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Comentario al Evangelio – 9 de julio 2018

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Mt 9,18-26: Mi hija murió.

Ven y vivirá En aquel tiempo, mientras Jesús les explicaba, se le acercó un jefe, se postró ante él y le dijo: Mi hija acaba de morir. Pero ven a imponerle tu mano y ella recobrará la vida. 19Jesús se levantó y le siguió con sus discípulos. 20Entre tanto, una mujer que llevaba doce años padeciendo hemorragias, se le acercó por detrás y le tocó el borde de su manto. 21Pues se decía: Con solo tocar su manto, quedaré sana. 22Jesús se volvió y al verla dijo: ¡Ten confianza, hija! Tu fe te ha sanado. Al instante la mujer quedó sana. 23Jesús entró en casa del jefe y al ver a los flautistas y el barullo de gente, 24dijo: Retírense; la muchacha no está muerta, sino dormida. Se reían de él. 25Pero, cuando echaron a la gente, él entró, la tomó de la mano y la muchacha se levantó. 26El hecho se divulgó por toda la región.

Comentario

Jesús de Nazaret impactó de manera radical, no solo a sus discípulos (4,18-22), sino a todas las personas que escucharon e hicieron realidad sus palabras (cfr. Lc 19,1-10), a todos aquellos que se encontraron con Él a la orilla del camino (8,5-11) y compartieron con Él la mesa (9,9-13). Por su modo más humano de ser, por cargar con la situación del pecado, ir asumiendo a la persona en su dolor y no exigirle como condición previa su arrepentimiento para que acontezca en ella la misericordia de Dios. Ese impacto no se redujo a una experiencia superficial. La humanidad de Jesús, que trasciende a toda creencia, religión e ideología política, supone hoy, un desafío permanente porque nos invita a habilitar todas las posibilidades de humanización en las relaciones interpersonales, colectivas y culturales. ¿Nuestra fe en Jesús de Nazaret nos lleva a reconocer al otro, como posibilidad, proyecto y horizonte?

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Comentario al Evangelio – 8 de julio 2018

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Mc 6,1-6: No desprecian a un profeta más que en su tierra

14º Ordinario Procopio, mártir (303) Primera lectura: Ez 2,2-5 Pueblo rebelde, sabrán que hay un profeta Salmo responsorial: Sal 122,1-4 Segunda lectura: 2Cor 12,7b-10 Muy a gusto presumo mis debilidades

En aquel tiempo fue Jesús a su tierra en compañía de sus discípulos. 2 Un sábado se puso a enseñar en la sinagoga. Muchos al escucharlo comentaban asombrados: ¿De dónde saca este todo eso? ¿Qué clase de sabiduría se le ha dado? Y, ¿qué hay de los grandes milagros que realiza con sus manos? 3 ¿No es este el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago y José, Judas y Simón? ¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas? Y esto era para ellos un obstáculo. 4 Jesús les decía: A un profeta solo lo desprecian en su tierra, entre sus parientes y en su casa. 5 Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo sanar a unos pocos enfermos a quienes impuso las manos. 6 Y se asombraba de su incredulidad. Después recorría los pueblos vecinos enseñando.

Comentario

Si algo hace falta en la dinámica misionera de la Iglesia y de nuestras comunidades hoy son profetas. Profetas para tiempos difíciles, de crisis y generadores de esperanza. El hecho de que hagan falta los profetas, no quiere decir que no existan. De hecho, hay muchos en nuestro mundo. Muchos hombres y mujeres alzan la voz, agudizan el oído, y abren su corazón para clamar justicia, reconciliación y una vida totalmente nueva. Gritan que la palabra de Dios no se puede amordazar ni domesticar, ni politizar. La llamada que Dios hace a través de estos hombres y mujeres, ayer como hoy, sigue siendo válida, actual y urgente.

