual o catequéticadoctrinal, sino de manera existencial. Para que siguiéndolo podamos ser testigos ante el mundo de la acción del Padre.

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Comentario al Evangelio – 18 de abril 2018

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Jn 6,35-40: Ésta es la voluntad del Padre

Francisco Solano, misionero (1610) Primera lectura: Hch 8,1-8 Iban difundiendo el Evangelio Salmo responsorial: Sal 65,1-7

En aquel tiempo dijo Jesús a la gente: Yo soy el pan de la vida: el que viene a mí no pasará hambre, el que cree en mí no pasará nunca sed. 36Pero ya les he dicho: ustedes [me] han visto y sin embargo no creen. 37Los que el Padre me ha confiado vendrán a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera; 38porque no bajé del cielo para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. 39Y ésta es la voluntad del que me envió, que no pierda a ninguno de los que me confió, sino que los resucite [en] el último día. 40Porque ésta es la voluntad de mi Padre, que todo el que contempla al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré [en] el último día.

Comentario

Por mucho tiempo hemos creído que la fe es una cosa complicada. Se creyó que complicando a Dios, o a Jesús, se era mucho más coherente y fiel al acontecimiento de la fe. Los cristianos podemos afirmar que Jesús simplificó a Dios. Él pasó la vida manifestando que Dios es simple, sencillo, asequible, que no coloca barreras para que todos, sin distinción, podamos acceder a Él. A la gente del tiempo de Jesús le costaba comprender que Él manifestaba a Dios; no lo creían, ni lo aceptaban por su simplicidad y sencillez. También a nosotros nos cuesta entender a Dios de la misma forma que lo reveló Jesús de Nazaret. Somos amigos de una imagen de Dios y de una experiencia de fe que nos produce miedo, angustia y caos. Olvidamos que Jesús nos invita a una experiencia de fe de alegría, de resurrección, de gozo en el espíritu, que nace de una intimidad profunda entre la persona y Dios. Estar unido a Jesús es garantía de unión total con el Padre Dios.

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Comentario al Evangelio – 17 de abril 2018

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Jn 6,30-35: Mi Padre da el verdadero pan

María de la Encarnación (1618) Primera lectura: Hch 7,51-8,1 Señor, recibe mi espíritu Salmo responsorial: Sal 30,3c-4.6-8.17.21

En aquel tiempo la gente preguntó a Jesús: ¿Qué señal haces para que veamos y creamos? ¿En qué trabajas? 31Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo. 32Les respondió Jesús: Les aseguro, no fue Moisés quien les dio pan del cielo; es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo. 33El pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo. 34Le dijeron: Señor, danos siempre de ese pan. 35Jesús les contestó: Yo soy el pan de la vida: el que viene a mí no pasará hambre, el que cree en mí no pasará nunca sed.

Comentario

Jesús es el verdadero alimento, el verdadero pan. Quien lo coma no volverá a tener hambre. Estar unidos a Jesús es la garantía de la fidelidad a la causa del Padre. Esta fidelidad a Jesús necesita ser alimentada por la voluntad de Dios. Jesús es la expresión concreta de lo que Dios quiere de sus hijos. La experiencia de ser creyente es una realidad que se va formando en la persona de manera paulatina. El ser humano es el resultado de lo que come y de lo que bebe. Si comemos el cuerpo de Cristo y bebemos su sangre, no solamente como mero acto cultual o litúrgico, sino buscando vivir, actuar y hacer lo que Jesús hizo, entonces podremos decir que hemos comenzado un itinerario de adhesión a la voluntad del Padre celestial. Vivamos en nuestra vida de cristianos la experiencia de la cristificación. Abrámonos a la acción del Espíritu para ser saturados del Crucificado-Resucitado y manifestemos al mundo la acción de Dios en nuestras vidas. Este es nuestro compromiso pascual. Manos a la obra.