Necesitamos personas con la memoria clara, la conciencia lúcida, que pese a todo lo compleja, injusta, violenta y peligrosa que está siendo la vida en estos últimos años, no hablen desde el odio o la derrota, sino sobre todo desde la convicción de que el sueño de Dios, una vida profundamente humana, sigue siendo posible. ¡Hoy más que nunca, necesitamos profetas cotidianos capacitados por la palabra de Dios, la memoria de Jesús, la experiencia de la comunidad, que sean capaces de atestiguar su fe con la propia vida de manera prospectiva!

El profeta rompe el silencio con su palabra incómoda. Rompe el silencio de quien se hace indiferente ante los problemas e injusticias de la vida. Del que “nada le importa”. El profeta rompe el silencio cómplice y cínico de quien acepta lo intolerable. Quiebra el silencio temeroso de quien huye de las responsabilidades y el conflicto, de quien huye de los fracasos, y de las posibilidades. Rompe el silencio de quien se siente satisfecho queriendo ocultar el mal estructural, sociopolítico, religioso o sectario. La ingenuidad y la modorra no pueden llevarnos la delantera. Es urgente recuperar a la persona de Jesús, su profunda humanidad. No podemos perder la perspectiva de la justicia de Dios, de su acción de rehabilitar la totalidad de existencia individual, comunitaria y cósmica, reestableciendo el orden querido por Él en nuestra humanidad. ¿Te sientes llamado o llamada a ser profeta al estilo de Jesús?

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Comentario al Evangelio – 7 de julio 2018

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Mt 9,14-17: ¿Pueden guardar luto los invitados a la boda?

Fermín, obispo y mártir (s. IV) Primera lectura: Am 9,11-15 Haré volver a los cautivos Salmo responsorial: Sal 84,9-14

En aquel tiempo se acercaron a Jesús los discípulos de Juan y le preguntaron: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos mucho mientras que tus discípulos no ayunan? 15Jesús les respondió: ¿Pueden los invitados a la boda estar tristes mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que les arrebaten el novio y entonces ayunarán. 16Nadie usa un trozo de tela nueva para remendar un vestido viejo; porque lo añadido tira del vestido y la rotura se hace más grande. 17Ni se echa vino nuevo en odres viejos, pues los odres reventarían, el vino se derramaría y los odres se echarían a perder. El vino nuevo se echa en odres nuevos y los dos se conservan.

Comentario

La interpretación tradicional del texto evangélico que leemos hoy resalta la práctica del ayuno, pero el sentido del mismo radica en la identidad de Jesús. La identidad del Maestro se define por la irrupción de lo nuevo, lo “escandaloso” y lo oblativo. Ante la pregunta de los discípulos de Juan por el ayuno, Jesús responde con “tacto” para llegar al meollo de la cuestión: Él mismo pone como centro de gravitación su comportamiento «provocador” (sus discípulos no ayunan), de esta manera, descubre a sus interlocutores lo que realmente quieren preguntar: ¿Quién eres tú? Él responde utilizando la imagen de la celebración de bodas, que simboliza la “novedad” que trae consigo su persona: renovar el vínculo de Dios y el ser humano con su propia vida, como amor oblativo. Este amor de Jesús trasciende toda norma piadosa y orienta a la persona y a la comunidad al horizonte del Reino: transformar las relaciones personales, sociopolíticas, religiosas y ecológicas a la compasión. ¿Tu fe en Jesús de Nazaret trasmite aire de frescura, entrega incondicional y responsabilidad histórica?

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Comentario al Evangelio – 6 de julio 2018

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Mt 9,9-13: Los enfermos necesitan del médico

María Goretti, mártir (1902) Primera lectura: Am 8,4-6.9-12 Convertiré sus fiestas en duelo Salmo responsorial: Sal 118,2.10.20.30.40

En aquel tiempo, vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado a la mesa de recaudación de los impuestos. Le dice: Sígueme. Él se levantó y le siguió. 10Estando Jesús en la casa, sentado a la mesa, muchos recaudadores de impuestos y pecadores llegaron y se sentaron con él y sus discípulos. 11Al verlo, los fariseos dijeron a los discípulos: ¿Por qué su maestro come con recaudadores de impuestos y pecadores? 12Él lo oyó y contestó: No tienen necesidad del médico los sanos, sino los enfermos. 13Vayan a aprender lo que significa: “misericordia quiero y no sacrificios”. No vine a llamar a justos, sino a pecadores.