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Comentario al Evangelio – 16 de abril 2018

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Jn 6,22-29: Trabajen por el alimento que perdura

Benito José Labre (1783) Primera lectura: Hch 6,8-15 Esteban hablaba con sabiduría Salmo responsorial: Sal 118,23-24.26-27.29-30

Después que Jesús hubo alimentado a cinco mil personas, sus discípulos lo vieron caminar sobre el agua. A la mañana siguiente la gente que se había quedado en la otra orilla vio que allí no había más que un bote, siendo así que los discípulos se habían ido solos y Jesús no se había ido con ellos. 23Desde Tiberíades llegaron otras barcas y atracaron cerca del lugar donde el Señor dio gracias y ellos comieron el pan. 24Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron en los botes y se dirigieron a Cafarnaún en busca de Jesús. 25Lo encontraron a la otra orilla del lago y le preguntaron: Maestro, ¿cuándo llegaste aquí? 26Jesús les respondió: Les aseguro que no me buscan por las señales que han visto, sino porque se han hartado de pan. 27Trabajen no por un alimento que perece, sino por un alimento que dura y da vida eterna; el que les dará el Hijo del Hombre. En él Dios Padre ha puesto su sello. 28Le preguntaron: ¿Qué tenemos que hacer para trabajar en las obras de Dios? 29Jesús les contestó: La obra de Dios consiste en que ustedes crean en aquél que él envió.

Comentario

Los cristianos hemos caído permanentemente en la tentación de confundir la necesidad con la fe. Esto es una verdadera traición a la vida cristiana. La fe para un discípulo de Jesús es hacer la voluntad del Padre y de manera procesual hacer el itinerario discipular hasta llegar a tener los mismos sentimientos de Cristo. Muchas veces seguimos a Jesús buscando solucionar asuntos de índole personal, necesidades o problemas cotidianos. Jesús, en el relato evangélico, nos invita a trabajar por el alimento que perdura para la vida eterna, que es hacer la voluntad del Padre. Pero ¿qué significa hacer la voluntad del Padre? De manera contundente hemos de decirlo: hacer la voluntad del Padre es hacer el proceso de cristificación. Permitir que el Crucificado-Resucitado nazca, crezca, se desarrolle en mí y así poder parirlo y ofrecerlo al mundo desde y con mi propia vida. ¿Estamos dispuestos a hacer la voluntad del Padre en nuestra vida? ¿Somos conscientes de lo que significa vivir la hondura del bautismo en nuestra existencia?

 

 

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Comentario al Evangelio – 15 de abril 2018

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Lc 24,35-48: Convenía que Cristo padeciera y resucitara

3º de Pascua Telmo (1240) Primera lectura: Hch 3,13-15.17-19 Mataron al autor de la vida Salmo responsorial: Sal 4,2.4.7.9 Segunda lectura: 1Jn 2,1-5a Él es la víctima de propiciación

En aquel tiempo contaron los discípulos lo que les había sucedido en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. 36Estaban hablando de esto, cuando se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: La paz esté con ustedes. 37Espantados y temblando de miedo, pensaban que era un fantasma. 38Pero él les dijo: ¿Por qué se asustan tanto? ¿Por qué tantas dudas? 39Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean, un fantasma no tiene carne y hueso, como ven que yo tengo. 40Dicho esto, les mostró las manos y los pies. 41Era tal el gozo y el asombro que no acababan de creer. Entonces les dijo: ¿Tienen aquí algo de comer? 42Le ofrecieron un trozo de pescado asado. 43Lo tomó y lo comió en su presencia. 44Después les dijo: Esto es lo que les decía cuando todavía estaba con ustedes: que tenía que cumplirse en mí todo lo escrito en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. 45Entonces les abrió la inteligencia para que comprendieran la Escritura. 46Y añadió: Así está escrito: que el Mesías tenía que padecer y resucitar de entre los muertos al tercer día; 47que en su nombre se predicaría penitencia y perdón de pecados a todas las naciones, empezando por Jerusalén. 48Ustedes son testigos de todo esto.

Comentario

Jesús llega a los suyos y les ofrece la paz, signo histórico de la Resurrección. El Resucitado es portador de la paz, que proviene de la misma vida de Dios. Hoy, como en el tiempo de Jesús, el mundo sigue necesitando la experiencia de la paz. Un creyente tiene que avivar la fuente de la paz que está en su propia existencia, ha de ser testimonio histórico de esa paz de Jesús. Es la comunidad cristiana la encargada de ofrecer paz al mundo. La comunidad, testimonio histórico del Resucitado, ha de llevar la paz a todo hombre y mujer del mundo. Jesús está ratificando que Él como Resucitado es el mismo Crucificado, que no es uno distinto, es el mismo. Jesús muestra sus manos y su costado. Los discípulos son dichosos por ver lo que están viendo. Y como ellos cada creyente, seguidor de Jesús, es dichoso al experimentar en su propia vida al Crucificado-Resucitado.

Hay dos elementos que hemos de resaltar en esta porción del texto lucano que nos propone la liturgia de hoy: la palabra y el pan. Dos signos reales e históricos de la presencia del Resucitado en medio de la historia. Lucas insiste en la corporeidad de Jesús Resucitado. Pero nosotros hemos de estar atentos para no hacer una mala interpretación de la corporalidad, ni para generar falsas expectativas al pueblo creyente. El cristiano hoy está llamado a no esperar que se presente el cuerpo del Resucitado de manera corporal y física, sino a tener una experiencia existencial con el Resucitado para que su vida entre en la dinámica de la alegría, de la solidaridad, la fraternidad que se hace efectiva en la construcción de la comunidad.

La Iglesia entera está llamada a anunciar la conversión y el perdón de los pecados en el nombre del Resucitado. Él es la señal concreta del amor que Dios tiene a toda la humanidad. Hemos de asumir la tarea que nos corresponde. Ya ha terminado la misión de Jesús, ahora la tarea es de los creyentes que en comunidad están llamados a dar testimonio de su resurrección al mundo y a la Iglesia. ¿Cómo estoy viviendo la experiencia de la Resurrección en mi vida? ¿Vivo la fe en comunidad? ¿Estoy intentando ser más generoso con los hombres y mujeres que encuentro a mi paso? El Resucitado tiene que movilizarnos hacia la humanización.

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Comentario al Evangelio – 14 de abril 2018

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Jn 6,16-21: Vieron a Jesús caminando sobre el lago

Liduvina (1433) Primera lectura: Hch 6,1-7 Eligieron a hombres llenos del Espíritu Salmo responsorial: Sal 32,1-2.4-5.18-19

Al atardecer los discípulos bajaron hasta el lago. 17Subieron a la barca y atravesaron el lago hacia Cafarnaún. Había oscurecido y Jesús no los había alcanzado aún. 18Soplaba un fuerte viento y el lago se encrespaba. 19Cuando habían remado unos cinco o seis kilómetros, ven a Jesús que se acercaba al barco caminando sobre el agua, y se asustaron. 20Él les dice: Yo soy, no teman. 21Quisieron subirlo a bordo, y enseguida la barca tocó tierra, en el lugar al que se dirigían.

Comentario

El encuentro con Jesús CrucificadoResucitado está marcado por la finalización de todo temor y miedo. Cuando un creyente tiene un encuentro existencial con Jesús, el miedo y el temor desaparecen de su vida, de sus proyectos, de su existencia. Quien en la vida cristiana padece miedo y angustia no ha tenido un encuentro determinante con el Señor. En el relato evangélico Jesús se presenta a los discípulos como aquel que vence todo miedo en la vida del creyente. Les dice: Soy yo, no teman. Hemos de tener una nueva experiencia de Dios en nuestra vida, gobernada por la palabra y la obra de Jesús de Nazaret. Él es la norma para acercarnos a Dios, porque fue Él quien nos reveló definitivamente el rostro de Dios y la manera de relacionarnos con su Padre. Cuando nos acercamos a Jesús, y por medio de Él al Padre Dios, podemos gozar y disfrutar la alegría que sabe dar. Sigamos viviendo el tiempo de Pascua en alegría. Hagamos de nuestra vida un tiempo permanente de resurrección.