Comentario

El texto evangélico de hoy cautiva por su composición: tres escenas vitales y un centro expansivo. Las escenas son: la llamada de Jesús al publicano (9,9), la comida con los pecadores y sus discípulos (9,10) y la controversia con los fariseos (9,11-13). El centro expansivo de todo el texto es: ¡Sígueme! La llamada de Jesús a Mateo es desconcertante, novedosa y radical. Desconcierta porque todo encuentro sincero con Él supone enfrentarnos a la verdad de lo que somos y experimentar en carne propia su llamado. Novedosa porque su llamado no excluye, sino que es propuesto para todos aquellos que quieran asumir su causa y destino. Radical, porque no negocia lo central de toda su misión: practicar misericordia y hacer justicia convirtiendo su corazón y el corazón de todo ser humano en un espacio para la humanización. Es en este centro donde adquiere sentido el eje expansivo de la llamada de Jesús, ¡Sígueme! Porque acentúa la permanente actualidad y sentido de su llamado. ¿Te atreves a seguirlo?

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Comentario al Evangelio – 5 de julio 2018

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Mt 9,1-8: La multitud alababa a Dios

Antonio Ma. Zacarías, fundador (1539) Primera lectura: Am 7,10-17 Ve y profetiza Salmo responsorial: Sal 18,8-11

En aquel tiempo Jesús subió a una barca, cruzó a la otra orilla y llegó a su ciudad. 2 Le trajeron un paralítico tendido en una camilla. Al ver Jesús la fe que tenían, dijo al paralítico: ¡Ánimo, hijo! Tus pecados te son perdonados. 3 Entonces algunos letrados pensaron: Este blasfema. 4 Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: ¿Por qué piensan mal? 5 ¿Qué es más fácil, decir: se te perdonan tus pecados; o decir: levántate y camina? 6 Pues, para que sepan que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados, dirigiéndose al paralítico, le dijo: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa. 7 Él se levantó y se fue a su casa. 8 La multitud al verlo quedó atemorizada y daba gloria a Dios por haber dado tal autoridad a los hombres.

Comentario

Frente al evangelio de hoy podemos preguntarnos ¿qué quieren transmitir los evangelios con la acción sanadora de Jesús? Podemos encontrar tres sentidos en su accionar. El primero, mostrar el origen de su praxis sanadora. Esta proviene de Dios y de su preocupación por defender al débil, hacer justicia al pobre y liberar al indigente del mal (Sal 82,2-4). El segundo, mostrar que su praxis no es mágica sino misericordiosa. Él sana a la persona perdonándola, ofreciéndole reconciliación y la posibilidad de integrarse y realizarse socialmente. El tercero, mostrar la clave de las relaciones humanas auténticas: movernos a la “compasión” como esa actitud mental y vital que se da en toda persona, que dignifica a todo ser humano y humaniza las relaciones sociopolíticas y religiosas a escala personal, colectiva y global. La praxis de Jesús de Nazaret sigue siendo un desafío para los cristianos y para toda persona que descubre sentidos y horizontes en su mensaje.

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Comentario al Evangelio – 4 de julio 2018

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Mt 8,28-34: ¿Has venido a atormentarnos?