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Comentario al Evangelio – 13 de abril 2018

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Jn 6,1-15: Repartió pan a los que estaban sentados

Martín I, papa y mártir (655) Primera lectura: Hch 5,34-42 No dejaban de anunciar el Evangelio Salmo responsorial: Sal 26,1-4.13-14

Después de esto pasó Jesús a la otra orilla del lago de Galilea –el Tiberíades–. 2 Le seguía un gran gentío, porque veían las señales que hacía con los enfermos. 3 Jesús se retiró a un monte y allí se sentó con sus discípulos. 4 Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos. 5 Levantando la vista y viendo el gentío que acudía a él, Jesús dice a Felipe: ¿Dónde compraremos pan para darles de comer? 6 Lo decía para ponerlo a prueba, porque sabía bien lo que iba a hacer… 10Jesús dijo: Hagan que la gente se siente. Había hierba abundante en el lugar. Se sentaron. Los hombres eran cinco mil. 11Entonces Jesús tomó los panes, dio gracias y los repartió a los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados: dándoles todo lo que quisieron. 12Cuando quedaron satisfechos, dice Jesús a los discípulos: Recojan las sobras para que no se desaproveche nada. 13Las recogieron y, con los trozos de los cinco panes de cebada que habían sobrado a los comensales, llenaron doce canastas. 14Cuando la gente vio la señal que había hecho, dijeron: –Éste es el profeta que había de venir al mundo. 15Jesús, conociendo que pensaban venir para llevárselo y proclamarlo rey, se retiró de nuevo al monte, él solo.

Comentario

Nos encontramos con el relato de la multiplicación de los panes, ahora contado por san Juan. Para el cuarto evangelista este es un signo, no un milagro tal como lo entienden los otros tres evangelios. En la escena planteada se informa que todos estaban preocupados por saciar el hambre de la multitud. El asunto se centraba en cómo darles de comer a todos. Frente a esta necesidad, lo más fácil era hacer un milagro, casi con características mágicas. Pero no podemos perder de vista que Jesús no funciona en esa lógica. Jesús toca la fibra más delicada de aquella sociedad y deja claro que el pan que saciará el hambre de la gente es experimentar en la propia vida de los discípulos y de los que estaban en la escena, la vivencia de la vocación filial y fraternal. Solo cuando el ser humano se reconoce verdaderamente hijo de Dios y hermano de los otros podrá saciar el hambre. Es la solidaridad la que hace nuevas todas las cosas.

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Comentario al Evangelio – 12 de abril 2018

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Jn 3,31-36: El Padre ama al Hijo

José Moscati (1927) Julio I, papa (352) Primera lectura: Hch 5,27-33 Testigos somos nosotros y el Espíritu Santo Salmo responsorial: Sal 33,2.9.17-20

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: Quien viene de arriba está por encima de todos. Quien viene de la tierra es terreno y habla de cosas terrenas. Quien viene del cielo está por encima de todos. 32Él atestigua lo que ha visto y oído, y nadie acepta su testimonio. 33Quien acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. 34El enviado de Dios habla de las cosas divinas, porque Dios le da el Espíritu sin medida. 35El Padre ama al Hijo y todo lo pone en sus manos. 36Quien cree en el Hijo tiene vida eterna. Quien no cree al Hijo, no verá la vida, porque lleva encima la ira de Dios.

Comentario

Jesús es la Palabra definitiva del Padre. Él, que ha venido de Dios, es quien puede decirnos quien es el Padre Dios porque lo conoce y viene de Él. Jesús sigue ampliando la visión de Nicodemo. El diálogo iniciado, y que hemos venido reflexionando en los días pasados, no termina. Jesús ahonda la cuestión y manifiesta la urgente necesidad de adherirse total y plenamente a Él para experimentar la vida de Dios. Jesucristo es la Vida eterna que el Padre da a todos los que lo aman. Esta vida que Jesús ofrece es un don y un regalo para la salvación del mundo. ¿Qué debemos hacer para entrar en esa vida que Jesús ofrece? ¿Hay que tener méritos para recibirla? No, nada de eso. La vida eterna consiste en abrir el corazón, la mente y la vida a Jesús. Haciendo eso, Dios ya está dando su salvación a través del Hijo Amado en quien ha recapitulado todas las cosas. Abrámonos al amor infinito del Padre. Abrámonos a la vida eterna que ha traído Jesús. Dejémonos alcanzar por el amor de Dios.