Isabel de Portugal (1336) Primera lectura: Am 5,14-15.21-24 Fluya la justicia como arroyo Salmo responsorial: Sal 49,7-13.16b-17

En aquel tiempo, al llegar Jesús a la otra orilla y entrar en territorio de Gadara, fueron a su encuentro dos endemoniados salidos de los sepulcros; eran tan violentos que nadie se atrevía a pasar por aquel camino. 29De pronto se pusieron a gritar: ¡Hijo de Dios!, ¿qué tienes con nosotros? ¿Has venido antes de tiempo a atormentarnos? 30A cierta distancia había una gran piara de cerdos pastando. 31Los demonios le suplicaron: Si nos expulsas, envíanos a la piara de cerdos. 32Él les dijo: Vayan. Ellos salieron y se metieron en los cerdos. La piara en masa se lanzó por un acantilado al lago y se ahogó en el agua. 33Los pastores huyeron, llegaron al pueblo y contaron lo que había sucedido con los endemoniados. 34Toda la población salió al encuentro de Jesús y al verlo le suplicaban que se fuera de su territorio.

Comentario

En muchas culturas antiguas, entre ellas la judía, las enfermedades eran consideradas como obra de fuerzas malignas o castigo de algún dios a causa del pecado. En el texto de hoy, Jesús no rechaza dicha mentalidad, la relativiza, apuntando a lo esencial: sanar a la persona y comunidad de todo tipo de opresión física, mental o ideológica más allá de su condición o creencia. En la actualidad, consecuencia de medirnos por la capacidad de rendir, producir, competir y consumir, “las enfermedades sociales a las que nos enfrentamos son neuronales, como la depresión, el trastorno por déficit de atención por hiperactividad, los síndromes del desgaste ocupacional” (Byung Chul Han) y las neurosis político-religiosas. Como cristianos, estamos llamados a sanar la realidad de la deshumanización estructural y sanear las relaciones humanas haciendo justicia, reconciliándonos y expandiendo el cuidado y la misericordia a escala planetaria.

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Comentario al Evangelio – 3 de julio 2018

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Jn 20,24-29: ¡Señor mío y Dios mío!

Tomás, apóstol (s. I) Primera lectura: Ef 2,19-22 Están edificados sobre los Apóstoles Salmo responsorial: Sal 116,1-2

Tomás, llamado Mellizo, uno de los Doce, no estaba con ellos cuando vino Jesús. 25Los otros discípulos le decían: Hemos visto al Señor. Él replicó: Si no veo en sus manos la marca de los clavos, si no meto el dedo en el lugar de los clavos, y la mano por su costado, no creeré. 26A los ocho días estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa y Tomás con ellos. Se presentó Jesús a pesar de estar las puertas cerradas, se colocó en medio y les dijo: La paz esté con ustedes. 27Después dice a Tomás: Mira mis manos y toca mis heridas; extiende tu mano y palpa mi costado, en adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe. 28Le contestó Tomás: Señor mío y Dios mío. 29Le dice Jesús: Porque me has visto, has creído; felices los que crean sin haber visto.

Comentario

La Iglesia celebra hoy al apóstol Tomás; su vocación adquiere sentido para nosotros, personal y eclesialmente, porque se hizo “responsable” de la experiencia del Resucitado y del sostenimiento de la comunidad de fe. Dos son los aspectos fundamentales de este relato. El primero es la ausencia de Tomás del ámbito de la comunidad. Esta ausencia reviste una relevancia única: la manifestación de Jesús Resucitado tiene sentido en y por la relación con la comunidad. El segundo aspecto, es que nuestra fe es de algún modo heredada de la experiencia de la comunidad pospascual, porque es ella la que tiene experiencia de que el Resucitado, es el Crucificado. Se tiene conciencia de esto, no por “meter los dedos”, sino por la fe compartida de la comunidad y la experiencia de Dios en la propia vida. La fe cristiana no es una comprobación científica, sino una experiencia de encuentro trascendente y se da en la densidad de la vida.

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Comentario al Evangelio – 2 de julio 2018

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Mt 8,18-22: ¡Sígueme!

Proceso y Martiniano, mártires (s. I) Primera lectura: Am 2,6-10.13-16 Venden al inocente por dinero Salmo responsorial: Sal 49,16b-23

En aquel tiempo, al ver Jesús la multitud que lo rodeaba, dio orden de atravesar el lago. 19Entonces se acercó un letrado y le dijo: Maestro, te seguiré adonde vayas. 20Jesús le contestó: Las zorras tienen madrigueras, las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza. 21Otro discípulo le dijo: Señor, déjame primero ir a enterrar a mi padre. 22Jesús le contestó: Sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos.

Comentario

Seguir a Jesús, para los discípulos de ayer y de hoy, significa asumir la vida como aventura, apostar por la novedad y compartir su destino. Aventura, porque implica una “voluntad exploratoria, una constante búsqueda, una pericia vital y una acción transformadora” (Armando Rojas Guardia). De la mano de la aventura, va la novedad, porque trae consigo la exigencia de ver la vida en perspectiva, con capacidad de asombro e inspiración aún en las situaciones complejas y crueles que nos acontezcan. Ambas están unidas a la radicalidad de la cruz. La invitación de Jesús no es demagogia, ni una póliza de seguro. Jesús convoca a jugarnos la vida por un mundo más humano, por unas relaciones que encarnen esperanza y fraternidad global y garanticen condiciones no violentas y sostenibles. Optar por Jesús es un proyecto, no un comodín.

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Comentario al Evangelio – 1 de julio 2018

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Mc 5,21-43: A ti te digo, Niña, levántate

13º Ordinario Junípero Serra (1784) Primera lectura: Sab 1,13-15; 2,23-24 Por envidia del diablo entró la muerte Salmo responsorial: Sal 29,2.4-6.11-13 Segunda lectura: 2Cor 8,7-9.13-15 Su generosidad ayude a los pobres

En aquel tiempo, Jesús cruzó, de nuevo [en la barca], al otro lado del lago, y se reunió junto a él un gran gentío. Estando a la orilla 22llegó un jefe de la sinagoga llamado Jairo, y al verlo se postró a sus pies 23y le suplicó insistentemente: Mi hijita está agonizando. Ven e impón las manos sobre ella para que sane y conserve la vida. 24Se fue con él. Le seguía un gran gentío que lo apretaba por todos lados. 25Una mujer que llevaba doce años padeciendo hemorragias, 26que había sufrido mucho en manos de distintos médicos gastando todo lo que tenía, sin obtener mejora alguna, al contrario, peor se había puesto, 27al escuchar hablar de Jesús, se mezcló en el gentío, y por detrás le tocó el manto. 28Porque pensaba: Con solo tocar su manto, quedaré sana. 29Al instante desapareció la hemorragia, y sintió en su cuerpo que había quedado sana. 30Jesús, consciente de que una fuerza había salido de él, se volvió a la gente y preguntó: ¿Quién me ha tocado el manto? 31Los discípulos le decían: Ves que la gente te está apretujando, y preguntas ¿quién te ha tocado? 32Él miraba alrededor para descubrir a la que lo había tocado. 33La mujer, asustada y temblando, porque sabía lo que le había pasado, se acercó, se postró ante él y le confesó toda la verdad. 34Él le dijo: Hija, tu fe te ha sanado. Vete en paz y sigue sana de tu dolencia…38Llegaron a casa del jefe de la sinagoga, vio el alboroto y a los que lloraban y gritaban sin parar. 39Entró y les dijo: ¿A qué viene este alboroto y esos llantos? La muchacha no está muerta, sino dormida. 40Se reían de él. Pero él, echando afuera a todos, tomó al padre, a la madre y a sus compañeros y entró a dónde estaba la muchacha. 41Sujetando a la niña de la mano, le dijo: Talitha qum, que signifi ca: Chiquilla, te lo digo a ti, ¡levántate! 42Al instante la muchacha se levantó y se puso a caminar, tenía doce años…

Comentario

Las lecturas del día de hoy pueden ayudarnos a comprender el sentido auténtico que tiene la experiencia del dolor y de la pérdida de toda posibilidad de vida cuando se viven en carne propia o se asumen como propias.

El pasaje de la Sabiduría es una exhortación a la justicia, a mantenernos despiertos. La muerte, el olvido y la crueldad no pueden tener la última palabra. El primer responsable de subvertir el “orden” de la maldad es Dios mismo y su justicia. Él nos potencia para que aprendamos a vivir en la crisis. De igual manera, el salmista se rebela contra cualquier visión descomprometida con el padecimiento y la enfermedad. Él sabe que el sufrimiento, los miedos y la muerte, forman parte de la vida, pero no se resigna, no por deseo de inmortalidad o prepotencia, sino porque confía en Yahvé, en “Aquel que experimenta su padecimiento”, y sale de sí reaccionando con misericordia.

En la segunda lectura, el apóstol Pablo, en el contexto de la comunidad de Corinto, trasmite sin ambages que “vivir en Cristo” supone, ineludiblemente, un compromiso por la vida del prójimo. Un compromiso a modo de amor efectivo, y no asistencialismo, falsa compasión o voluntarismo. Amor efectivo significa asumir al otro, en sus padecimientos, sufrimientos y potencialidades.

Haciendo una lectura somera del relato del evangelio de Marcos, vemos que se yuxtapone una historia dentro de otra. Sin duda, es un recurso narrativo del evangelista para revelarnos, que Jesús no solo se mueve a compasión por asumir los padecimientos del otro en su densidad humana (curación de la hemorroísa), sino que es capaz de donar y potenciar la vida posibilitando su realización histórica (la vida la hija de Jairo). Pero lo crucial es que las dos acciones de Jesús son posibles por la fe, la confianza en Él, por la reacción de Él mismo ante el dolor del otro, y por hacer manifiesta la preocupación de Dios por el ser humano vulnerable.

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Comentario al Evangelio – 30 de junio 2018

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Mt 8,5-17: Vendrán de oriente y occidente

Protomártires de Roma (s. I-IV)  Primera lectura: Lam 2,2.10-14.18-19 Grita al Señor, laméntate, Sión Salmo responsorial: Sal 73,1-7.20-21

Al entrar en Cafarnaún, un centurión se acercó a Jesús y le suplicó: 6 Señor, mi muchacho está postrado en casa, paralítico, y sufre terriblemente. 7 Le dijo: Yo iré a sanarlo. 8 Pero el centurión le replicó: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Basta que digas una palabra y mi muchacho quedará sano… 10Al oírlo, Jesús se admiró y dijo a los que le seguían: Les aseguro, que no he encontrado una fe semejante en ningún israelita… 13Al centurión, Jesús le dijo: Ve y que suceda como has creído. En aquel instante el muchacho quedó sano. 14Entrando Jesús en casa de Pedro, vio a su suegra acostada con fiebre. 15La tomó de la mano, y se le pasó la fiebre; entonces ella se levantó y se puso a servirle. 16Al atardecer le trajeron muchos endemoniados. Él con una palabra expulsaba los demonios, y todos los enfermos sanaban. 17Así se cumplió lo anunciado por el profeta Isaías: Él tomó nuestras debilidades y cargó con nuestras enfermedades.

Comentario

Si algo nos enseñan los evangelios sobre el ministerio de Jesús es que Él estuvo en donde la vida reclamaba sus derechos, anhelaba dignificación y justicia. Este movimiento existencial del Maestro fue posible no solo por su fe en Dios, la coherencia de sus palabras y la autoridad de sus acciones, sino por su reacción ante la fe, las palabras y las situaciones de los agobiados y los oprimidos. Las narraciones del evangelio de hoy evocan este moverse a compasión de Jesús. La fe recíproca, la palabra compartida y el gesto de cercanía tienen que ser acontecimientos de humanización. Reivindiquemos la palabra, como lo expresa el poeta venezolano Rafael Cadenas: “Que cada palabra, lleve lo que dice. Que sea como el temblor que la sostiene. Que se mantenga como un latido.(…) Debo llevar en peso mis palabras. Me poseen tanto como yo a ellas”. ¿Tu vida es “palabra y experiencia de Dios”?

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Comentario al Evangelio – 29 de junio 2018

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Mt 16,13-19: Te daré las llaves del Reino

Pedro y Pablo, apóstoles. Primera lectura: Hch 12,1-11 El Señor me libró de Herodes Salmo responsorial: Sal 33,2-9 Segunda lectura: 2Tim 4,6-8.17-18: Ahora me aguarda la corona merecida

En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesá- rea de Felipe, preguntó a los discípulos: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre? 14Ellos contestaron: Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, que es Elías; otros, Jeremías o algún otro profeta. 15Él les dijo: Y ustedes, ¿quién dicen que soy? 16Simón Pedro respondió: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. 17Jesús le dijo: ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre del cielo! 18Pues yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra construiré mi Iglesia, y el imperio de la muerte no la vencerá. 19A ti te daré las llaves del reino de los cielos: lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo; lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.

Comentario

Celebramos la fiesta de Pedro y Pablo. El sentido de esta solemnidad radica en que ambos apóstoles representan modos diversos, auténticos y complementarios de seguir a Jesús y de construir la Iglesia en medio de los avatares internos que se dan en la formación de la identidad, estructura y dinámica de la comunidad cristiana naciente, y en los contextos sociopolíticos y religiosos adversos y desafiantes. Las primeras comunidades cristianas van a ir experimentando la necesidad de volver a la memoria del Maestro, recuperar los sentidos de su praxis sanadora y retomar el envío que les hizo a predicar el Reino más allá de las propias fronteras, para constituir la comunidad fraterna de los hijos e hijas de Dios. En el trasfondo de este proceso está la pregunta de Jesús, y ustedes, ¿quién dicen que soy yo? Dado que es la persona de Jesús y su causa, el Reino de Dios, las que nos sostienen y nos hacen, como a Pedro y a Pablo, responsables de la comunidad eclesial.

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Comentario al Evangelio – 28 de junio 2018

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Mt 7,21-29: La casa edificada sobre roca

Ireneo, obispo y mártir (203) Primera lectura: 2Re 24,8-17 Nabucodonosor deportó a Jeconías Salmo responsorial: Sal 78,1-5.8-9

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: No todo el que me diga: ¡Señor, Señor!, entrará en el reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre del cielo. 22Cuando llegue aquel día, muchos me dirán: ¡Señor, Señor! ¿No hemos profetizado en tu nombre? ¿No hemos expulsado demonios en tu nombre? ¿No hemos hecho milagros en tu nombre? 23Y yo entonces les declararé: Nunca los conocí; apártense de mí, ustedes que hacen el mal. 24Así pues, quien escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a un hombre prudente que construyó su casa sobre roca. 25Cayó la lluvia, crecieron los ríos, soplaron los vientos y se abatieron sobre la casa; pero no se derrumbó, porque estaba cimentada sobre roca…

Comentario

Hemos llegado al cierre del sermón de la montaña y Jesús culmina sus enseñanzas con un criterio de discernimiento clave para la vida personal y comunitaria: no son los grandes discursos, ni las búsquedas de “milagros”, ni el prestigio adquirido, los rasgos de una auténtica religiosidad, sino el actuar según a la voluntad de Dios y su justicia. Para la vida cristiana este actuar supone varios rasgos evangélicos. Primero, capacidad para afinar el corazón a la reacción y anhelo de misericordia de los pobres y sufrientes. Segundo, actitud de lucha y pasión por crear condiciones de vida más justas y pacíficas. Tercero, ejercicio de una voluntad libre capaz de actuar movida por la responsabilidad y la solidaridad. Cuarto, cultivo de una fe lúcida y una espiritualidad encarnada que responda a las cuestiones vitales de la vida cotidiana. Quinto, mantener una visión profética atenta a los signos y desafíos de los tiempos. Sexto, donar sangre martirial, que no es otra cosa que vivir tan humanamente como Él vivió asumiendo con alegría las consecuencias. ¿Toda tu persona trasmite estos rasgos evangélicos?